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Ralphie Choo: Está naciendo una estrella

Una mezcla de R&B y electrónica inspirada en Frank Ocean

Siempre ha habido fiestas domésticas. La casa llena de humo, alguna cómoda manchada de blanco, el olor a hierba que viene de la cocina, la típica copa que estalla contra el suelo del salón. La vecina que “qué vergüenza”; la policía llamando al telefonillo. Tus colegas peleándose por hacer de DJ; la dueña del piso: “troncos, que si podéis bajar la música”. Siempre ha habido fiestas domésticas, sí, pero nunca habíamos tenido la cama tan cerca del club como durante el confinamiento. Todo se confundió durante esos tres meses que ahora parecen un mundo. Y quizá de esa confusión, entre otras muchísimas cosas –como la hiperactividad del mundo digital y la inmersión forzada en él por la pandemia o la ruptura de los límites estilísticos–, han surgido y evolucionado proyectos tan claramente inclasificables como el de Ralphie Choo.

El madrileño, de nombre real Juan Casado, empezó lanzando singles soleados y melancólicos a finales de 2019, poco antes del comienzo de la pandemia. En aquel momento era fácil adscribirle a lo que entendemos por bedroom pop, esa mezcla de lo-fi y pop sintético que podríamos relacionar con Mac DeMarco o con Yellow Days. Unas inclinaciones que irían desarrollándose durante 2020, dejando canciones interesantes como “Do meu coraçao”, en la que se atreve con un ritmo de bossa, o un rework arriesgado y casi abstracto del “Yo x ti, tu x mí”, de Rosalía y Ozuna. Mientras tanto, iba experimentando en su dormitorio con la electrónica, con la idea de club mental, y podemos rastrear ese aprendizaje en bocetos como “Resaca” o, sobre todo, en la canción que le sitúa en el mapa del underground nacional. Es rusowsky, amigo e ideólogo de rusia-idk, el que le ofrece un sitio en el seductor deep house de baja fidelidad “Dolores”. Y los dos repetirán poco después en la más animada “Hugo Gloss” junto a D3llano, productor vinculado a la esfera del sello.

Discípulo devoto de Frank Ocean y de James Blake –también de Dellafuente; no por casualidad su aportación en la producción del último álbum del granadino, “Lágrimas pa otro día” (MAAS, 2023), se antoja capital, guardándose además un par de caramelos en forma de featuring–, de su visión entre estética y emocional del procesamiento vocal y de su convicción sincera en las posibilidades expresivas de la música electrónica sobre la canción pop, se sumergía en las profundidades del R&B con ánimo explorador y siempre con su aproximación lo-fi en canciones como “interludio” –su colaboración con Chill Chicos– o “Copito de Nieve”, su aportación al recopilatorio “Villancicos Vol. III” publicado por Jeanne d’Arc en diciembre de 2020. Sin embargo, el primer punto de inflexión en la corta pero apabullante carrera de Ralphie Choo lo encontramos tras el lanzamiento, sobre la bocina del 2020, de “Lamento de una supernova”. Seguía la línea que había abierto poco antes C. Tangana con “Tú me dejaste de querer”, pero iba un poco más allá explorando las conexiones de la rumba con el breakbeat y se acercaba en algún momento a la vertiente experimental de Rosalía.

A partir de aquí todo será creatividad incontenible, la construcción de un universo onírico de intimidad y melancolía espacial que se mira en el reflejo de un charco llorado por Burial en alguna calle de alguna ciudad del futuro, entre luces de neón y publicidad hiperrealista e hiperestimulante. Desde “undo(ctrl+z)” y sus voces ahogadas en efecto vocaloid, un tema en el que la idea de balada a piano se pervierte hasta el glitch machacón, ya se advierte además la predilección por el uso de un collage de loops que será también definitorio, y que culmina en la hiperactividad de “VALENTINO”, una personal manera de subirse a la ola hyperpop de nuestro país que pasa, en apenas tres minutos, del tech house a un trap digital en la línea de Playboi Carti, sobre raíles de sintetizador de videojuego y de aquí a un big beat que se convierte en hardcore techno.

Su paulatina asociación con el resto de artistas vinculados a rusia-idk –a través de singles potentísimos como la sensualmente siniestra “blind faith”, con DRUMMIE, que captura la transición que hace Tyler, The Creator como el Dr. Jekyll, de goblin a flower boy– fue fundamental para ir asentando su entidad como colectivo. Y finalmente se adhirió a ellos de forma oficial a principios de 2022 con “ROOKIES” y su épica kanyewestiana. Desde entonces han llegado baladas minimalistas como “Santo ngel” o “bobo.0110001v3” –con mori y un guiño final a King Krule–, la melancolía breakbeat de “Dunas”, su colaboración en el debut largo de Kimberley Tell, y el R&B experimental de “Bulerías de un caballo malo”, una pequeña obra maestra de glitch-hop que deconstruye a la manera “Motomami” un ritmo de bulerías y que ‘Pitchfork’ destacó como “Best New Track” en octubre de 2022, siendo el cuarto artista español que recibe dicho honor tras la propia Rosalía, Mourn y John Talabot. El pasado junio, el medio estadounidense también se hizo eco de “GATA”, colaboración con rusowsky que ya prepraba el terreno para este dulce momento que está viviendo, bien cute, bien de gatitos. Un buen momento que viene de lejos: su camino reciente lo trazan su paso en abril por la plataforma COLORS con “Tangos de una moto trucada” o sus impactantes bolos en las últimas ediciones de Sónar o Mad Cool.

Todo ello ha cristalizado el pasado 15 de septiembre con “Supernova” (Warner, 2023), un primer disco con el que se confirma que, ahora mismo, Ralphie Choo está bailando en una nebulosa púrpura de gas y polvo a punto de colapsar. De su núcleo, flamígero y en equilibrio hidrostático, solo puede surgir una estrella.


Escrito por Diego Rubio

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