TROYE SIVAN

Troye Sivan y la resaca de la fiesta: cuatro claves de “She’s The Best”

Entre la euforia de la pista de baile y el vacío de la vuelta a casa, Troye Sivan explora en su nuevo álbum las contradicciones del deseo, la soledad y la búsqueda de una intimidad que sobreviva a la fiesta.

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Hay algo bastante ingrato en conseguir exactamente lo que querías y descubrir que, una vez conseguido, tampoco era para tanto. “Something to Give Each Other” (2023) convirtió a Troye Sivan en una de las figuras más interesantes del pop de baile reciente: sexo, sudor, libertad queer, una cierta idea de la noche como espacio donde por fin podías ser otra persona, o quizá la persona que llevabas tiempo intentando ser. Después llegaron la gira compartida con Charli XCX y la maquinaria de la cultura pop a pleno rendimiento. Y ahora, en “She’s The Best”, aparece la factura. No es que Sivan haya dejado de querer salir de fiesta. Es que también ha empezado a pensar en lo que ocurre cuando vuelves a casa. Su cuarto álbum, publicado el 9 de octubre, no es una continuación de aquella euforia, sino algo más irregular y, por momentos, más revelador. Hay deseo, electrónica, guitarras, romanticismo y bastante confusión. Cuatro claves para entenderlo.

1. La fiesta se acaba, el vacío permanece

El gran tema del disco es la distancia entre el Troye Sivan que existe delante del público y el que se queda a solas en la habitación del hotel. Sobre el escenario, todo funciona: cuerpos, deseo, comunidad, una sensación de conexión casi física. Después, silencio. En las entrevistas de presentación, el australiano ha hablado de esa contradicción como uno de los motores del álbum. No quería repetir la fórmula de “Something to Give Each Other” porque su vida ya no encajaba en aquella fotografía.

Lo interesante es que no intenta resolver el problema mediante una retirada solemne del hedonismo. La música sigue buscando el movimiento, pero ahora hay algo que no termina de encajar. La soledad no aparece necesariamente como castigo por haber vivido demasiado, sino como la otra cara de una vida que, vista desde fuera, parece envidiable.


2. Un disco de amor dedicado a alguien que todavía no existe

La paradoja de “She’s The Best” está en que buena parte de sus canciones giran alrededor de un hombre al que Sivan aún no ha conocido, o al menos no ha reconocido como tal. “FF” funciona como una declaración amorosa dirigida al futuro: no tanto una promesa como el deseo de que llegue alguien con quien poder compartir la vida. Hay algo ligeramente ridículo en dedicar un álbum entero a una persona hipotética. También hay algo muy humano. El pop romántico lleva décadas vendiendo la idea de que el amor solucionará nuestras contradicciones; aquí, por lo menos, la solución todavía no se ha presentado. Sivan puede imaginarla, desearla y hasta ponerle banda sonora, pero no controla cuándo aparecerá.


3. Madonna, la pista de baile y el placer de perder el control

Quien espere una continuación directa de “Rush” encontrará algunas pistas falsas. “Party”, uno de los adelantos, recupera la pulsión colectiva de la pista de baile y juega con un sample de “Music”, de Madonna. Su videoclip, narrado por Ian McKellen, convierte la celebración en una especie de ritual teatral de excesos, deseo y liberación. No es precisamente una vuelta a la inocencia: Sivan conoce demasiado bien los códigos que está utilizando. Pero la fiesta del álbum no es únicamente una válvula de escape. También es una forma de pertenencia. En la pista de baile puedes dejar de ser, durante unas horas, el individuo que intenta organizar su vida y convertirte en parte de algo más grande. De ahí que la euforia tenga aquí un punto melancólico: cuanto más extraordinario es ese momento de comunión, más difícil resulta volver a la normalidad.


4. Las mujeres como refugio, no como decoración

El título puede despistar. “She’s The Best” es un reconocimiento de las amigas y de las mujeres que han sostenido su vida. Sivan ha explicado que quería expresar esa gratitud sin convertirla en un gesto grandilocuente ni paternalista. La elección de una canción de apertura hablada, casi incómodamente sentimental, establece una especie de declaración de principios antes de que el álbum se interne en sus contradicciones.

También es una manera de desplazar el centro de gravedad del disco. El hombre que todavía no ha llegado ocupa mucho espacio en la imaginación, pero no es la única fuente posible de intimidad. Hay vínculos que ya existen y que no necesitan culminar en una fantasía romántica para tener valor. Entre el deseo de encontrar pareja y la necesidad de sentirse acompañado, Sivan intenta distinguir dos cosas que a menudo confundimos.


Foto: Marcus Cooper


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