Las 10 mejores canciones de Pablo López
Repasamos el repertorio del finalista de Operación Triunfo en 2008
| Por Marta España
Pablo López ha publicado “El Cuatro”, su quinto disco y el primero en seis años, mientras gira por teatros y repite como coach en La Voz. Nacido en Fuengirola en 1984 y finalista de Operación Triunfo en 2008, debutó con “Once historias y un piano” (2013): canciones propias, baladas que crecen de la voz sola al estribillo y letras cercanas a la poesía. “Unikornio” (2020), grabado con orquesta en Abbey Road, salió en plena pandemia y fue su disco menos accesible. Después llegaron La Voz, un álbum para Raphael y un periodo de agotamiento del que salió con terapia. Buen momento para repasar su repertorio.
10. Casi siempre (2026, con Lola Índigo)
La única colaboración de “El Cuatro” y una de sus canciones más breves: poco más de dos minutos en los que la guitarra sustituye al piano como instrumento principal. Lola Índigo, habitualmente en el pop urbano y el baile, canta aquí en voz baja y de forma visceral, y el contraste con el timbre vibrante de López da a la balada un aire de conversación entre dos personas que se cuentan lo que les cuesta admitir. Es la muestra más clara de hacia dónde apunta el nuevo disco: menos piano, más instrumentos distintos y una producción que deja espacio para el silencio.
9. Esdrújula (2026)
Segundo adelanto de “El Cuatro”, publicado en mayo, y la canción más animada de esta etapa. López siempre ha jugado con las palabras y aquí convierte el título (un término gramatical para las palabras que se acentúan en la antepenúltima sílaba) en imagen de un amor que no se deja controlar. Musicalmente se aleja de la balada: ritmo marcado, sintetizadores por debajo del piano y un estribillo pensado para el directo. Su portada en dorado anticipó el color de toda la nueva era, y la canción explica por qué el álbum se llama como se llama: un homenaje a los cuatro discos anteriores desde un sonido distinto.
8. El niño del espacio (2025)
Primer single del regreso, publicado a finales de 2025 y título de la gira de 2026. López recupera aquí al niño que fue, con el espacio como fantasía de infancia y la música como el otro lugar al que escapar. Piano y cuerdas sostienen una melodía que avanza sin prisa hasta un estribillo abierto, y la letra mezcla la nostalgia con una idea de libertad que atraviesa todo su repertorio. Es también la canción que explica el concepto del nuevo disco: un adulto que no ha dejado de soñar.
7. Vi (2013)
El primer single de “Once historias y un piano”, producido con Kim Fanlo, y la carta de presentación de un cantante de talent show que quería que se le escuchara como un autor alejado de las maquinarias comerciales. La voz todavía suena más contenida que en discos posteriores, pero ya está el recurso que definirá su estilo: empezar casi hablando y terminar cantando con todo, con la voz rasgándose y los instrumentos in crescendo. Con esta canción dejó de ser el finalista de OT 2008 para convertirse en un compositor con carrera propia.
6. No! (2018, con Miriam Rodríguez)
Publicada en octubre de 2018, es la balada que López escribió y grabó a medias con Miriam Rodríguez, recién salida de Operación Triunfo 2017, para el primer disco de ella, “Cicatrices”. Nació como casi todo lo suyo, sentados al piano, y así suena: un acompañamiento sobrio, las dos voces repartiéndose las estrofas y uniéndose en un estribillo que gira en torno a una negativa, la de quien se niega a seguir en una relación que ya no funciona. Miriam, de timbre más grave y potente, obliga a López a cantar en un registro distinto al habitual, y el dúo funciona por ese contraste. Es la mejor de sus colaboraciones nacionales.
5. Mama No (2019)
Primer single de “Unikornio: once millones de versos después de ti” y la canción más oscura de su repertorio. Piano en tono menor, cuerdas graves y una interpretación que empieza casi en un susurro y termina en un grito: el protagonista habla con su madre sobre un dolor que no sabe explicar y le pide que no intente arreglarlo. Es López en su versión más desnuda, sin estribillo fácil ni concesión al pop de radio, y por eso la cantan sus seguidores con más devoción que ninguna otra. Marca el inicio de una etapa más introspectiva que desembocaría en la pausa de seis años.
4. Hijos del verbo amar (2016)
Single de “El mundo y los amantes inocentes” y uno de los mejores ejemplos de su manera de escribir. Aquí el amor es un verbo del que todos somos descendientes, y la canción lo desarrolla sobre un piano que crece de la nota sola a un estribillo coral con cuerdas y coros. La voz se abre en el último tramo en uno de sus agudos más largos. Se convirtió en pieza fija de sus conciertos y en una de las canciones que el público corea entera, y resume el tono del segundo disco: romántico sin azúcar, dramático y centrado en una canción de autor que ya no se suele hacer.
3. Lo saben mis zapatos (2016)
Incluida en la edición especial de “El mundo y los amantes inocentes”, es la balada que mejor explica su técnica de composición: una imagen cotidiana (unos zapatos que conocen el camino de vuelta a alguien) estirada hasta convertirla en una canción entera. El piano marca un pulso constante, la melodía sube en cada vuelta y el estribillo final llega con cuerdas y la voz al límite. Es también la canción que lo consagró ante el gran público en 2016 y la que muchos identifican con él antes que ninguna otra.
2. Tu enemigo (2015, con Juanes)
Primer single de “El mundo y los amantes inocentes” y su primera colaboración internacional, con el colombiano Juanes. La letra se aparta del amor para hablar de política, aunque de una forma poco explícita: el enemigo no es el que viene de fuera, sino el hambre, la ignorancia y el miedo. Piano y guitarra se reparten el acompañamiento, y las dos voces, la de López más vibrante y la de Juanes más seca, se cruzan en un estribillo potente y combativo. Fue la canción que lo sacó del circuito español y lo colocó en el mapa latinoamericano.
1. El patio (2017)
La canción que cierra sus conciertos y la que más veces ha cantado con el público. Incluida en “Camino, fuego y libertad”, es una balada de piano sobre volver al patio de la infancia y buscar allí a alguien que ya no está: a su yo de niño. En realidad, la balada es una canción sobre la ansiedad y sobre todo lo que perdemos al ahogarnos en las responsabilidades adultas. López la construye sobre un acompañamiento sencillo que repite el mismo motivo mientras la voz va subiendo, hasta un final en que mantiene la nota más larga de su repertorio. Nueve años después sigue siendo su canción más reconocible, hasta el punto de que “Como soy”, del nuevo disco, la cita en sus primeros versos.
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