Olivia Rodrigo

Los diez mejores discos de 2026 (hasta ahora)

Olivia Rodrigo, Charli xcx, Madonna, Slayyyter, Mitski, Kelela, Robyn, Boards of Canada…

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Lejos de estancarse en fórmulas preconcebidas, los lanzamientos más destacados de estos meses destacan por su capacidad para reinterpretar el pasado, dialogar con la cultura de club y explorar nuevas texturas sonoras. Desde la consolidación de grandes figuras del pop hasta el regreso de nombres de culto, esta selección reúne los diez álbumes que mejor han capturado el pulso cultural reciente, ofreciendo propuestas ambiciosas, arriesgadas y profundamente relevantes.

1. Slayyyter - Slayyyter

El pop contemporáneo es el campeonato mundial de disfrazarse, una pasarela de ilusiones donde las mujeres dominan el arte de reinventarse. Durante siete años, Slayyyter habitó una especie de limbo para iniciados, amenazada con quedar reducida a una curiosidad de nicho para devotos del hyperpop. Este trabajo, sin embargo, rompe esa inercia. Ya no es solo una chica jugando a ser estrella en TikTok; es la consolidación de un artefacto pop que entiende que el artificio es la única forma superior de verdad.


2. Charli xcx - Music, Fashion, Film

Tras el fenómeno “brat”, Charli xcx entrega un trayecto frenético de 29 minutos que funciona como un LinkedIn sonoro de sus múltiples identidades. Vendido casi como su reinvención rock, el álbum no abandona la pista de baile; más bien le injerta la pesadez del indie sleaze, guitarras distorsionadas y ecos de la era MySpace. Junto a A.G. Cook y Finn Keane, Charli sabotea las estructuras tradicionales: las canciones se frenan en seco, la producción simula fallos digitales y la superficialidad asumida se entrelaza con una vulnerabilidad directa.


3. Boards of Canada - Inferno

Lejos de la calidez veraniega de “The Campfire Headphase” o la paranoia pura de “Geogaddi”, el retorno de Boards of Canada plantea una ansiedad marcadamente teológica. “Inferno” elude la trampa de la nostalgia empaquetada sintetizando toda su discografía: la estética de radiodifusión educativa, la tensión analógica y el colapso inminente conviven en un mismo ecosistema. Mediante discursos religiosos enlatados y samplers inquietantes, la pareja escocesa transforma la culpa y la doctrina en una experiencia abrumadora.


4. Madonna - CONFESSIONS II

Acompañada de nuevo por Stuart Price, Madonna firma un trabajo cargado de textura y memoria autobiográfica que rescata la fluidez de las pistas de baile neoyorquinas de los ochenta. Desde el acid house lisérgico hasta el French touch o el 2-step melancólico, la producción huye de la agresión clínica del EDM para devolverle al género su dimensión emocional y social. Mencionando a sus viejos fantasmas de Danceteria y jugando con la elegancia de su propio catálogo, el álbum funciona como un ajuste de cuentas nostálgico con su propia leyenda.


5. Kelela - New Avatar

Ampliando los horizontes del R&B de vanguardia, Kelela sustituye la fluidez acuosa de sus trabajos anteriores por una densidad táctil marcada por guitarras distorsionadas y texturas shoegaze. A pesar del envoltorio abrasivo, la verdadera fuerza del álbum radica en la contención: en lugar de buscar la catarsis ruidosa, la tensión se acumula en espacios abiertos y ritmos fragmentados. Reflexionando sobre la fatiga emocional y el lugar que ocupan las mujeres negras en la cultura pop, “New Avatar” utiliza el club como un espacio de vulnerabilidad, demostrando que los géneros musicales siempre fueron fronteras permeables.


6. underscores - U

Lejos de la cacofonía saturada que caracterizó al hyperpop en sus orígenes, April Harper Grey articula una narrativa urbana estructurada alrededor del tránsito diario por centros comerciales y aeropuertos. “U” combina transiciones de ritmo imposibles y estética pastel con una notable madurez compositiva. A través de bases de drill, arreglos trance y un lirismo impregnado de un ingenio descarado sobre la fama y el desencuentro amoroso, el álbum logra transformar el ruido hiperactivo de Internet en un pop directo, enfático y extrañamente adictivo.


7. Olivia Rodrigo - you seem pretty sad for a girl so in love

Despojándose de los clichés del pop-punk adolescente, Olivia Rodrigo entrega su obra más ambiciosa de la mano del productor Dan Nigro. El álbum transita por pasajes de una tristeza resignada, arreglos acústicos de aliento teatral y destellos sintéticos que remiten al synth-pop más ácido de los años ochenta. Con colaboraciones de peso como la de Robert Smith, Rodrigo explora las secuelas del desgaste emocional y el amor propio con una voz capaz de dramatizar la pérdida sin perder el pulso melódico.


8. Grace Ives - Girlfriend

Frente a la tendencia del pop actual por la sobreexposición confesional y la mitificación personal, Grace Ives aborda la vulnerabilidad desde la ironía y el desvío. Producido junto a Ariel Rechtshaid y John DeBold, Girlfriend expande su pop de dormitorio hecho con cajas de ritmos Roland hacia paisajes sonoros más amplios y dinámicos. Las canciones avanzan como trayectorias impredecibles llenas de sintetizadores brillantes y melodías contagiosas.


9. Mitski - Nothing's About to Happen to Me

En este proyecto, Mitski profundiza en el uso de metáforas y teatralidad para abordar la mercantilización del artista en la era digital. A través de baterías propulsivas, guitarras punzantes y pasajes continentales de jazz de etiqueta, la cantante explora la incomodidad de la invasión personal y la muerte como objeto de consumo. Las letras son de una acidez descarnada, tratando la explotación del dolor ajeno y consolidando un universo donde la catarsis pop se entrelaza constantemente con el malestar existencial.


10. Robyn - Sexistential

Afrontar el peso de un hito como “Body Talk” exige una madurez que solo el paso del tiempo otorga. En “Sexistential”, Robyn no busca competir con su propio mito, sino reordenarlo con una brevedad casi quirúrgica. A través de guiños a la era del chatspeak, vocoders robóticos y rescates del archivo de su carrera, el álbum destila una euforia directa y contagiosa. Robyn ya no canta solo desde el desamor agónico de la pista de baile, sino desde la liberación absoluta de quien celebra el placer, la memoria y la confianza madura sin perder un solo gancho pop.


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