Madonna: la Reina de la Reinvención se confiesa en el altar del house
Una década dando tumbos artísticos llega a su fin con “CONFESSIONS II”, el disco que Madonna necesitaba, en el que reconecta con la pista de baile y con su propio pasado
| Por Diego Rubio
En octubre de 2021, Madonna pasó por el Tonight Show de Jimmy Fallon y jugó con el presentador a un pequeño juego de rumores, verdades y mentiras que se han contado sobre su carrera a lo largo de los años. Era una pequeñísima boutade a la que ella contribuyó con humor, sabiendo que la gran mayoría de cosas que damos por sentadas acerca de la vida y obra de la Ciccone pertenecen más al terreno de la leyenda urbana. Pero es que Madonna siempre ha querido construir esa sensación de control sobre su propio relato: en 1991, y justo después de alcanzar la cima de su trayectoria artística en el Blond Ambition World Tour, publicó un falso documental en el que se adentraba a su manera en las bambalinas de su gira más ambiciosa aparentando una cercanía inusual para una popstar. Aquel “Truth or Dare” (que en España y otros países se comercializó como “En la cama con Madonna”) no solo sirvió para pavimentar una forma de autoficción pop que hoy podemos ver recreada por ejemplo en “The Moment”, de Charli XCX (Madonna incluso definió con el tiempo su actitud en el documental como “brattiness”), sino para darle a su autora el beneficio de la duda siempre que su relato estuviera en el centro. Madonna nunca se había confesado realmente… quizá hasta ahora.
Libertad en la pista de baile
“CONFESSIONS II” se abre con “I Feel So Free”, la primera canción que del disco se publicó. “Thanks for coming”, agradece la maestra de ceremonias. “Sometimes I like to just hide in the shadows. Create a new persona. A different identity. I can be whoever I wanna be”. “Come on, meet me on the dancefloor”, canta entonces cuando el beat abandona la extrañeza (Arca coproduce la canción) y se aboca a la pista de baile entre los orgasmos del “French Kiss” (Lil Louis & The World), clásico del Chicago house más sensual, y la línea de bajo de “I Feel Love” (Donna Summer). “I feel so free”.
Esa libertad, ultimate quest de Madonna a lo largo de los años, se encuentra solo “en el umbral”, en “un espacio ritual donde el movimiento reemplaza al lenguaje”. Y con esa libertad se confiesa por fin en la pista de baile: “He buscado el amor en lugares insospechados”, dice en “School”; “Don’t try to distract me with numbers: I did it all for love”, en “Bring Your Love”, junto a Sabrina Carpenter y sobre samples de Inner City y Rochelle Jordan, en un puro goce de disco-house que recuerda a Kylie Minogue. La propia “Danceteria” recuerda a base de namedropping y un bombardeo de referencias (a sus propias letras o melodías; a la vida y obra de amigos y colaboradores) los primeros días de la carrera de Madonna en Nueva York en torno al club que da nombre a la canción.
El confesionario, en el club
“Cada canción en el disco es una confesión. Bueno, no todas, algunas simplemente son puro disfrute”, ha reconocido Madonna. Pero siendo honestos, el disco flojea de hecho cuando se repliegan las confesiones, y son precisamente las confesiones sobre el que probablemente haya sido el gran amor de su vida, Sean Penn, las que por ejemplo salvan “Bizarre”. Cuando el trayecto abandona, en su último cuarto, la visión más explícita de la pista de baile y se entrega a atmósferas más reminiscentes de “Ray of Light”, ahí están las confesiones, de nuevo, para armar la solidez del trabajo. “Fragile” está dedicada a su hermano Christopher Ciccone, fallecido a finales de 2024 y con el que se reconcilió finalmente tras años distanciada; cuenta con coros de Estere y Stella, las dos gemelas benjaminas de Madonna, y es la que tira en la base de un 2step quizá con significado simbólico. “Betrayal” habla de la guerra abierta con su madrastra (“You never take my mother’s place”) sobre un melancólico sample del “Gnossienne nº1” de Erik Satie. “The Test” cuenta con su hija mayor Lola Leon en una tierna canción coproducida por Arca con referencias a la nana (“Little Star”) que le dedicó en “Ray of Light”, y que busca sanear la relación entre ambas desde la honestidad. Y “L.E.S. Girl” funciona como una versión más reflexiva e intimista de lo visto en “Danceteria”, una vuelta a casa y a los diarios tras toda la noche en el club, protegida por la oscuridad y la armadura de una de esas “personas”, donde recuerda además a ese viejo amor que tocaba la guitarra y se parecía a Marlon Brando. Mientras todo se va desdibujando, mientras la gente a su alrededor muere, Madonna al menos atesora los recuerdos, y puede vivir y crear a través de ellos.
El altar del house
Mirar hacia atrás se le presumía a un disco que, por primera vez en la carrera de la “Reina de la Reinvención”, funciona explícitamente como secuela, y que actualiza su vínculo artístico con Stuart Price tras el primer volumen de “Confessions”, publicado hace 21 años. Pero la continuación espiritual de “Confessions on the Dancefloor” es también una nueva confesión del amor de Madonna por la pista de baile, una especie de renovación de votos, y por supuesto un homenaje al idilio que ha mantenido con ella a lo largo de los años, excelentemente expuesto ya en la compilación de 2022 “Finally Enough Love”. Quizá de hecho estemos hablando de un testamento, pues Madonna siente en cada momento el peso de haber sobrevivido a prácticamente todos los actores de su vida y milagros.
En este sentido, es interesante cómo la Ciccone se relaciona con su pasado musicalmente en este disco: los 80 pertenecen casi por completo al terreno del recuerdo, y ofrecen todo el material que nutre las experiencias sobre las que habla a lo largo de sus dieciséis canciones, perfectamente secuenciadas en un mix continuo. Los 90 son la razón de ser de la parte musical, un homenaje a la explosión comercial del house desde los clubes LGTBIQA+ de Chicago y Nueva York que le sirvió para alcanzar su cénit creativo, y de hecho hay muchas referencias sonoras a “Erotica”, “Bedtime Stories” y “Ray of Light”, sus trabajos más reivindicados en el siglo XXI, y canciones enormes en esta cuerda como “One Step Away”. Y los 2000 le sirven únicamente para aportar detalles de su relación con nuevos géneros con appeal radiofónico en unos años de cierto desvarío: un beat de dembow por aquí (“Read My Lips” con Feid), un trip-hop por acá (“My Sins Are My Savior”, con sample de Army of Lovers), un tema infusionado de EDM por allá (“Bizarre”, con Martin Garrix)... Madonna parece aceptar todo el tiempo perdido como también la idea de que jamás será tarde para ella: “Understand your violence and the trauma you’ve survived / Nobody’s free until they’re broken / Understand your silence and the drama deep inside”... y estarás a un suspiro del baile de tu vida. Madonna siempre ha estado a solo un paso de la libertad.
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