MJ LLERGO

María José Llergo reaprende a imaginar en su nuevo álbum

La artista andaluza acaba de publicar “El Juego”, su tercer disco


| Por

María José Llergo lleva tiempo construyendo una de las obras más extrañas y coherentes del pop español reciente: una música que parece avanzar con un pie dentro de la tradición y otro suspendido en algún lugar todavía sin nombre. Desde “Sanación” (2020) hasta “Ultrabelleza” (2023), sus canciones han funcionado como habitaciones en penumbra donde el flamenco respiraba junto a la electrónica ambiental, el soul o el pop orquestal sin necesidad de explicar nunca sus costuras. En “El Juego”, su nuevo disco, sigue habiendo una herida, pero ya no se trata tanto de sanar como de reaprender a imaginar. Se trata de un disco que mira la infancia con retrospectiva, sobre lo que ocurre cuando la adultez convierte el deseo, el cuerpo y la creatividad en espacios cada vez más reglamentados.

Por eso el juego aparece aquí de muchas maneras posibles: como algo nostálgico, pero también como herramienta de sabotaje. En la introducción del disco, una apertura que recuerda al momento en el que afinan las orquestas poco antes de empezar la obertura, la cantaora narra lo que ella entiende por jugar y, además, lo asocia a tocar un instrumento (“to play an instrument”, en inglés). Además, Llergo entiende el hecho de jugar como una forma de desordenar las reglas de comportamiento emocional y también las de la propia canción pop. El álbum funciona casi como una casa de muñecas intervenida desde dentro: hay percusiones latinas atravesadas por armonías andaluzas, filtradas por electrónica brumosa, voces que se multiplican como ecos líquidos y momentos donde el flamenco se funde con la bachata, como en “Otros Besos”.

“Mala mía”, uno de los adelantos, es un tema sostenido por cuerdas tensas y bases cercanas al trip-hop, mientras el videoclip, lleno de hombres trajeados convertidos en figuras grotescas, prolonga esa sensación de teatro opresivo, como si el mundo adulto fuese una oficina absurda donde nadie sabe ya qué papel está interpretando. “Olvídame”, en cambio, abre otra grieta distinta. Las palmas y los arreglos orquestales acercan el disco a una dimensión más jonda, aunque la producción mantiene siempre una textura extremadamente contemporánea, casi flotante. Aquí Llergo canta al desprendimiento sentimental desde un lugar poco habitual: amar sabiendo que todo lo entregado desaparecerá igualmente.

Una de las decisiones más inteligentes de “El Juego” es cómo administra el dramatismo. Aunque muchas canciones nacen del dolor, el disco nunca queda atrapado en la solemnidad. Hay momentos donde aparece el humor, el deseo de movimiento e incluso cierta sensualidad luminosa. Por eso varias canciones se acercan a ritmos latinos o dinámicas corporales sin convertirse nunca en radiofórmula: siempre hay una niebla alrededor de las canciones, algo que las vuelve ligeramente inestables (como el final hyperpop de “La Celda”) y, aun así, quizá no tenga la linealidad emocional de “Ultrabelleza”. María José Llergo parece menos interesada en ofrecer respuestas que en abrir habitaciones nuevas dentro de su propio lenguaje. El resultado es un disco más irregular, sí, pero también más ambicioso, más vivo y más arriesgado.

Disfruta del 100% de las ventajas de SMUSIC haciéndote cliente Santander aquí