ROLLING STONES

The Rolling Stones vuelven llenos de energía en “Foreign Tongues”

Reseñamos el nuevo álbum de sus Satánicas Majestades.     

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Que los Rolling Stones publiquen un disco pasados los ochenta años ya no sorprende a nadie, pese a que son muchos los que han seguido agotando sus fechas en España con miedo a que sea la última vez (y, de momento, no hay gira anunciada). Lo que sorprende de “Foreign Tongues” es que sea bueno y, sobre todo, parejo, sin los altibajos de casi todo lo que grabaron en nuestro milenio. Continúa la línea de “Hackney Diamonds” (2023), álbum que les valió un Grammy tras casi veinte años sin canciones nuevas; el elemento decisivo, igual que en aquel, vuelve a ser su productor, Andrew Watt, especializado en rejuvenecer a veteranos como Ozzy Osbourne o Iggy Pop (los mete en el estudio a grabar en directo y a toda prisa, con pocos arreglos y sonido analógico, para recuperar la crudeza de sus mejores años). Con los Stones aplica la misma receta y conserva lo que siempre ha distinguido a sus canciones: el juego de las dos guitarras de Keith Richards y Ronnie Wood y una base de blues y rhythm and blues que nunca se disimula.

El álbum reúne catorce canciones grabadas en pocas semanas en los Metropolis Studios de Londres. Junto a esos tres, graban el bajista Darryl Jones, que acompaña al grupo desde 1993, cuando se marchó Bill Wyman, y el batería Steve Jordan, que ocupa el puesto de Charlie Watts desde la muerte de este, en agosto de 2021. El propio Watts aparece de forma póstuma en “Hit Me in the Head”, con una toma grabada poco antes de morir. De todo ello, lo que mantiene el disco en pie es la voz de Jagger, que a los 82 conserva agudos y desgarro donde casi ningún cantante de su generación llega. Lo demuestra, por ejemplo, en el falsete de “Jealous Lover” y en la versión de “You Know I'm No Good”, de Amy Winehouse. Por su parte, Keith Richards firma el momento más íntimo en “Some of Us”, una balada cuya idea original data de los años ochenta y que había quedado sin grabar hasta ahora.


Sin embargo, la gran novedad de “Foreign Tongues” es conceptual. Es un disco de octogenarios que, pese a que podrían enfrascarse en su posición privilegiada, mira a la vez hacia fuera, a una América en descomposición, y hacia dentro, a su propio final. La política nunca fue ajena a los Stones, de “Street Fighting Man” y “Gimme Shelter” en los sesenta a la anti-Bush “Sweet Neo Con” de 2005, pero aquí el asunto vertebra buena parte del repertorio. En “Ringing Hollow”, un country que remite a la etapa más americana del grupo, la de principios de los setenta, Jagger se despide de Estados Unidos como de un amor que se ha echado a perder. En “Covered in You” describe a los autócratas reproduciéndose “como una plaga de ratas sucias con sus misiles en desfile”, y en “Mr. Charm” apunta directamente a Elon Musk. En “Divine Intervention” describe a los ricos corriendo a ponerse a salvo. Nunca nombra a Trump, fiel a esa vieja costumbre de retratar el clima sin señalar con el dedo. Por otra parte, abre con un blues de Chicago, “Rough and Twisted”, en el que nombra a Muddy Waters, y se despide versionando “Beautiful Delilah”, de Chuck Berry. Entre esos dos extremos caben el soul y algo de disco, con el habitual desfile de invitados repartido por las canciones: Paul McCartney toca el bajo, Robert Smith (The Cure) colabora con los coros, Steve Winwood se encarga del órgano, Bruno Mars sacude el cencerro en “Never Wanna Lose You” y Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) golpea el bombo en la despedida con Chuck Berry.

No obstante, si algo le falta a “Foreign Tongues” para codearse con sus clásicos no es energía, sino mugre. Unos Stones tan repeinados pierden parte de la gracia, porque esta es una banda que se hizo grande en las tomas imperfectas. Aun así el disco aguanta de sobra, que no es poco para tres señores que juntos suman más de dos siglos y siguen grabando como si les fuera la vida en la próxima gira.



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