Britney Spears memorias

Britney Spears toma el control de su narrativa en 'La mujer que soy'

En sus memorias, acabadas de publicar, el icono pop no deja ningún tema sin tocar

Por Álvaro García Montoliu

Desde el momento en que Britney Spears saltó a la fama, su vida privada se convirtió en objeto de escrutinio por parte de la sociedad. Todos sus pasos estaban cuidadosamente observados y juzgados, parecía como si su sola existencia como icono del pop adolescente diese al público y a los tabloides algún tipo de derecho sobre ella. Tampoco lo tuvo fácil antes y después de saltar a la fama: de pequeña se crió en un entorno de pobreza y estrictas reglas cristianas y ya de adulta vivió trece años bajo la asfixiante tutela legal de un padre que la tenía atada, casi literalmente, de pies y de manos.

Por eso, Spears ha decidido, veinte años después de todos aquellos sucesos, tomar el control sobre su propia narrativa con unas memorias, “La mujer que soy”, a la venta desde el pasado jueves traducidas al español por Plaza & Janés, en las que cuenta su versión de los hechos y no deja ningún tema sin tocar. Sus inicios como presentadora de “El club de Mickey Mouse”, el despertar de su sexualidad a los catorce años, toda la verdad sobre su intenso romance con Justin Timberlake, el motivo por el que decidió raparse la cabeza, o los estragos que causó en su salud mental el encierro que sufrió a causa de la curatela inhabilitadora de su padre.

Por culpa de no pocas filtraciones, el contenido del libro, una lectura ágil de menos de 300 páginas, ya es vox pópuli en las redes desde hace unos días. Y, como si no hubiésemos aprendido absolutamente nada de los desgraciados acontecimientos de hace dos décadas, la prensa ha vuelto a caer en el error de interpretar estas memorias como la manera de Spears de ejecutar su dulce venganza, de antagonizar a media industria del espectáculo, de victimizarse con un pasado tumultuoso. Más bien al contrario, pues tal y como la propia Britney aseguró hace unos días en Instagram, las memorias se entienden más como un intento de hacer borrón y cuenta nueva, de expulsar sus demonios internos y de pasar página para construir un futuro mejor.


El libro, en cualquier caso, es una mina de titulares tanto para los que se acerquen a él no tanto desde la admiración a su figura sino al puro interés morboso, como a los fans más acérrimos de Britney, aquellos que clamaban por sus derechos (humanos) en el movimiento #FreeBritney. Estas son cinco de las revelaciones más grandes de “La mujer que soy”.

Tenemos que hablar de Justin

Obviamente, la mayor concentración de titulares se la ha llevado Justin Timberlake. No en vano, fue el primer amor de su vida, con quien perdió la virginidad, pero también con quien vivió episodios más delicados. Según cuenta Britney, quedó embarazada de él a los 19 años y el ex NSYNC le dijo que no quería tener aquel bebé, que entendía como un peligro para sus pujantes carreras. El doloroso proceso de aborto lo vivió sola en casa mientras él tocaba la guitarra en lugar de llevarla a un hospital. Todas estas revelaciones han llevado a una campaña de acoso y derribo contra un Timberlake que, de momento, ya ha tenido que cerrar los comentarios de su cuenta de Instagram y posponer el gran retorno musical que planeaba.

Daiquiris con mamá

Así como Britney no puede decir nada bueno de su padre, y con razón, en sus memorias se observa que guarda grandes memorias con su madre. Y eso que no serán pocos los que cuestionarán lo apropiado o no que es que una madre tome copas con su hija adolescente. “Me encantaba beber con mi madre. No tenía que ver con la forma en que lo hacía mi padre, que se volvía más depresivo y se encerraba en sí mismo. Nosotras estábamos más contentas, más vivas y con ganas de aventura”, explica en el libro.

Rebelde con causa

Probablemente, uno de los momentos más icónicos de la cultura pop de nuestros tiempos fue cuando Britney Spears decidió, en un acto de brillante rebeldía, raparse la cabeza al cero delante de varios paparazzis. No hay que ser muy astuto para entender que el atributo más fácilmente identificable de su figura rayana en lo Barbie era su larga cabellera rubia, o como ella misma dice, “gran parte de su atractivo”. Raparse, pues, fue su “manera de decirle al mundo ‘que os den’, ‘¿queréis que sea la chica de vuestros sueños? Que os den. ¿Queréis que sea buena para vosotros? Que os den’”. Britney, en fin, ha hecho más por el feminismo de lo que muchos piensan.

Lo que pudo ser y no fue

En 2002 llegó a los cines el que fuera debut cinematográfico de Britney Spears. No es que “Crossroads: Hasta el final” (Tamra Davis, 2002) fuese precisamente un éxito de público y crítica, pero sí que sugirió que un futuro alternativo para la estrella pop como actriz era posible. La verdad es que Spears confiesa que no disfrutó nada de la experiencia del rodaje, que se metió demasiado en el papel, y que fue todo un consuelo abandonar por completo la actuación. La industria, eso sí, quería un desenlace diferente para ella, y es que tal y como confiesa en el libro, se le ofreció el papel de protagonista en “El diario de Noa”, lo que hubiese supuesto su reencuentro con Ryan Gosling, con quien coincidió en “El club de Mickey Mouse”.

Sus fans son su mayor fuerza

Algunos preferirán quedarse con otros momentos más morbosos y escabrosos del libro, que los hay y muchos, pero es bueno saber que el destino le ha deparado a Britney Spears una suerte de final feliz. Durante su estancia en un centro de rehabilitación para que aprendiese a obedecer (a su padre) una enfermera le enseñó su ordenador. “Me asomé a la pantalla y había unas mujeres en un programa de entrevistas hablando de mí y de la curatela”, cuenta en las memorias. “Una de ellas llevaba una camiseta en la que se leía #FreeBritney. Si luchaste por mí cuando yo no pude hacerlo por mí misma: muchísimas gracias de todo corazón. Incluso en la noche más oscura se puede encontrar mucha luz”.


Escrito por Álvaro García Montoliu

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