Cher

25 años de "Believe" de Cher

El himno dance-pop consiguió dinamitar todo tipo de expectativas sobre como debían sonar los hits en el siglo XXI

Por Álvaro García Montoliu

Hay efemérides que son particularmente difíciles de asumir. Sería el caso, por ejemplo, de Cher y su bombástico hit “Believe”. Cuesta entender que nos separa un abismo insalvable entre 1998 y 2023 –25 años, que se dicen pronto–, o sea, entre la publicación de aquel himno discotequero que nos mantuvo bailando (y llorando) en las discotecas durante meses y años, y este presente pop que aún sigue dominado por todo lo que Cher nos enseñó entonces. Pero lo que más choca, lo que seguimos sin conseguir entender, es que tamaño misil dance-pop, que aún hoy suena rabiosamente moderno, haya cumplido estos días un cuarto de siglo de vida.

Acaba de llegar a las tiendas una edición deluxe del álbum que dio nombre al hit. Incluye 13 remixes remasterizados repartidos en tres vinilos, dos CDs y en formato digital. Para los fans más completistas la joya de la corona es indudablemente la edición en plástico que viene con un packaging con estampado de leopardo y discos en color aguamarina, azul claro y transparente. Para redondear la efeméride, hace unos días Cher compartió una versión en alta definición del videoclip de “Strong Enough”, otro de los hitos recogidos en aquel LP.


“Believe” aún se siente como una auténtica revolución en la industria del pop. Cher siempre se ha sentido como uno de las artistas más camaleónicas de nuestros tiempos: de formar parte de un exitoso dúo pop en los años sesenta a reinventarse como icono de la MTV en los años ochenta, pasando por sus sonados pinitos en Broadway y Hollywood, que hasta le valieron un Oscar. Pero a las puertas del cambio del milenio, no sería osado decir que Cher empezaba a perder relevancia musical, que parecía destinada a convertirse en otra estrella cuyos buenos tiempos ya pasaron obligada a vivir de rentas en residencias en Las Vegas. Pero llegó “Believe” y nada volvió a ser lo mismo. Ni para ella ni para el resto del mundo.

El éxito de “Believe” fue inmediato y sin igual. Todo el mundo conectó con este himno dance-pop de resiliencia romántica bajo la bola de espejos en la línea de “I Will Survive”. Fue número uno en las listas de éxitos de veintiún países. Lideró el Billboard Hot 100 en Estados Unidos durante cuatro semanas. Vendió once millones de copias y, en la temporada de premios, arrasó como un huracán de categoría 5. Demolió algunos récords de ventas difíciles de imaginar, pero lo que fue más inaudito es que Cher tuviese que esperar treinta y cinco años de carrera para recibir su primer Grammy. En la gala de 2000, finalmente, se corrigió un agravio histórico hacia una mujer que tanto ha dado por el pop al conseguir con “Believe” ganar el Grammy a la Mejor Grabación Dance. Además, Peter Rauhofer, alias Club 69, se llevó el premio a Mejor Remixer del Año por su remezcla del tema.

Hoy en día, no debería sorprender a nadie que una diva de más de 50 años aún pueda hacer bailar a sus hijos y a sus nietos, pero la proeza que Cher consiguió a finales de los noventa no tenía precedentes en la historia del pop. A día de hoy, de hecho, aún puede presumir de ser la estrella femenina más mayor –52 años cuando lo consiguió– en liderar los charts con una canción nueva.


Pero si aún recordamos “Believe” como lo que es, un auténtico torbellino en el pop, fue por introducir al mundo el uso del Auto-Tune. Hoy en día podrías contar con los dedos de las manos los hits que en menor o mayor medida no usen estas técnicas que corrigen defectos en la voz y las afinan hasta la perfección. Fue un cambio de paradigma, la señal más notoria del espíritu de nuestros tiempos y, a partir de ella, todo el mundo, desde Lil Wayne hasta Daft Punk, de Black Eyed Peas a Radiohead, lo utilizaba. Buena parte de los elogios, eso sí, han de recaer sobre Brian Higgins, su productor, que en los dosmiles seguiría moldeando el sonido del pop con el equipo de producción Xenomania, artífice de hits de Pet Shop Boys, Girls Aloud, Kylie Minogue o Saint Etienne, entre muchos otros.

“Believe”, en fin, dio a Cher un nuevo impulso a su carrera. Y, aunque desde entonces no se le conoce ningún hit que le pueda llegar a hacer sombra, lo cierto es que todos sus discos posteriores han conseguido alcanzar cómodamente el top 10 del Billboard 200. En una industria como la del pop, tan obsesionada con la juventud y la perfección, esto parece una proeza sencillamente sobrehumana. Pero es que la gira que le siguió consiguió romper todo tipo de expectativas, pese a que Cher siempre se había desenvuelto a las mil maravillas en ese ámbito. El engañosamente titulado The Farewell Tour (2002), recaudó 200 millones de dólares en un total de 325 fechas en todos los rincones del mundo (excepto España, eso sí), convirtiéndolo por aquel entonces en el tour más exitoso de una artista femenina. Cher, madre, reina e icono.


Escrito por Álvaro García Montoliu || Foto: An Le

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