¿Ha sido “BbY WOW” la canción del verano?
Analizamos la canción de Karol G, uno de los grandes fenómenos musicales de agosto, que le ha dado a Judeline y rusowsky, de rebote, su primer número 1 en EEUU
| Por Diego Rubio
En un verano algo árido en cuanto a éxitos, pues eso, veraniegos, y entre debates que reivindicaban este dudoso galardón invisible del pop para canciones de cursos pretéritos (“NUEVAYoL” de Bad Bunny o, sobre todo, “Superestrella” de Aitana, que ha sido el himno no oficial del segundo campeonato del mundo de la Selección española de fútbol), el trono a la canción estival ha estado bastante disputado este 2026. El merengue “La Graciosa” de Quevedo y Elvis Crespo, “El bachatón de la L” de Lola Indigo y Lucho RK, y “pa ti toa ɛ” de Ana Mena con, de nuevo, Lola Indigo han estado ahí marcando el discurso mientras Shakira era incapaz de replicar junto a Burna Boy en “Dai Dai” la magia del “Waka Waka”. Y lo cierto es que no forman un mal tridente pero tampoco arriesgan nada más allá de las fórmulas habituales a las que quizá estamos demasiado acostumbrados.
Ante este panorama, “BbY WOW” llega como un bálsamo, y si algo hay que darle a Karol G es que con su último disco, “No me arrepiento de sentir tanto”, lanzado prácticamente por sorpresa la primera semana de agosto, ha sabido llenar en el mainstream un espacio desocupado que llevaba tiempo pujando fuerte en el underground: tirando de las estéticas soft club, de la melancolía digital y el pop onírico y trancero de oklou (que coproduce aquí, por cierto, “Final feliz”) y de un R&B de hechuras electrónicas que no le desentona a una Judeline que no solo colabora en “BbY WOW”, sino que coescribe en otras tres canciones del disco, la colombiana le ha puesto banda sonora a un verano algo menos festivo y más abatido que quizá conecta más con el sentir colectivo.
Melancolía veraniega
Era lo esperable teniendo en cuenta que, tras la fase expansiva y orgánica de “Tropicoqueta” (2025), Karol G terminó su relación con Feid. El desamor, la vulnerabilidad, la nostalgia de ese verano que pasas echando de menos y sacando el clavo con otros clavos se filtran así a lo largo de todo el metraje. Y funciona porque el verano también es un poco una época de hacernos los intensos y regodearnos en nuestras propias miserias del primer mundo, y porque un buen dramita siempre significará que realmente no tenemos nada más importante de lo que preocuparnos.
Reincidentes del hit
“BbY WOW”, que por lo que sea se ha convertido en la bandera del nuevo álbum de Karol G pese a no estar entre los tres sencillos escogidos para anticiparlo, no es la primera canción con la que la colombiana marca el pulso estival: “Tusa” lo hizo en el verano pandémico de 2020, con “Provenza” dominó el de 2022, y “Si antes te hubiera conocido” reinó indiscutiblemente en el de 2024, una regularidad en estas lides que solo es comparable con la de Bad Bunny. Y uno de sus colaboradores, rusowsky, tampoco es que sea ajeno a esto de la canción del verano aunque lógicamente su esfera de influencia sea, a día de hoy, otra mucho más minoritaria: el año pasado “malibU” superó todas las expectativas para un artista que hasta hace (como quien dice) cuatro días solo estaba en la rampa para romper el techo del underground.
En cualquier caso, tanto él como Judeline (un chaval de Valladolid criado en Fuenlabrada que ideó junto a unos amigos el colectivo rusia-idk y una joven de Jerez criada por artistas en Los Caños de Meca y formada en Madrid) son artistas con cierta proyección internacional, que han dado giras exitosas en EEUU y Latinoamérica y actuado en festivales importantísimos de este circuito como Lollapalooza o Coachella. Llegar al número 1 allí podía ser una quimera o una realidad que tarde o temprano caería por su propio peso… Pero ha llegado así, de forma tempranera, y un poco a la virulé, gracias a este hit diríase inesperado hasta para la propia Karol G. “BbY WOW” no solo ha conquistado el número 1 de Billboard en países como EEUU, Colombia o Argentina: también ha coronado el Global 200, las listas oficiales de éxitos de nuestro país (primera vez que lo hacen tanto rusowsky como Judeline), y se ha convertido en la canción número 1 del mundo en Spotify, un hito que en los últimos años solo habían conseguido para España Quevedo e Íñigo Quintero y que se le resiste a la mismísima Rosalía.
La nostalgia, carne de viralidad
Una de las razones que explican (siempre en parte y siempre de forma ¿subjetiva?) el éxito de “BbY WOW” ha sido su capacidad para generar narrativa en redes sociales y convertirse en carne de minirreseñas o vídeos de curiosidades. Además de un ritmo agradable y bailongo y de una melodía pegadiza, ingredientes fundamentales para la viralidad en TikTok, la canción sabe integrarse en la narrativa autorreferencial de la cultura pop y la conversación en internet gracias a un sample del “Coolie Dance Riddim” de los hermanos Burrell, un clásico del dancehall de los primeros 2000 que después han sampleado Pitbull (“Culo”), Sean Paul (“Feel Alright”), Nina Sky (“Move YA Body”), Vybz Kartel (“Please”), Kehlani (“After Hours”) o, en nuestro país, Beny Jr. (“Luna llena”) o Cruz Cafuné (“Movezz en silencio”). Ese ritmo nos suena familiar, nos recuerda a algo y nos da, además, un tema para hablar.
Es algo que se repite en todo el disco, y en toda la carrera de Karol G: “Still” tira del libro de estilo de Keane, “Bebiendo lágrimas” conecta a la Britney Spears con el dancehall pop, “Alguien que te amaba” es una cumbia tex-mex hecha con colaboradores de nada más y nada menos que Selena Quintanilla (Edgar Barrera, productor también de “Un x100to” de Bad Bunny y Grupo Frontera, y Pedro “Pete” Astudillo), y “Con quién andará?” parte del “Porque te vas” de Jeanette. En “Matadora”, con producción adicional de Cashmere Cat, la referencia clara parece Tokischa; y en “Eclipse”, Rosalía.
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