Madison Beer

Las diez mejores canciones de Madison Beer

Seleccionamos las diez mejores canciones de la cantante estadounidense: anatomía de una vulnerabilidad pop, de la cima al susurro. Actuará en el Palacio Vistalegre de Madrid (24 de mayo) y en el Sant Jordi Club de Barcelona (26 de mayo).

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La trayectoria de Madison Beer no encaja en el relato clásico del pop star contemporáneo. No hubo un debut arrollador ni un consenso crítico inmediato, ni tampoco una mutación radical de imagen que obligara a tomarla en serio de golpe. Lo suyo ha sido más lento, más frágil y, por eso mismo, más interesante. Canción a canción, ha ido construyendo un cancionero obsesionado con la exposición emocional, con la hipersensibilidad como forma de resistencia y con la dificultad de sobrevivir siendo vista sin ser comprendida. Desgranamos aquí sus diez mejores canciones como aperitivo para los conciertos que ofrecerá el 24 de mayo en el Palacio Vistalegre de Madrid y, el 26 de mayo, en el Sant Jordi Club barcelonés.


10. nothing at all

Su producción es amplia, suave, casi ingrávida, acompañando una sensación de ambigüedad emocional. No sabemos si Beer termina el disco más triste, más ligera o simplemente agotada. Y esa indefinición es su sentido. No es una de sus canciones más memorables de forma aislada, pero funciona como epílogo atmosférico: una última exhalación que deja al oyente suspendido en la duda.


9. Nothing Matters But You

“Nothing Matters But You” describe el enamoramiento como un estado obsesivo donde el mundo se contrae hasta desaparecer. Es una canción pensada para espacios compartidos (bodas, bailes, rituales colectivos) y su posterior resignificación como dedicatoria a los fans amplía su alcance emocional. No es compleja, pero sí precisa: dice exactamente lo que quiere decir.


8. At Your Worst

Escribir sobre un padre sin caer en el ajuste de cuentas ni en la absolución es un terreno minado. “At Your Worst” lo recorre con una honestidad incómoda. Beer observa a su padre como adulta: reconoce su fragilidad, pero no borra el daño. El cambio a primera persona en el último estribillo es devastador precisamente porque no busca impacto. No hay cierre emocional ni aprendizaje final. Solo aceptación de una herida que sigue ahí.


7. bad enough

“bad enough” captura un limbo emocional reconocible: saber que hay que romper, pero no querer herir. Su éxito en redes no es casual; el estribillo verbaliza una culpa compartida por muchos oyentes. Es una canción directa, limpia, emocionalmente eficiente. No alcanza la complejidad de otras piezas de su catálogo, pero funciona como cápsula emocional.


6. Everything Happens for a Reason

Pocas canciones pop han desmontado un cliché con tanta delicadeza. “Everything Happens for a Reason” comienza casi en susurro, con pájaros y una voz espesa, como si la grabación se hubiera hecho justo después de llorar. Beer no acepta la frase del título: la interroga desde el cansancio, desde el desconcierto. Cuando el estribillo crece (“what did I do to deserve such pain”) no hay dramatismo excesivo, solo incredulidad herida. Es una canción sobre seguir amando sin entender por qué.


5. Default

“Default” es el corazón oculto de su álbum de debut, una canción diminuta en duración pero inmensa en resonancia emocional. Su inicio sumergido sugiere una identidad a punto de disolverse. Beer canta desde un estado liminal, como si estuviera perdiéndose a sí misma y solo una forma de amor, nunca del todo nombrada, la devolviera a su punto de origen. Su grandeza está en la ambigüedad: puede ser romántica, familiar o existencial. Es Madison Beer en su versión más adulta y más arriesgada.


4. Bittersweet

“Bittersweet” es una proeza de camuflaje emocional. A primera escucha parece pop ligero, casi etéreo; el estribillo es pura caricia melódica. Pero bajo esa superficie luminosa se esconde una canción de ruptura, procesada a través de la disociación. Los coros susurrados, casi infantiles, funcionan como anestesia emocional. Beer demuestra aquí algo clave en su evolución: no hace falta subrayar el dolor para que duela.


3. Stained Glass

“Stained Glass” es una de las mejores metáforas de toda su obra. La imagen de la piel como cristal manchado captura a la perfección la experiencia de vivir bajo observación constante. Musicalmente, la canción crece con paciencia: cuerdas, tensión, una interpretación vocal que equilibra vulnerabilidad y control. Los efectos de cristal rompiéndose podrían haber sido obvios, pero aquí funcionan como extensión simbólica.


2. Selfish

“Selfish” fue el punto de inflexión: la canción que obligó a replantear a Madison Beer como vocalista y como narradora emocional. Construida sobre la arquitectura clásica de la balada pop, funciona porque Beer no interpreta el dolor: lo ordena. Habla de egoísmo sin rencor, de daño sin teatralidad. Saber que las letras nacieron de frases reales dichas entre lágrimas añade peso. No es su canción más sutil, pero sí la más decisiva para su legitimación artística.


1. Make You Mine

“Make You Mine” no destaca tanto por su composición como por su función cultural. Es el momento en que Madison Beer asume el pop como espectáculo, como performance consciente. En concierto se convierte en detonador colectivo, en celebración corporal. Es menos introspectiva que sus mejores temas, pero marca un punto clave: Beer entendiendo cómo controlar su imagen sin ser devorada por ella.


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