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Las 20 mejores canciones de 2025

Addison Rae, Rosalía, Bad Bunny, Ela Minus, PinkPantheress, Robyn, Guitarricadelafuente…

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En un momento de caos mundial y de un goteo incesante de las peores noticias, nos queda la música para seguir creyendo en la raza humana. La idea de annus horribilis podría aplicarse fácilmente a 2025, pero no a su cosecha musical: lo difícil de hacer esta lista no ha sido elegir diez temas, sino quedarse solo con esa decena. Nostalgia bien entendida, distopías de ensueño, himnos de baile preapocalíptico… Canciones para entrar en bucles eternos. – Juan Manuel Freire

20. Aitana – 6 DE FEBRERO

En plena época de baladas hiperproducidas o descartes de pop-punk chic, Aitana entrega una canción completamente honesta. “6 de febrero” es un disparo directo al corazón de cualquiera que haya amado y haya perdido. Letras explícitas, minimalismo instrumental, emoción en crudo. Lo que podría haber sido una nota de voz en una madrugada triste, se convierte en fenómeno viral. Lo interesante aquí no es solo el morbo por la ruptura (¿con Yatra?), sino cómo convierte su dolor en una balada pop universal. Lo personal se hace colectivo. En su tono quebrado hay una tradición que va de Taylor Swift a Amaia Montero, pero con una producción moderna que la acerca a Billie Eilish. – Álvaro García Montoliu


19. Jamie xx – Dream Night

Jamie xx siempre ha hecho música para bailar sin dejar de pensar, pero “Dream Night” se entrega al goce con más generosidad que nunca. Inspirado por las noches colectivas de su gira mundial y sampleando la espiritual “Dancing Girl” de Terry Callier, el tema es trance cinematográfico: melodías suspendidas, ritmos ascendentes, voces que parecen venir de otra era. Es como ver la pista de baile desde el aire, contemplándola con ternura. Y lo que más emociona es su capacidad para transformar la fiesta en rito, y la nostalgia en energía. – Álvaro García Montoliu


18. BLACKPINK – Jump

Tres años después, BLACKPINK vuelve como si nunca se hubieran ido. “JUMP” no es solo un comeback: es un grito de guerra, un estallido de coreografía, brillo y fuego. La producción –con Diplo y TEDDY al timón– mezcla dancehall sintético, EDM burbujeante y explosiones trap. Lisa lidera como una amazona, y el grupo suena más cohesionado que nunca. La canción no busca sutilezas, sino impacto. Lo fascinante es cómo logran sonar frescas sin renunciar a su épica maximalista. – Álvaro García Montoliu


17. PinkPantheress – Stateside

De acuerdo, la nostalgia está sobrevalorada, pero a veces mirar al pasado con devoción puede dar buenos dividendos artísticos. La mixtape “Fancy That” es claro resultado de una fascinación por los dosmil y, en concreto, los sonidos que animaban por entonces las pistas de baile británicas, del UK garage al R&B pasando por el dance-pop último modelo. Su mejor canción recicla y revitaliza, en concreto, a Estelle (“American Boy”), Sugababes (“Freak Like Me”) e incluso Junior Senior (“Move Your Feet”), pero sin sonar tanto a bootleg como a canción enteramente nueva, a nuevo clásico que reciclar en el futuro. – Juan Manuel Freire


16. Lorde – What Was That

Lorde parece decidida a volver a ser la diva de baile que fue: “What Was That” es menos clásico instantáneo que estimable grower, pero es un paso en la buena dirección. La producción tiene la depuración electro de los mejores hits de “Pure Heroine”; que la canción nunca acabe de explotar, algo que algunos han criticado, a este cronista le parece un plus interesante. El material lírico es puro “Melodrama”, un lamento de ruptura con algo del recap emocional de “Supercut”: “Nos besábamos durante horas, en fin, cariño, ¿qué fue aquello?”. – Juan Manuel Freire


15. Playboi Carti – OPM Babi

En “MUSIC”, Playboi Carti vampiriza su propia obra previa y la lleva hasta una deconstrucción del trap que seguramente alcanza su máxima expresión en la orgásmica y febril “OPM BABI”, un rage hiperacelerado, golpeado por bajos plugg, acribillado por espasmódicos hi-hats infinitos, arrastrado por un tsunami de ad-libs y perforado por burdos efectos balísticos. El avant-trap sería algo similar a esto. – Anton Casas


14. Buscabulla – Te fuiste

En su radiante disco “Se amaba así”, uno de los mejores que ha deparado el año, el dúo de origen portorriqueño explora el amor moderno y, sobre todo, su propio amor en busca de respuestas y, sobre todo, hits emocionantes. Como “Te fuiste”, hallazgo pop con un esqueleto rítmico hipnótico (ecos del “Ay qué pesado” de Mecano), sonidos sugerentes y una letra de recriminación y despecho defendida por Raquel Berrios con paradójico empuje lúdico. Hay que seguir a todas partes a Buscabulla, como también a la venezolana Musiana, que participa en la composición. – Juan Manuel Freire


13. Tate McRae – Sports Car

El nuevo disco de Tate McRae, “So Close To What”, ha sido uno de los acontecimientos pop del año, sobre todo para los nostálgicos de la mejor Britney Spears. En “Sports Car”, escrita junto con Julia Michaels y Ryan Tedder, la canadiense busca capturar la adrenalina del amor y el sexo estableciendo un paralelismo con un coche deportivo. El videoclip, repleto de modelitos, por supuesto, no defrauda. – Álvaro García Montoliu


12. Amaia – M.A.P.S.

En su nuevo álbum, Amaia explora el amor, la amistad y la familia con canciones como “M.A.P.S. (Mejores Amigas Para Siempre)”, una emotiva carta en clave synth-pop a su madre, Javiera Arbizu, con quien mantiene una relación cercana pero marcada por la inevitable independencia de la adultez. En la promoción del disco, Amaia reflexionó sobre este vínculo y cómo, con el tiempo, ha aprendido a ver a su madre como un ser humano más allá del rol materno. – Álvaro García Montoliu



11. FKA twigs – Childlike Things (feat. North West)

En “EUSEXUA” se incluye una sorpresa que pocos hubiesen imaginado: la participación, mediante un verso cantando en japonés, de North West, la hija de once años de Kanye West y Kim Kardashian. Su aparición no está exenta de polémica al tratarse de un disco sobre la euforia y la sexualidad, pero musicalmente hablando es un melocotonazo J-pop irresistible. – Álvaro García Montoliu


10. Guitarricadelafuente – Full time papi

Álvaro Lafuente ya no esconde su poética en los pliegues de un disfraz rural; ahora mira el deseo de frente, lo articula, lo sufre y lo celebra. “Full time papi” es la pieza más clara de este giro: una canción donde la vulnerabilidad se transforma en una performance sexual que no actúa como escudo, sino como una afirmación de identidad. El videoclip, que abraza lo homoerótico con la misma naturalidad con la que otros artistas han cantado al amor romántico, declara sin ambages: esto también es España, esto también es folclore. – Álvaro García Montoliu



9. Lady Gaga – Abracadabra

Si “Abracadabra” se convirtió en un hit instantáneo fue por su retorno a la teatralidad de la etapa imperial de Gaga, un delirante conjuro que se recreaba en su propia absurdez. Con sílabas sin sentido escuela “Bad Romance” –“Amor-oo-na-na”, “Morta-oo-ga-ga”– y su imaginería católica camp, se siente como un ritual, como un conjuro. El video, un suntuoso espectáculo de dualidades (la Gaga pura y la perversa), rememoró sus mayores obras visuales. Más de 15 años después de “Bad Romance”, Gaga demostró que aún podía conjurar magia y hacer que el pop se sintiera sobrenatural. – Álvaro García Montoliu



8. Triángulo de Amor Bizarro – Triángulo de Amor Bizarro

Hacer una versión de “Bizarre Love Triangle” podría ser un gesto de nostalgia fácil, pero TAB convierten la idea en un acto de auto-mitología. Su reinterpretación es un homenaje sincero al sonido Manchester, pero también una relectura feroz desde su propio ADN gallego: guitarras tensas, electrónica nerviosa, una interpretación vocal de Isa Cea entre lo cálido y lo irónico. Como siempre, vaya. TAB logran algo rarísimo: sonar a New Order y sonar a ellos mismos. Suena contradictorio, pero no lo es. – Álvaro García Montoliu



7. Robyn – Dopamine

Cuando Robyn regresa, el tiempo parece plegarse. Siete años desaparecen, y con ellos vuelven la catarsis queer, la melancolía sintética, la fisicidad emocional que siempre ha definido a la artista sueca. “Dopamine” es una reactivación de todos sus códigos, pero con una capa de duda existencial que la vuelve aún más punzante. El tema funciona como un estudio de la sensación pura: arpegios moroderianos que laten como sinapsis encendidas, voces robóticas que parpadean entre la ironía y la vulnerabilidad. – Álvaro García Montoliu


6. rusowsky – malibU

Parecía que había sequía de hits playeros, y, entonces, apareció rusowsky. ¿Canción del verano? Sí, claro. Será por su ritmo latino, por ese merengue electrificado que casa a la perfección con el hedonismo canicular. Pero a un tema como “malibU” se le queda muy corta esa etiqueta. Porque Ruslán Mediavilla, como hace en “DAISY” y como lleva haciendo a lo largo de su carrera, amplía horizontes emocionales –esa letra melancólica al borde del perreo–, geográficos –esos acordeones afrancesados– y genéricos –ese electrolatino con alma de vanguardia gen Z– para dar, en definitiva, con una moderna gema de pop minimalista. – Anton Casas



5. Danny L Harle feat. PinkPantheress – Starlight

Una fantasía barroca de club, un collage emocional hecho de breakbeats y arias electrónicas. “Starlight” es Harle en estado puro: exceso, sofisticación, ironía y euforia. PinkPantheress flota sobre la producción como un hada de neón rememorando el eurodance de los dosmiles. Es una canción que puede sonar tanto en un set de Boiler Room como en una clase de Historia de la Música. Harle ya no se conforma con ser productor para PC Music: quiere ser el Bach del rave, y canciones como esta lo acercan peligrosamente. – Álvaro García Montoliu



4. Rosalía – Berghain

El cuarto álbum de Rosalía, “LUX”, no es tanto un álbum como un gesto arquitectónico: una catedral levantada con cuerdas, pulmones y acero. “Berghain” la inaugura como una obertura monumental, fundiendo la precisión de Vivaldi con la brutalidad de Stravinsky. Más que desafiar géneros, desobedece disciplinas: el flamenco se disuelve en éxtasis barroco. Björk y Yves Tumor no actúan como invitados, sino como fuerzas tectónicas que empujan la canción hacia el colapso. El resultado es un aquelarre espiritual: desbordante, absurdo, inevitable. – Álvaro García Montoliu



3. Ela Minus – QQQQ

“Que se acabe aquí”, repite una y otra vez Ela Minus, cantante y productora colombiana equidistante de techno y pop, en una canción que no querrías que acabara nunca. Nos habla sugestivamente sobre el fin de los tiempos, sobre la frustración ante el triunfo del sinsentido, el modo en que el mundo parece retroceder en tantos sentidos en lugar de avanzar del mejor modo posible. Apoyada en una producción potente, rugosa, densa, Minus propone una visión personalísima del himno house. – Juan Manuel Freire



2. Addison Rae – Aquamarine

En el primer álbum de Rae hay hits para dar y tomar, pero quizá la propuesta más irrechazable sea este corte de pulso deep house como salido del “Ray Of Light” de Madonna. Según ha explicado la artista, se trata de un intento (exitoso) de hacer una canción que contenga la belleza del color (y la palabra) aguamarina. Grandes figuras han dado su aprobación al tema: Lady Gaga lo usó en un vídeo de TikTok y Arca lanzó una remezcla llamada, claro está, “Arcamarine”, de ritmo ralentizado y atmósfera oscura. – Juan Manuel Freire



1. Bad Bunny – BAILE INoLVIDABLE

Otro de esos momentos perfectos de fusión entre los ritmos locales de Puerto Rico y los avances electrónicos para Bad Bunny, con MAG y Elikai firmando una intro progresiva y sintética y una construcción orgánica de salsa en la que los jóvenes de la Escuela Libre de Música de Puerto Rico reinterpretan un collage de microhomenajes al legado salsero, con muestras inspiradas en Héctor Lavoe, Willie Colón o Los Bravos de Panamá. De nuevo, continuación espiritual de lo ofrecido en “Un verano sin ti”: de “Enséñame a bailar” a “Me enseñaste a bailar” hay, eso sí, un giro hacia una cierta melancolía. – Diego Rubio


Foto: Ethan James Green

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