Los mejores discos de 2025
Rosalía, FKA twigs, Bad Bunny, Amaia, Addison Rae, Lady Gaga, Zahara, PinkPantheress, Guitarricadelafuente…
Publicación: | Por Santander SMUSIC
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En 2025 no ha habido una narrativa dominante, sino una coexistencia de sensibilidades opuestas: lo íntimo y minimalista convive con un regreso controlado al maximalismo pop. Artistas como Lady Gaga, PinkPantheress, Zahara o Bad Bunny han sabido moverse entre ambos polos, creando obras híbridas y difíciles de etiquetar. Esta selección reúne quince discos que destacan tanto por su calidad como por lo que revelan del presente. – Álvaro García Montoliu
15. Zahara – Lento ternura
Zahara se despoja del dramatismo directo de “PUTA” y se adentra en un minimalismo emocional punzante. Sin guitarras ni himnos explícitos, “Lento ternura” es un disco íntimo, electrónico, que disecciona el amor sin ornamentos. “Nuestro amor” presenta la relación sana como un ritual cotidiano; “Quién dijo” explora su reverso tóxico, con un desapego doloroso. Más que una ruptura estética, el álbum es una redefinición radical de la independencia creativa: una vulnerabilidad sonora que implica al oyente sin pedirle adhesión inmediata. – Álvaro García Montoliu
14. Lady Gaga – MAYHEM
“Mayhem” promete caos, pero entrega contención. Gaga retoma su lenguaje electro-pop con precisión quirúrgica, más en control que en combustión. “Abracabadra” y “Disease” rozan el delirio esperado, pero el resto del disco se mueve entre el funk elegante de “Killah”, el pop satinado de “How Bad Do U Want Me” y la nostalgia manufacturada. “Mayhem” es un disco que seduce con referencias y que muestra a Gaga como alquimista emocional: desquiciada, lúcida y en pleno dominio de su arte. – Álvaro García Montoliu
13. Maria Somerville – Luster
En “Luster”, Maria Somerville canaliza la melancolía brumosa del oeste irlandés en un lenguaje sónico que funde folk espectral, shoegaze etéreo y electrónica doméstica. Lejos del pastiche, su sonido emana una intimidad casi táctil: guitarras sumergidas en delay, ritmos que parecen respirar a través de las paredes, voces que susurran como si conjuraran fantasmas. Somerville captura lo intangible con una paleta que recuerda a Grouper o Jonnine, pero filtrada por la mitología de Connemara. – Álvaro García Montoliu
12. Amaia – Si abro los ojos no es real
Amaia canta como si soñara despierta, flotando entre lo doméstico y lo onírico. “Si abro los ojos no es real” es un disco íntimo, sin dramatismos, pero cargado de verdad emocional. “Reina sin reino” y “La casa de mi abuela” trazan mapas de infancia, feminidad y pérdida con una delicadeza que estremece. La producción es minimalista, casi invisible, dejando que las melodías respiren. En lugar de competir por atención, invita a mirar hacia adentro. Su pop es un refugio, un sueño que no se quiere terminar. – Álvaro García Montoliu
11. Lily Allen – West End Girl
Después de ocho años sin álbum, la artista británica ha sorprendido a propios y extraños con “West End Girl”, inspirado y catártico repaso en clave musical a la disolución de su matrimonio con David Harbour. Ella lo llama “autoficción”, porque se ha tomado libertades, pero el poso biográfico es claro. Lo más importante, sea como sea, es que estas verdades llegan en forma de grandes temas pop. – Juan Manuel Freire
10. The Weeknd – Hurry Up Tomorrow
En “Hurry Up Tomorrow”, el que podría ser el último disco de un proyecto emblemático, The Weeknd nos invita a sumergirnos en un repertorio denso (22 cortes, 84 minutos), chequear su química con sus numerosos invitados o saber qué clase de asuntos existenciales han cruzado últimamente la cabeza de este explorador del R&B-pop. – Juan Manuel Freire
9. Guitarricadelafuente – Spanish Leather
Álvaro Lafuente no revive el folclore: lo descompone, lo erotiza y lo convierte en un espacio afectivo para el deseo contemporáneo. “Spanish Leather” trenza coplas, autotune y jotas como si fueran fibras de un cuerpo queer, vulnerable pero firme. La guitarra dialoga con beats sutiles y atmósferas digitales, mientras la voz narra amores que duelen y excitan. Aquí, el cante castizo ya no representa la patria cerrada, sino un campo de batalla emocional donde lo tradicional se abre a lo queer, lo íntimo, lo huidizo. – Álvaro García Montoliu
8. PinkPantheress – Fancy That
Con “Fancy That”, PinkPantheress alcanza su forma más radical: miniaturas sónicas que codifican adolescencia, rave y melancolía en dos minutos afilados. Lejos de ser pastiche Y2K, este álbum reordena el hardcore continuum como caja de recuerdos glitch: William Orbit, Underworld, Jessica Simpson... todo filtrado por una sensibilidad de arqueóloga pop con ansiedad digital. “Girl Like Me” y “Stateside” funden hiperpop y spoken word emocional, mientras “Illegal” habita la rave como espectro dolido. – Álvaro García Montoliu
7. rusowsky – DAISY
Tras años de expectación y una sucesión de sencillos que han marcado la escena del pop alternativo español, rusowsky ha presentado finalmente este año su primer álbum de estudio, “Daisy”. Ruslan Mediavilla, criado en Fuenlabrada con raíces bielorrusas, ha encontrado en su habitación un laboratorio creativo, donde combina su formación clásica con sonidos contemporáneos, dando lugar a un estilo único que fusiona el bedroom pop con elementos de R&B, reggaetón, techno, hip hop o jazz. – Marta España
6. Pulp – More
“More”, el octavo álbum de Pulp, la icónica banda de Jarvis Cocker, ha llegado tras 24 años de silencio y nos los presenta en una inquieta y lúcida madurez, manteniendo su mejor nivel y demostrando que otro pop de la mediana edad es posible con un disco en el que aparentemente no hay hits, pero es un grower. – David Sequeda
5. Addison Rae – Addison
Contra todo pronóstico, “Addison” de Addison Rae resulta uno de los debuts pop más fascinantes de la década. Concebido sin baladas, sin colaboradores y sin productores hombres, el disco es una declaración de independencia creativa. Rae, junto a Elvira Anderfjärd y Luka Kloser, explora sonidos como Jersey club, trip hop y bloghouse con una voz cruda, íntima y libre de artificios. Cada pista refleja intuición más que cálculo: de la ensoñación urbana de “New York” a la melancolía lo-fi de “Headphones On”, “Addison” evoca a Madonna o Grimes sin imitarlas. – Álvaro García Montoliu
4. Oklou – Choke Enough
Marylou Mayniel, con formación clásica y alma de archivista electrónica, condensa en trece temas producidos por A.G. Cook y Danny L Harle su sensibilidad post-Internet: trip-hop mutante, paisajes ambient, estructuras pop que se disuelven como vapor. Hay breakbeats fantasmas, armonías flotantes, voces autotuneadas que parecen rituales íntimos. Como Erika de Casier o ML Buch, rehúye la sobreexposición. “choke enough” es sutil, cerebral, profundamente bello y exige ser escuchado con devoción. – Álvaro García Montoliu
3. FKA twigs – EUSEXUA
En “EUSEXUA”, FKA twigs convierte el cuerpo en altar y el deseo en plegaria. El álbum es un rito sensual y místico, donde el susurro electrónico y los arpegios celestiales envuelven confesiones de carne y alma. Hay ASMR, club y flagelación emocional, todo fusionado en una liturgia postdigital. Cada canción es un conjuro: sagrado, doliente, profundamente íntimo. “EUSEXUA” no busca hits, sino éxtasis. Es música para escuchar con los ojos cerrados, como si el placer y la penitencia fueran parte de una misma comunión. – Álvaro García Montoliu
2. Rosalía – LUX
El cuarto álbum de Rosalía no es tanto una colección de canciones como un ritual sonoro. Brilla con una energía distinta, más mística que eléctrica, alimentada por la convicción más que por la moda. Si “Motomami” fue hipercontemporáneo, irónico, corporal y rítmico, “LUX” avanza al ritmo de la contemplación. Sustituye el pulso urbano por el ascenso de las orquestas; los ganchos inmediatos por melodías extensas, casi operísticas. Escucharlo implica regresar a la idea del álbum como obra total, como una arquitectura sonora ambiciosa: la Sagrada Familia personal de Rosalía, tan excesiva como sagrada. – Álvaro García Montoliu
1. Bad Bunny – DeBÍ TiRAR MáS FOToS
Bad Bunny emerge como un archivista emocional del Caribe en su nuevo álbum: combina reggaetón espectral, salsa anacrónica y plena reconstruida para trazar un mapa afectivo de Puerto Rico desde la diáspora. Ecos de historia, resistencia y gentrificación atraviesan ritmos que suenan tanto a grabaciones de campo como a ficciones futuristas. Aquí, Benito deja de ser fenómeno para convertirse en médium de su memoria insular. Un disco que, lejos del trending, busca grabarse en la conciencia histórica. – Álvaro García Montoliu
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