Ariana Grande

Ariana Grande se despoja de la positividad en su nuevo álbum

La artista estadounidense acaba de lanzar “Petal”, su octavo disco

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En “Petal”, su octavo álbum, Ariana Grande cambia el brillo pop que caracteriza su proyecto por un sonido más oscuro y apagado, despojándose de la positividad a la que acostumbra para presentar su trabajo más crítico hasta la fecha. Publicado bajo su propio sello, Babydoll Music, reúne doce canciones en poco más de media hora, escritas y producidas casi por completo junto al sueco Ilya Salmanzadeh, con Max Martin firmando tres cortes. Es la continuación de “Eternal Sunshine” (2024), aunque suena mucho menos luminosa que aquel, como si fuera su reverso con un componente liminal.

Ese deje siniestro viene de que la artista elimina de este trabajo su elemento más característico: buena parte de la fama de Grande viene de lucir su voz, pero este álbum hace justo lo contrario. En “Sweetener” (2018) y “Thank U, Next” (2019) llenaba las canciones de belts, notas en un registro muy agudo y líneas vocales imposibles; “Positions” (2020) llevó ese instrumento a un R&B sedoso y cálido; y “Eternal Sunshine” (2024) envolvió su divorcio en un pop de aire disco, luminoso pese a la temática. En “Petal”, sin embargo, apenas levanta la voz. La mantiene casi siempre en un agudo susurrante que renuncia al vozarrón, un cambio que va de la mano de que sea su primer álbum en un sello propio: sin la presión del single radiofónico, se permite un tono más apagado y menos complaciente.


El título sale de la imagen de un pétalo que brota entre el asfalto, una cosa frágil que se abre paso donde no debería. A partir de ahí, Grande habla sobre todo de su relación con la fama, con los fans que la vigilan y con una prensa que lleva años opinando sobre su cuerpo y su vida. En la canción que da nombre al disco se declara harta “de imprimir fotos interminables de una vida que no es mía” y se pregunta de quién es la culpa de su malestar, “de la gente o de mi fama”, mientras retrata la incomodidad de convertir cada noche su dolor en un número que el público aplaude. Debajo, Salmanzadeh trabaja con un fondo turbio más cercano al R&B alternativo y al club que al pop de estadio, sobre el que superpone sus voces en capas que cubren cada canción como una bruma. Hay un aire de UK garage en “oh well”, líneas de sintetizador ásperas y desafinadas por todo el disco, un pulso espeso, casi de trip hop, en la canción titular, y guiños de cine de terror en “never get over me”. Cuesta no echar de menos sus habituales alardes vocales, pero hay algo magnético en oírla renunciar a ellos; el resultado es un disco frío, replegado y a propósito más pequeño que los anteriores.

Las letras, siendo un disco que parte del enfado hacia su figura pública, están llenas de fanfarronería y despecho. El primer sencillo, “hate that i made you love me”, publicado en mayo, reprocha a los fans su obsesión con una frialdad calculada. “like i do” suena sensual, pero cuando en el estribillo repite “nadie te folla como yo” lo hace con un tono tan gélido y posesivo que la frase deja de sonar a insinuación para sonar a amenaza. “oh well” se sacude a un ex con un “buena suerte de camino al infierno”. Y “stay”, coescrita con Max Martin, es de las pocas canciones en las que baja del todo la guardia desde una perspectiva romántica, y es además donde más suelta la voz en todo el álbum.

Grande publica “Petal” en plena gira de “Eternal Sunshine”, su primera en unos seis años, y pocos días después de demandar a unos hackers que habrían robado y vendido música suya inédita, algo que alimenta la imagen de artista harta de sentirse expuesta. Después de una nominación al Óscar y de decir que quería centrarse más en el cine, “Petal” la muestra decidida a seguir en el pop, pero a su manera, más pequeña, más rara y menos complaciente. Queda por ver si es un desvío puntual o el arranque de otra etapa.



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