charli xcx

“Music, Fashion, Film”, el rock según Charli XCX

La británica se pasa a las guitarras en su nuevo álbum, pero las usa con su propio estilo

| Por

En “Music, Fashion, Film”, Charli XCX deja a un lado los sintetizadores y el autotune de siempre y se pasa a las guitarras, algo que dejó claro hace unos meses, cuando anunció el lanzamiento de su nuevo LP. Su séptimo álbum incluye once canciones grabadas en unos diez días en el estudio Rue Boyer de París, junto a sus productores de confianza A. G. Cook y Finn Keane. Dura media hora escasa y tiene un acabado tosco a propósito, uno de los pocos puntos en común que tiene con su gran predecesor, “BRAT” (2024). El primer sencillo, “Rock Music”, anunciaba este giro con una declaración un tanto polémica de la británica: “creo que la pista de baile está muerta, así que ahora hacemos rock”. En realidad, de rock tiene poco, porque las guitarras son aquí un material que Cook y Keane moldean a su antojo.


No obstante, ese moldeado es lo más interesante del disco. Las guitarras rara vez suenan limpias: Cook y Keane las distorsionan, las saturan y las pasan por el mismo procesado digital que antes reservaban a los sintetizadores, de modo que suenan sucias y artificiales a la vez. Tampoco es el tratamiento habitual de una guitarra distorsionada, porque se procesa junto a la voz, se le añaden interferencias y cambios bruscos de tempo, o se satura tanto que deja de parecer una guitarra. Sin embargo, como casi todos los discos de XCX, es un álbum de contrastes. “Card Declined” arranca con un fuzz de tech-grunge y se abre luego hacia algo más melódico, mientras que “Yeah” reduce el rock a un riff de aire britpop mientras el tempo se arrastra y tartamudea. “I’m Afraid”, en cambio, descansa sobre una guitarra acústica desnuda, poco habitual en su repertorio, en el corte más crudo del álbum. Y por encima de todas, la voz de Charli aparece casi sin efectos, hablada y desganada, apática con su propia fama.

El contraste con “BRAT” es casi punto por punto. Donde aquel era ruidoso y de pista de baile, este resulta breve, replegado y guitarrero, y no es la primera vez que Charli levanta un disco por oposición al anterior. En 2020, “how i'm feeling now”, grabado sola durante el confinamiento, respondió con crudeza casera al pulido y lleno de invitados “Charli” (2019); en 2022, “Crash” viró hacia un pop de gran sello, brillante y calculado. Aquí reacciona contra el fulgor de “BRAT” y se reencuentra con el pop de guitarras de “Sucker” (2014). El título, por su parte, enumera sus tres obsesiones creativas, la música, la moda y el cine, muy ligadas a su reciente salto a la interpretación y a la banda sonora de “Wuthering Heights” (2026). La portada en blanco y negro de Aidan Zamiri lo resume con una imagen de la que ella está ausente: reúne en una cocina al músico John Cale, al diseñador Marc Jacobs y al cineasta Martin Scorsese, uno por cada disciplina.


Bajo ese armazón, las canciones hablan sobre todo de ella misma. “SS26” cruza el desfile de moda con el fin del mundo (“nada va a salvarnos, ni la música, ni la moda, ni el cine”) sobre unas guitarras que arrancan tímidas y acaban embarradas. “Camera” cuenta cómo descubrió la interpretación y el miedo a “querer ser una chica en la pantalla a punto de cumplir 34 años”, con un estribillo que de pronto se ilumina. “I'm Afraid” confiesa el temor a arruinar su matrimonio, y “Magic Metal Montana” es un homenaje declarado a A. G. Cook, con quien trabaja desde sus comienzos.


El disco termina con “No One Lasts Forever”, donde el cineasta David Cronenberg, única voz invitada, relata en un monólogo cómo, tras caer un día en plena calle, se acordó de las personas y de la vida y no de su obra. Esa idea de que ningún creador perdura deja el conjunto en un tono más grave del que su aparente nihilismo parecía inspirar. Las canciones de Charli casi siempre esconden más mensaje del que aparentan.

Foto: Aidan Zamiri

Disfruta del 100% de las ventajas de SMUSIC haciéndote cliente Santander aquí