Romy por Vic Lentaigne

Entrevista a Romy tras el lanzamiento de 'Mid Air'

Música emocional con la que bailar

Durante la eternidad oceánica que separa “I See You” (2017) –el tercer y último disco de The xx– y la actualidad, Romy ha ido configurando su identidad musical como solista ajena al trío que le dio fama mundial, que cuajó un sonido mil veces copiado pero nunca superado y alcanzó estatus de icono generacional. En su debut en solitario, Romy Madley-Croft podría haber seguido encarnando el papel con timidez, escondida en una coraza tras el micro con su mejor amiga, la guitarra. Cómo no, su aventura como solista solo podía emprenderla con cautela, pero jamás sin perder esa capacidad de sorpresa que encarnó en un grupo que, pese a contar con un ADN musical instantáneamente reconocible, siempre supo crecer por los lados.

Cabe recordar que, antes incluso del lanzamiento de este álbum de debut, “Mid Air” (Young-Popstock!, 2023), y de los sencillos que le precedieron –entre ellos la euforia eurodance de “Stronger”, uno de los mayores himnos electrónicos que la música ha regalado a la comunidad LGBTQ+ en los últimos años–, Romy ya trabajaba como compositora para estrellas pop como Dua Lipa, Kelela y King Princess. Así que cuando por fin se decidió a salir del armario en septiembre de 2020 con “Lifetime” (este paralelismo lo hace ella, no yo), un single de debut bañado en neón y de éxtasis maximalista más cerca de Culture Beat que de Everything But The Girl, todo ello se sintió como aquel giro de guion que nadie esperaba pero que hacía que todas las piezas del puzle encajasen. ¿Cómo pudimos no hacer caso a las pistas, si ella siempre nos apuntó hacia esa dirección?

Aunque “Lifetime” fue un himno dance pandémico, la génesis de este proyecto se alarga aún más en el tiempo. Cuenta Romy que necesitó ganar confianza componiendo Pop con mayúscula para sus grandes actrices y también, claro, conocer a alguien que sacase lo mejor que retenía dentro. Ese alguien fue Fred again.., con quien estaba trabajando para aquellas artistas, pero también encontró seguridad en el material que acabó formando parte de “Mid Air”, empezando por una “Loveher” –y de ahí lo de la salida del armario– en la que por primera vez se refirió a un amor con pronombres femeninos.

En la víspera de su actuación en OffWeek, el pasado mes de junio en un hotel de Barcelona, compartimos con Romy media hora en la que se habló de un amor compartido por la electrónica comercial del cambio de milenio, la romantización adolescente de Ibiza, elecciones cromáticas, música emocional con la que bailar y, mmm, fútbol femenino.

Prácticamente toda tu vida has sido guitarrista, pero vas y lanzas un álbum de debut que es dance desatado, eufórico y maximalista.

El catalizador más importante a la hora de empezar este proyecto solista fue querer empezar a probar cosas nuevas, quería desafiarme a mí misma a hacer algo que sonase menos cómodo. Podría haber lanzado perfectamente un álbum de baladas tocadas con la guitarra y desde luego eso me hubiese tomado muchísimo menos tiempo. Eso hubiese sido jugar sobre seguro, lo esperado por todos. Pero había algo dentro de mí que me empujaba en la dirección opuesta y a explorar el otro lado de mis gustos, que es la música dance.

Cuando lanzaste “Lifetime” y la maravillosa playlist “Emotional Music To Dance To” en Spotify, un bote salvavidas durante el confinamiento, todo empezó a cuadrar. Así iba a sonar tu álbum de debut y contábamos las horas para que por fin saliese a la venta.

Cuando lancé “Lifetime” quería mostrar al mundo el tipo de música que me gusta hacer. Y esa playlist reúne todas mis referencias en materia dance. Para algunos fue inesperado, porque no sabían esa faceta de mí. Cosa que tiene sentido porque es bastante diferente de lo que venía haciendo con The xx. De todos modos, ese tipo de música ha formado parte de mí desde que era adolescente; simplemente aún no lo había compartido con el mundo.

Escuchar esa playlist para mí fue una revelación. Creo que ambos somos, año arriba, año abajo, de la misma generación, y estas eran las canciones que más reacciones me provocaban durante la adolescencia. Recuerdo grabarlas en cinta cuando sonaban en la radio y son las que más me hacían bailar –y emocionar– cuando iba a las discotecas. Porque, sí, creo que fuimos la última generación que aún podíamos salir de noche de adolescentes.

Para mí escuchar esa música, bailarla en clubes y luego grabarla en cintas fue una gran parte de mi vida durante la adolescencia. Empecé a salir de noche en Londres cuando tenía 16 años. Me alegraba que me pudiese colar siendo menor de edad. Todo eso me inspiró muchísimo, especialmente un club queer llamado The Ghetto que ahora hace años que ha cerrado y es una estación de tren. Ahí escuchaba música pop eufórica y gigantesca. Era música dance y trance y la escuchaba de una manera no irónica. Para mí era divertida y eso se quedó conmigo para siempre. Por eso años más tarde empecé a pinchar, escuché mucha de esa música y reconecté con la que ahora es mi mujer, Vic. Estuve en una relación con ella cuando tenía 19 años y ella 20 y escuchaba todo ese dance. Cuando volvimos a juntarnos una década después, compartimos todos esos momentos musicales que nos unieron al principio de nuestra relación. Me inspiró todo aquello, cómo reconecté con ella, la música que nos unía y cómo nos enamoramos de nuevo. Todo eso ha impactado líricamente en este álbum.

Me gusta que digas que disfrutabas de esa música sin ironía porque por aquella época y sobre todo ya en los dosmil el trance y la música dance comercial no era algo que se viese con buenos ojos. No ha sido hasta los últimos años cuando se ha aceptado por los “entendidos”.

Está claro, y me encanta que un montón de gente esté conectada con esa música ahora, aunque sea mainstream y quizá no se tome tan en serio. Me gusta saber que tú también disfrutaste de esa música sin ironías.

¿Qué buscas en la música para que te emocione?

La letra es una de las primeras cosas que escucho en una canción. Puedo escuchar cualquier género de música y, si conecto con sus letras, esa música me excitará. Pero si nos ponemos a hablar del trance tengo que destacar las profundas emociones que desprenden esas cuerdas, esos pads gigantescos, esos eufóricos sonidos arpegiados. Cuando combinas letras emocionantes con todo eso se convierte en algo muy especial.

Según las reglas retromaníacas de Simon Reynolds tiene todo el sentido del mundo que ahora, con treinta y tantos, nuestra cabeza y nuestros pies se vayan a la música que nos nutrió durante la adolescencia. ¿Crees que la nostalgia es un sentimiento positivo o algo que te puede lastrar?

Como DJ, cuando pincho una canción del pasado, me gusta inspeccionar al público, y si encuentro a alguien en plan “oh, yo conocía esa canción” para mí es un sentimiento muy potente. Devolver a alguien un recuerdo, reconectar con un sentimiento. Está claro que muchas de mis referencias son nostálgicas, pero para este álbum quería tener un pie en el pasado y otro en el futuro. Quería que los sonidos fueran novedosos y que las letras tuvieran una perspectiva fresca.

Para mí, la nostalgia puede ser muy poderosa precisamente por lo que me dices. Cuando me puse por primera vez esa playlist y sonaron canciones que tenía prácticamente olvidadas como “Touch Me”, de Rui Da Silva, y “Another Chance”, de Roger Sanchez, la reacción fue bestial.

Esas son dos de mis canciones favoritas y, sí, está claro que en ellas hay algo profundamente emocional.

¿Cómo fue el flujo de trabajo con Fred again.. y Stuart Price?

La mayoría de las canciones empezaron siendo compuestas por mí y Fred; le puse muchas de las referencias que están en esa playlist. Él fue capaz de partir de esas inspiraciones y crear una música que me emocionó crear. Este proyecto me llevó tanto tiempo porque mi instinto me decía que quería hacer ese tipo de música durante mucho tiempo. Luego la quise llevar a diversos colaboradores para ver qué podía salir de ahí, explorar y ver si estaba segura de que quería hacer eso. Eso fue como un viaje y me llevó mucho tiempo. Pero me sirvió para darme cuenta de que teníamos entre manos algo muy potente. Para mí, la producción de “Confessions On A Dance Floor” (2005), de Madonna, hecha por Stuart Price es una favorita de todos los tiempos. Alguien me dijo que por qué no hablaba con él. Tuvimos una conversación alucinante y nos llevamos muy bien. Quería participar en el proyecto y le reproduje todo lo que Fred y yo habíamos hecho. Él consiguió evolucionar los tracks, acabar lo que habíamos empezado.

Tengo varias favoritas en el álbum, entre ellas “Loveher”. Tiene un desarrollo sencillamente impresionante. Juzgando solo sus primeros compases, no te esperas cómo va a explotar.

“Loveher” es la primera canción que Fred y yo hicimos cuando empezamos a trabajar juntos. Nosotros nos conocimos componiendo música para otras personas, porque cuando estaba fuera de The xx no estaba preparada para tener un proyecto solista. Por entonces, él tampoco había lanzado su música en solitario. Una vez creé una canción para un tercero y alguien me dijo: “¿Estás segura de que la quieres dar?”. De ahí salió “Loveher”. Todo ese proceso se puede escuchar en la canción, dejamos los micros abiertos y en un momento se me puede escuchar decirle a Fred que si puede subir un poco el volumen. Se me escucha nerviosa y hay un trato cordial entre los dos, como si nos estuviésemos empezando a conocer. Quería comenzar el álbum así, porque así es como empecé el proyecto. Quería que los fans me siguieran en el viaje que emprendí para crear este disco.

Otra absoluta favorita es “The Sea”. Se alimenta de esa romantización adolescente de la Isla Blanca y una glamurización de sus iconos, como las cerezas de la discoteca Pachá. Además, su melodía es insanamente pegadiza, la tengo instalada en la cabeza desde hace días.

Cuando era adolescente me creé una especie de idea fantasiosa de lo que era Ibiza, toda su cultura de clubes, la historia que hay detrás de ella. Muchos de los clásicos de la música dance que llegaron al Reino Unido venían de ahí. En esa canción referencio mi imaginación. Fred y yo teníamos las melodías vocales, pero yo no contaba con una letra. Entonces escuché una demo durante el aniversario de Oliver (se refiere a Oliver Sim, vocalista de The xx) en Ibiza y quería que las letras fueran específicas al agua, a la isla… Toda la inspiración lírica vino de ahí.

¿Cómo conseguiste que Beverly Glenn-Copeland, un icono queer cada vez más referenciado en los últimos años, aprobase el sample que aparece en “Enjoy Your Life”?

Fue a través de Robyn, que es una artista alucinante que admiro muchísimo. He tenido la suerte de poder pasar un tiempo con ella y es una persona encantadora y siempre ha apoyado mi proyecto. Estaba con ella en Suecia antes de la pandemia y me dijo que si quería ir a un concierto de Beverly Glenn-Copeland, al que no conocía de nada. Pero era Robyn quien me lo preguntaba, ¡así que claro que quería ir! Fue muy inspirador escuchar su música, sobre todo la letra “mi madre dice que disfrutes la vida” de su canción “La vita”. Esa letra me habló de una manera potente y directa, y de ahí salió la canción. Nunca me imaginé que él estaría de acuerdo en que samplease su voz, pero le estoy eternamente agradecida.

“Loveher” y otras canciones aluden directa o indirectamente a tu mujer. ¿Este es un álbum completamente autobiográfico?

Sí, era una oportunidad muy divertida de ser muy honesta, ser más visible y representar el enamoramiento con mi mujer. Fue una manera de ser más personal y de quitar la barrera que hay entre mis personas sobre el escenario y fuera de él. Con The xx siempre compartíamos la historia en la canción, y eso me encanta. Oliver escribía la letra y yo me inspiraba por ello, así que para este álbum solista tenía la posibilidad de escribir mi propia historia de principio a fin.

Tu mujer también dirige el videoclip de este single. ¿Cómo conectan vuestras visiones?

Empezamos a trabajar juntas durante el confinamiento, cuando lancé “Lifetime”. La nuestra siempre ha sido una relación muy natural, me gusta lo mucho que me conoce y también cómo profundiza en lo que inspiran mis canciones. Ella fue capaz de ir a ese lugar más profundo con los vídeos. En el vídeo de “Strong” estoy abrazando a mi primo, que es una de las inspiraciones para la letra, y vi cómo gestionó el luto de la muerte de su madre, y yo pasé por algo similar. Vic pensó que si los dos habíamos pasado por lo mismo por qué no tenerlo en el vídeo. Es una idea buenísima que yo no podría haber tenido.

Como líder de The xx siempre apostaste por el negro, lo cual encaja con la identidad de la banda, pero en tus sesiones, las fotos promocionales y la gráfica del álbum y los singles has apostado por una explosión de color. ¿Con qué paleta de color te identificas más?

Supongo que este proyecto está más ligado a colores de neón, y se puede ver en las portadas de los singles. El verde y el rosa, especialmente. Trabajé con Texas Maragh, diseñadora gráfica de XL Recordings. Ella se rió cuando propuse esa paleta cromática, porque es exactamente la que llevo siempre en mi ropa.

También había algo de timidez en tus primeras actuaciones con The xx, mientras que en las sesiones de DJ tu actitud es superextrovertida, con mucho baile.

Ha sido una evolución lenta en la que me he ido deshaciendo de la conciencia de una misma. Recuerdo que cuando era una adolescente me encantaba estar en los clubes, pero no me sentía cómoda bailando en ellos, tenía mucha conciencia de mí misma. Por eso me gusta tanto estar detrás de los platos, porque me permite conectar con el público y ser parte de la pista de baile sin bailar. Ahora que soy un poco más mayor, solo quiero disfrutar de la música y pasármelo mejor con ella. De una manera natural empecé a bailar y eso ha sido bastante diferente de cómo actuaba encima del escenario en el pasado. Creo que tiene que ver con crecer, simplemente eso.

Hasta ahora la mayoría de tus actuaciones en solitario han sido pinchando. ¿Cómo visualizas tu primera gira propiamente dicha tras el lanzamiento del álbum?

Me encanta pinchar, pero echo de menos cantar. Una de las cosas que más amo es conectar con el público y conmigo misma a través de mi voz. Estoy pensando en un híbrido entre pinchar, tocar en directo con instrumentación electrónica en vivo y cantando. Es algo que hice en Coachella y me destrozó los nervios hacerlo en un festival tan grande. Pero fue muy divertido y quiero plantear una gira así una vez salga el álbum. Es la manera de presentarlo apropiadamente.

Hay un contraste enorme entre las canciones sobre desamor que cantabas en The xx y la idea de amor perdurable que se extiende por todo el nuevo álbum. ¡Nos alegra verte feliz por fin!

Durante el proceso de este álbum reconecté con alguien a quien tanto amé en el pasado, y quería capturar en el disco ese sentimiento de enamorarse. No quería ser hortera mostrando los lados positivos del amor, pero después de escribir tantas canciones sobre tener el corazón roto era todo un desafío centrarme en la positividad. Fue un proceso muy divertido.

Durante el confinamiento dejaste Londres para instalarte en East Sussex, lo que te ha aportado una vida más tranquila y conecta con esa idea de huir al campo que muchos tuvimos tras la pandemia.

Crecí en Londres y he estado acostumbrada toda mi vida a vivir en la ciudad. Mi mujer, en cambio, creció en el campo. Nos dimos cuenta durante el confinamiento en Londres y cuando los sitios se empezaron a abrir; queríamos ir de paseo por el campo y conectar con la naturaleza. Tener ese espacio, esa quietud. Me di cuenta de lo mucho que me gustaba, era algo que no supe apreciar antes. Fue genial tener esa nueva experiencia, algo opuesto a pinchar. Me gusta el contraste entre estar en un ambiente ruidoso y energético como puede ser una pista de baile y luego poder relajarme en la naturaleza. Además, puedo llegar a Londres muy rápido para ver a mis amigos y familia. Me gusta tener ese equilibrio.

Permíteme una última pregunta: ¿cómo empezó todo eso de Whippets FC y crear un equipo de fútbol?

Soy muy fan del fútbol. Desde el Mundial de 2018 masculino, que lo vi con mis amigas y disfruté mucho con ello... De pequeña era una gran hincha del fútbol, pero con el paso del tiempo me desconecté. Una amiga estaba empezando un equipo y me dijo que yo estaría en él. Fue alucinante. Vic también forma parte del equipo y eso es una parte importante de nuestra relación. El fútbol me ha permitido conocer a mucha gente de diversos perfiles y oficios. El fútbol y la música actúan de formas similares: son maneras de conectar a gente de diversa índole. Es alucinante lo mucho que ha cambiado el fútbol femenino en los últimos cinco años. ¡Me encantaría ir a un partido de fútbol del F. C. Barcelona! ¡Dos inglesas ficharon el año pasado por el Barça, Lucy Bronze y Keira Walsh!


Entrevista por Álvaro García Montoliu || Fotos: Vic Lentaigne

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