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Rusia-IDK: El sello discográfico de moda

Conoce a todos los artistas que están en boca de todos

Es uno de los secretos a voces mejor guardados de Madrid. Una factoría misteriosa de pop de vanguardia que ha logrado, en apenas cinco años –los primeros sencillos lanzados “oficialmente” por el “sello” se remontan a 2019–, atraer la atención de lo más granado del panorama musical mundial. Un colectivo multidisciplinar que extiende sus dendritas hacia los terrenos del arte visual o de la moda –han colaborado estrechamente con Boltad, el proyecto del diseñador madrileño Alberto Martín que acaba de proclamarse ganador del 20º Mercedes Benz Fashion Talent–. Un caso de éxito creativo y empresarial de los que no acostumbran a suceder. Pero, en el fondo, rusia-idk es mucho más. Lo que han logrado lo han logrado desde la convicción absoluta en su forma de entender las tendencias, con una visión fuertemente globalizada que, sin embargo, no puede entenderse sin la síntesis de lo local, sin una brillantísima capacidad para la filtración de códigos hacia un imaginario genuinamente propio pero al mismo tiempo absolutamente universal.

Devoradores de ritmos, de estilos, de sonidos, sus miembros han adoptado el collage y un ánimo casi sampledélico como principal herramienta para ir dando cabida a todas sus fantasías y, sobre todo, para ir apuntalando un sonido propio que no solo funciona y se retroalimenta de puertas para adentro, sino que también ha sabido expandirse y generar un ecosistema de colaboradores que profesan su gamberrada hipersensible: el primero fue un C. Tangana siempre despierto –que contó con Rusowsky para “Bien:(”, uno de sus temas pandémicos–, pero después han venido Dinamarca, Amore, Teo Planell, Barry B, Teo Lucadamo, Saramalacara, Çantamarta, Pedraxe, Kimberley Tell, D3llano, Chill Chicos… y, más recientemente y al hilo de la explosión de Ralphie Choo, Judeline, Dellafuente, Mura Masa o Paris Texas. Aspiran, y no les da miedo reconocerlo, a convertirse en unos Year001, el sello/colectivo configurado en torno a Yung Lean, y van por el camino de conseguirlo. Pero ¿quién es quién en rusia-idk?

rusowsky

Ideólogo y padre espiritual del sello/colectivo, Ruslán Mediavilla, de 24 años y nacido en Fuenlabrada, viene de una formación clásica y de una amplia trayectoria de conservatorio, lo que le ha permitido irse vistiendo distintas pieles artísticas para terminar de confirmar el espíritu camaleónico de rusia-idk. Sus primeros pasos encima del escenario los dio como parte de un grupo de jazz y poco a poco, desde 2018, empezó a investigar por su cuenta la producción con el ordenador hasta dar con algo parecido a un sonido propio que entroncaba con una nueva ola de bedroom pop que comenzaba a reflotar por entonces –con Boy Pablo, Cuco, Clairo, Gus Dapperton o Yellow Days confirmando lo que ya avisaban proyectos como Wallows, Frankie Cosmos, Joji, Rex Orange County, Sales o Jakob Ogawa, una explosión que venía lógicamente de la música de Mac Demarco, de Alex G, de Elvis Depressedly o de Ricky Eat Acid, un lenguaje que siempre se entendió con las alternativas hip-hop de Tyler, The Creator o de Frank Ocean–. En ese momento en el que destaca gracias a un tema como “So So”, que le sitúa definitivamente en el mapa del underground, fue uno con mori y lograron hacerse un espacio en el circuito como rara avis: coqueteaban con la electrónica, subvertían referencias populares y reconstruían sin complejos distintos géneros, definiendo una línea de trabajo que conseguirá sobrevivir y reinventarse tras el colapso del bedroom pop. Las imposiciones de los confinamientos alentaron al estilo, y C. Tangana echó mano de rusowsky para producir “Bien:(”, el tema que daba nombre a su EP pandémico, pero la descompresión posterior comenzó a provocar una verdadera desbandada que en rusia-idk aprovecharon para consolidar su sonido, retratado a la perfección en la progresión de sencillos de Rus, de los coqueteos hyperpop de “B.I.L.L.” al progresivo sutil de “pikito”, de los aires glitchy de “GOOFY” a la vuelta al minimalismo con “LOTO”. O, claro, al reguetoncito de “mwah :3”: una línea roja cruzada con el género que demuestra que los complejos y los prejuicios hace tiempo que volaron y que le ha servido para desplegar el espectacular acústico de Gallery Sessions, acompañado de dos violines, un chelo, un fagot y un clarinete.

Ralphie Choo

Juan Casado también empezó, como todos los cantantes de rusia-idk, asociado al bedroom pop, siguiendo en su caso particular una línea muy lo-fi que se puede relacionar con el sonido de Cráneo y Lasser. Pero confiesa que tras conocer a Rus –con el que comparte “Dolores”, de alguna manera el verdadero principio de todo– todo cambia: su mente se abre y comienza a entender, entre experimentos electrónicos, minimalismo, hipersensibilidad y una obsesión casi enfermiza por las texturas, a qué quiere sonar. La primera muestra sólida es “Lamento de una supernova”, un tema que entronca la rumba y el breakbeat y en el que ya convivían, escondidas entre los recovecos, sonoridades que recordaban a Rosalía, a C. Tangana, a Dellafuente. A Burial y a James Blake. Tras una serie de impresionantes divertimentos de los de hacer piña, repasando en todas direcciones las líneas del pentáculo que forma el colectivo –“ROOKIES” o esa oda maximalista al collage que es “VALENTINO” y que podría funcionar como himno de la casa–, Ralphie Choo enfiló con decisión el camino largo y ha terminado siendo el primer rusia en publicar su debut discográfico, “Supernova” –uno de los trabajos más destacados del año– con la división internacional de Warner Music. Pero el camino no ha sido sino una montaña rusa de emociones que le ha convertido en una estrella más allá de nuestras fronteras con participaciones en COLORS, fuertemente vigilado por Pitchfork y tentado por innumerables sellos internacionales. El futuro de nuestro pop es muy “choo-choo-chooli”.

TRISTÁN!

Minimalismo, sensibilidad, voces angelicales, actitud collagista, texturización electrónica y bucles de sintetizadores brumosos, meditabundos y tristones. Los ingredientes de la fórmula rusia-idk parecen claros y son reconocibles a través de sus referencias. Pero cada arista es un mundo. Y la más reciente –y joven, tan solo tiene 19 años– es Tristán Rodríguez. Debutó en el sello con “Amiga” el pasado año, y desde entonces ha colaborado con miembros como mori –en su versión conjunta del “Tenía tanto que darte” de Nena Daconte– y rusowsky –en la abstracción que es “GOOFY”–, dando paso a paso en su concepción deliberadamente “ñoña” de la canción pop. ¿Las cumbres de TRISTÁN!? “Osaka”, en la que las voces elevan la épica desnuda de la canción como pajarillos e insectos campando a sus anchas en un jardín japonés, y la recién estrenada “CHICA BONITA”, que parece salida de una brecha espacio-temporal.

mori

Hubo un tiempo en el que mori, acrónimo artístico de Martín Moreno Rivera, ejerció como cabeza visible de rusia-idk, girando mano a mano con rusowsky y logrando calar en la escena con un primer sencillo que sorprendió a propios ajenos por su especial autenticidad, “q no”. Pero él mismo rechazó siempre ese tema –ha confesado varias veces que su plan inicial era borrarlo pasados dos años, cuando la cosa empezara a ir bien– y se ha esforzado, pese a colaboraciones que en su momento le situaban en el spotlight como “vanish” con $kyhook, “Shame” con InnerCut o “llueve” con Natalia Lacunza, en fintar las expectativas, rebajando inteligentemente el hype y permitiéndose experimentar y encontrar su sonido propio con calma, tranquilidad y libertad, atendiendo bien de cerca al subidón de repercusión que ha vivido rusia-idk tras el fenómeno Ralphie Choo. Es difícil adivinar sus planes de futuro, pero su presente pasa por confirmarse como el gran melancólico del sello, con su voz hipertratada y susurradísima tratando de hacerse hueco entre perversiones digitales como las de “i2i” o entre truquillos hyperpop en “BEATDROP”, producida por TRISTÁN!.

DRUMMIE

Aunque todos en rusia-idk producen sus propias canciones e incluso ejercen de productores para otros artistas –Ralphie Choo, por ejemplo, está detrás de “Feria Lo Pagán” de Amore, de “EN EL CIELO” de Judeline y de varios temas en “soñao” (STAYCORE, 2023), el álbum de Dinamarca, o en el “Lágrimas pa otro día” de Dellafuente–, DRUMMIE, nombre en clave de Andrés de las Heras aka Andrés3000, vendría a ser el productor con mayúsculas del colectivo. Por sus manos han pasado sus canciones más memorables, de hecho, pero además ha sido fundamental en ir reforzando la afinidad de otros artistas con sus maquinarias y formas de trabajar, como sucede con Barry B. Productor de cabecera de Ralphie Choo, con él definió lo que terminaría convirtiéndose en “Supernova” desde un retiro rural: tracks que le han valido el reconocimiento mundial como “Tangos de una moto trucada” o “Bulerías de un caballo malo”. Desde entonces le han reclamado para muchísimos trabajos de altura, pero destacan dos por encima de todo: “steak tar tar”, la incursión clubber de las shego, y el último disco de Tainy, “DATA” (NEON16, 2023), en el que ha participado de la mano de Judeline.


Escrito por Diego Rubio || Fotos: Drummie (@_drummie) y Sergy García


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