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Entrevista a Samantha Hudson tras un 2023 de éxitos

“Soy la guionista de mi vida y la mártir de mis pasiones”


Con “Maricón”, Samantha Hudson se hizo un hueco en YouTube. La escena virtual más underground que comenzaba a patentar el shitposting acogió el producto desde el poshumor, si bien la mayor parte de comentarios hacia el vídeo eran de índole peyorativa. Samantha se interesó por la música en el instituto, cuando no tenía conocimientos técnicos y sus únicas herramientas eran la grabadora del ordenador y los pianos infantiles. Cuando descubrió el electroclash, una puerta se abrió ante ella: era posible una nueva forma de creación a través del sarcasmo y la estética no normativa. La artista, que siempre se había considerado una superestrella en la sombra, empezaba a forjarse como una diva feísta en los márgenes.

Desde luego, en su discurso cabe desde el producto más underground hasta la manifestación más absorbida por el mainstream, desde la ovación a lo kitsch hasta la elegancia arcaica del teatro de variedades, de lo bimbo a lo cultivado y de lo barriobajero a la oratoria más académica. La artista encarna la disolución total entre la alta y la baja cultura propia del siglo XXI, desmontando cualquier argumento adorniano que se cruce en su camino. Tan irreverente como necesaria, la figura de Samantha Hudson nos demuestra, desde su nacimiento, que es posible otra forma de creación y que, si cualquier acto es político, posicionarse no debería ser tan complicado.

El pasado junio llevó al festival Sónar de Barcelona el espectáculo “AOVE BLACK LABEL” para presentar en directo su último trabajo, el EP “AOVE” (Subterfuge, 2023), con el que nos sonríe con deje sardónico a base de sonidos eurodance y ritmos bakala. Una misa contracultural en la que los salmos toman forma de meme y los feligreses provienen de una nueva generación de raveros. Dará continuación a este show con una gira que pasará por Sevilla (27 de octubre, Cartuja Cite), Granada (28 de octubre, Aliatar), Madrid (18 de noviembre, La Riviera), Barcelona (25 de noviembre, Razzmatazz), Pamplona (1 de diciembre, La Zentral), Vitoria (9 de diciembre, Jimmy Jazz) y Valencia (9 de febrero, Palau Alameda). Además, ha anunciado recientemente una extensión del EP, con tres temas extra, entre los que se incluye “Peluchito”, su último single.

“Maricón” la hiciste para para un trabajo de cultura audiovisual. ¿Cuál era la temática de ese trabajo?

El trabajo era hacer el vídeo y nos daban opciones infinitas en donde tú podías escoger hacer una cover o tirar la casa por la ventana y animarte a realizar esa canción. Más que una canción fue una odisea, porque luego se armó la marimorena.

En base a esa canción te excomulgaron, ¿no?

Sí, sí, me excomulgaron por haber hecho ese vídeo blasfemo. Y yo era creyente. No quizá demasiado católica, pero sí creía que había un Dios, no una fuerza suprema. Y me consolaba mucho. La Iglesia siempre me ha interesado mucho. La imaginería y todos esos referentes que estéticamente Putilatex también utiliza. O Lady Gaga en el videoclip de “Judas”. Yo tenía un combo explosivo y una serie de referencias que metí en una coctelera y agité muy fuerte hasta tener como resultado el esperpento antropogénico con el que estás conversando.

Y, ahora mismo, ¿sigues creyendo?

No sé, soy muy espiritual. Creo que ahora soy más mental, pero creo mucho en la espiritualidad y creo que realmente a la gente le puede servir de ayuda. Mi crítica y mi denuncia eran contra la institución, pero a mí la fe que tiene por ejemplo mi abuela Margarita me parece estupenda, y al final creo que rezarte un rosario es como bailar música electrónica a las tres de la madrugada. Son una serie de ritos, algunos monásticos, otros raveros, pero es un compás persistente que te eleva a un trance y supongo que una cosa lleva a la otra y se podría tildar incluso de metamorfosis.

La siguiente canción que publicaste fue “Superpreñada”, y ahí ya contaste con un productor.

Sí, era el novio de una amiga mía, de mi mejor amiga de aquel momento.

¿Cómo fue empezar a hacer música? Porque por aquellos entonces tú seguías viviendo en Mallorca. ¿Cómo de arropada te sentías haciendo algo tan irreverente dentro de un espacio donde esa escena no existía?

Yo no le daba muchas vueltas a eso porque tampoco tenía en mente quedarme en Mallorca. No tenía ningún destino tampoco, quizá porque estaba muy preocupada por sacar buenas notas y cumplir con los requerimientos académicos en ese momento. Siempre había sido muy deslenguada y era bastante conocida en el municipio, e incluso me atrevía a decir que en la isla entera, por ser una tía un poco estridente y excéntrica. Ya que esto me funcionaba, aunque solo viese repercusiones negativas, porque todo eran descalificativos, pues fui a sacarle rentabilidad o al menos canalizarlo a través de una vía artística.

¿Cuándo sentiste que dejabas de tener tantas críticas para empezar a escuchar a gente que te admiraba?

Yo creo que a raíz de la pandemia.

Fue bastante tarde, entonces.

Fue bastante tarde. Si lo miras desde 2015 es bastante reciente, pero desgraciadamente necesitas de un éxito meritocrático, o de cumplir con esa perspectiva capitalista, para que la gente ponga en valor tu trabajo. Hasta que no empiezas a hacer entrevistas, a salir en medios de comunicación o a participar de ciertos circuitos, la gente no te pone en una categoría que sea más bien respetuosa. Yo creo que era una tonta haciendo el ridículo a través de la visión de los demás. Siempre me he visto como una superestrella.

Tu personaje público siempre ha sido bastante reivindicativo. ¿Cómo es reivindicar algo desde la figura de la diva pop? La gente no te toma tan en serio…

Por una parte tienes el componente LGBT, que ya es un hándicap para que la gente te tome en serio. Luego el hecho de ser un artista underground y después el hecho de ser una persona femenina, que cuando eres una mujer cuesta el doble que te tomen en serio. Y si a eso le añades que todas mis letras eran evidentemente satíricas, era muy difícil que la gente te tomara en serio. Pero tampoco me preocupaba demasiado, porque para mí el absurdo es algo muy serio y el ridículo es una herramienta muy poderosa. Y así lo veía y así lo veré. Supongo que era yo remando a contracorriente y Samantha Hudson contra el resto del mundo. Igualmente sí que tenía mucha gente a favor y gente que valoraba mi trabajo, sobre todo personas familiarizadas con ese tipo de música y esa forma de componer. Y a mí me bastaba con ese diez por ciento.

Por parte de tu familia ¿tenías apoyo en tu música?

Digamos que no me apoyaban, pero tampoco me ponían barreras. No entendían nada de lo que estaba sucediendo ni por qué su hija se llamaba Samantha Hudson o por qué no les había dicho nada de ese vídeo. Ellos no me decían nada, a pesar de que yo creo que lo veían todo, pero no me pusieron ningún límite. Cuando decidí mudarme a Barcelona para probar suerte y convertirme en una vedete de éxito tenían miedo, pero también estaban contentas de que intentara independizarme. Me iban dando consejos para intentar evitar peligros o desilusiones o cualquier tipo de sensación negativa, pero yo siempre he ido muy a mi rollo.

¿Y tomaste alguno de los consejos que te dieron?

Yo confío en mis propuestas, me respeto muchísimo y eso implica también estar abierta al fracaso, concederme el derecho a equivocarme y a rectificar. También hacer algo que en un futuro ya no me guste, que es una parte muy importante del proceso creativo de un artista. El error, la equivocación, el ir probando, volver a empezar de cero… y que por desgracia se está perdiendo, porque con el ritmo que llevamos y la manera que tenemos de consumir y producir contenido, ahora es todo a uno. Todo lo que tienes lo apuestas a una sola oportunidad y parece que si no te va bien en ese momento ya no tienes más chance.

¿En qué ha cambiado tu forma de crear o de entender tu proyecto artístico desde que empezaste hasta ahora?

Quizá antes estaba más enfocado al show, a la puesta en escena. Tenía mucho del transformismo y el travestismo español. Realmente eso me ayudó a coger muchas tablas, porque una vez cantas encima de un taburete en un antro de mala muerte puedes enfrentarte a cualquier peligro. Supongo que también tenía ese componente más reivindicativo de hablar de lo que me pasaba en ese momento, que iba en consonancia con la ira y la rabia de un adolescente que estaba continuamente enfrentándose a marginaciones y rechazos. Iba descubriendo lo que es la identidad, lo que es la sexualidad y también componentes de clase, como canto en “Burguesa arruinada”. Ahora en el nuevo EP, en “AOVE”, hay una intención más de concierto, más bien de artista electrónica que lo que tiene que ofrecer es una producción musical. Y creo que hasta la fecha es la más ambiciosa que he llevado a cabo. Soy más musical y quizá no tan reivindicativa en ese aspecto. No es que no hable de cuestiones sociales, pero cuando eres una persona tan relegada a los márgenes en cierta manera ya estás haciendo un statement, un posicionamiento político al hacerle entender a la gente que no por ser un travesti o no por formar parte de la otredad ya eres automáticamente una caricatura o una pantomima. Ahora me apetece desenvolverme en esos términos y me siento más cantante y artista musical que, por ejemplo, performer.

¿Crees que eso tiene que ver con haber fichado por Subterfuge, que al final es un sello discográfico que se dedica a la música más que a cualquier otro tipo de espectáculo?

Supongo. Claro, pero también es una deriva natural, un proceso orgánico que pasamos todas. A veces eres de una manera y luego eres de otra. Ahora me siento más a gusto con una cosa más musical. Cada vez me interesa más la producción, entender cómo se construye una canción, cómo trasladas una melodía de un audio de WhatsApp a algo que suene bien en tu teléfono. Y, no sé, supongo que es otro punto distinto.

¿Sientes que formas parte de la misma escena que otros artistas considerados “indies” por la mayoría, que comenzaron su andadura con una visión claramente musical?

Quizá lo que se entiende por “indie” ahora no, que es como una banda. Yo me sigo viendo muy underground y creo que es un sitio desde el cual me siento a gusto trabajando, es lo que me representa. Me veo como una embajadora de los márgenes en el mainstream, más que un artista que ya ha pasado a otra categoría. Me gusta decir que siempre soy la reina de los bajos fondos, claro.

Aun así, la sensación que a mí me da es que en tu discurso hay muchas referencias hacia la cultura pop o la cultura mainstream.

Sí, sí. Debato mucho conmigo misma acerca de lo que se considera cultura y lo que no, y de cómo a unos productos culturales se les somete a un desprestigio y otros, por muy parecidos que sean, se colocan en un pedestal. Por ejemplo, las letras que hace La Zowi me parece que utilizan la misma retórica que Mecano. Lo único que cambia es la visión que tienen los demás. Y con el travestismo y la música que viene de los clubes LGBT, de las transformistas, ocurre lo mismo. No te digo que todos los productos musicales de ese ámbito sean excelentes, pero hay muchas letras que tienen mucho mérito y muchas puestas en escena que, si fueran hechas por otras artistas que están en esa categoría más normativa, estarían mejor consideradas. Por eso yo no hago esa distinción. A mí me inspiran las cosas, y lo que me gusta, me gusta de verdad. Me da igual si forma parte del pop que suena en la radio o si es un artista que lo que hace es sacar una motosierra y cortar un coche en un escenario en un antro de mala muerte. Yo valoro el producto y el contenido, no de dónde viene ni quién lo está haciendo.

Sí, aunque el mainstream asociado a la feminidad, todo lo bimbo y el concepto de tía chulísima puede ser empoderante, ¿hasta qué punto es un arma de doble filo?

Bueno, yo creo que en este caso es fundamental no olvidar que las personas que más misoginia sufren son las que más cumplen con los estándares de una feminidad hegemónica. Todas estamos bajo el mismo paraguas y bajo el yugo del mismo sistema, y las mismas estructuras de violencia nos oprimen a todas. También me parece una postura muy contraproducente pensar que por llevar una estética más masculinizada estás más empoderada. Es el discurso de “yo no soy como el resto de las chicas” y me parece muy dañino, porque a lo mejor te apetece ser una muñeca y estar operada y vestir de rosa, llevar un tinte rubio, pero eso no debería ser un medidor del respeto que mereces. También veo que se aprecia más la feminidad de una persona no binaria o queer que lleva esa estética y, en cambio, cuando una mujer cis lo hace, se le mira con la misma perspectiva misógina. Una, quizá por subversiva, está en una categoría mejor considerada y la otra, en cambio, como se supone que es lo que ha de ser, se percibe como una vendida o una alienada. Pero a mí me parece un discurso muy simplista y creo que se puede ser muy muñeca y estar muy formada y muy concienciada. Y, sobre todo, que se puede ser muy frívola y muy banal en lo que respecta a la estética y ser una persona como Dios manda y tener unos buenos valores.

¿Tú eres la misma persona en el foco que fuera de él?

Yo creo que nadie es la misma desde que se acuesta hasta que se levanta, varía mucho dependiendo de tres factores: la persona que eres tú, las personas con las que estás interactuando y el contexto en el que te encuentras. Eso tiene como resultado distintas facetas de un mismo carácter. Yo creo que soy auténtica y honesta en todas mis versiones, pero lógicamente no hablo igual en una entrevista que si estoy tumbada en el sofá con mis dos mejores amigas, aunque la verdad es que soy muy pedorra y estoy todo el rato con este léxico… Hablo entre una Inteligencia Artificial y una abuela de antaño. Quizá pueda parecer un personaje, o que estoy llevando a cabo un teatro, pero me parece ir en consonancia con lo que es la vida, porque para mí existir es un teatro. Cada una tenemos una personalidad que no es más que un guion sujeto a cambios. A veces son otras las personas que escriben ese guion y a veces somos nosotras mismas. Yo hace tiempo que me propuse ser la guionista de mi propia vida y me gusta ser la mártir de mis propias pasiones. Es una decisión muy premeditada el ser tan espontánea. También te digo, y como dije en “Viajando con Chester”, hay que ser muy lista para hacerse tanto la tonta. Soy muy consciente de todo lo que soy. Y, cuando eres tan consciente, supongo que lo puedes jugar a tu favor.

Me da la sensación de que muchas veces se entiende la figura de Samantha Hudson como un personaje. Y no sé si esto tiene que ver con que formas parte del colectivo queer y, a la mínima que una mujer o que una persona del colectivo forma un proyecto musical, se entiende que no es ella misma, que no es auténtica, o que todo es performance.

Yo creo que es una herramienta de la normatividad para deslegitimar las realidades disidentes. Cuando vives en un mundo tan aburrido, tan retrógrado y tan acotado, cualquier cosa que despunte en la menor medida se va a ver como una farsa, como una pantomima, como algo que no es real, para que toda esa gente se autoconvenza de que ellos están en el lado bueno de la historia y que el resto somos unos monstruos abominables. Es una herramienta de corrección social para decir que eso que estamos viendo, esa estridencia, esa excentricidad, no es más que un bulo, es algo que no existe de verdad, que están impostando. En cambio nosotras sí existimos de verdad, porque somos la esencia de ser una persona decente. Para mí Samantha Hudson es lo mismo que un ejecutivo que se pone un traje y una corbata para hacer su trabajo. Eso no es visto como un teatro, porque es lo que hay que ser: es lo que se dice un tipo, un señor elegante de los pies a la cabeza. En cambio, si te pones unas medias de rejilla y te pintas los labios, pues ya estás formando algo. Todo es un teatro, el género es performance, pero eso no lo hace menos real. O quizá lo puedas ver al revés y pensar que, como todo es mentira, cada cual miente a su gusto.

¿Hay algún momento en el que se deje de performar o incluso cuando estás solo con tus pensamientos sigues interpretando?

Si tengo una disyuntiva con alguna amiga a veces me pongo en frente de un espejo y me hablo como si fuera una tercera persona, o como si fuera la voz en off de una serie. Es un recurso que me es muy útil y me funciona. Como ya te decía, a veces eres más consciente de que estás escribiendo tu propio guion y otras veces, en cambio, simplemente te ciñes a lo que los directores, sea quien sea, han tramado para tu personaje.

¿Cómo llegas a Yoko Oginome y el city pop? ¿Cambió eso tu forma de entender la música con respecto a la concepción que tenías de ella cuando escuchabas electroclash?

Hubo una época, cuando vivía en Barcelona, que me dio mucho por el italo disco, por el city pop del Japón de los ochenta. Me gustaban muchos artistas como Yoko Oginome, Mariya Takeuchi, y me inspiraba mucho ese sonido. Para mí esa época fue una evolución del electroclash a esa cosa más como ochentera, disco, con esos sonidos burbujeantes de sintetizadores. Era la música que predominaba en mi imaginario por aquel entonces.

Una cosa que se suele recalcar es tu elocuencia. ¿Sientes que has desarrollado una buena oratoria porque todo lo que dices tiende a ser mirado con lupa?

No lo creo. Creo que es algo intrínseco en mí. De hecho en el instituto me encantaba hacer redacciones y me ganaba el corazón de todas las maestras porque era una alumna muy aplicada, también muy rebelde. Pero, bueno, si cumples con los parámetros académicos parece que ya contrarrestas todo lo demás. Podía ser una sinvergüenza en el patio y como luego sacaba sobresalientes no le daban importancia. Siempre me ha gustado hablar muy bien, y hablar muy bien también pasa por decir “cojones”, tacos y groserías varias. No tengo una perspectiva del lenguaje ni clasista, ni excluyente de cualquier tipo de expresión vulgar, o eso que se considera barriobajero. A mí me parece que el lenguaje es efectivo siempre que se haya conseguido transmitir el mensaje. Y si tú consigues transmitir un mensaje de manera efectiva usando vulgarismos y hablando de mala manera, pues para mí has hecho una tarea con éxito. También me gusta mucho el léxico y soy consciente de que tal vez lo expreso de una forma apropiada, pero no lo hago por ningún motivo. Dependiendo del contexto, sabes por dónde tienes que tirar. Como soy tan polémica y tan controvertida, me gusta darle la vuelta a la tortilla. Entonces, cuando se me exige la academia, pues me voy a los bajos fondos. Y cuando la gente espera una ridiculez y una caricatura, yo les doy la chica más filosófica y más pulcra que hayan visto jamás.

¿Qué supone “AOVE”, tu nuevo trabajo, con respecto a los anteriores discos de Samantha Hudson?

Son cuatro canciones y cada una se corresponde con las siglas de “AOVE”. Es un EP muy electrónico, con muchas referencias a la ruta de finales de los noventa, también a la contracultura de club de esa misma década. Esta onda electrónica que está empezando a predominar en la escena, ya lo vemos en artistas mainstream como Aitana, o en Rosalía y Rauw Alejandro con “VAMPIROS”, que habla de estar desfasada, demacrada. Yo siempre pienso que el underground es un pelín más auténtico, porque hablo desde la propia experiencia de haber estado pasada de vuelta. Es cierto que lo llevo como los empresarios de Wall Street el LSD: con microdosis, porque tampoco quiero acabar como el rosario de la aurora, pero es una etapa que he vivido muy desde dentro y eso me gusta plasmarlo también en mi música. Habla de pasárselo bien, también de alguna disyuntiva amorosa con sonidos muy electrizantes.


Entrevista por Marta España

Foto: Alex Madrid

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