Madonna convierte la nostalgia en un campo de batalla con “Confessions II - The Film”
La Reina del Pop transforma la secuela de “Confessions on a Dance Floor” en una reflexión sobre la fama, la vigilancia y la reinvención permanente
| Por Álvaro García Montoliu
Hay algo curioso en Madonna: cada vez que parece estar revisitando una etapa de su pasado, en realidad está haciendo otra cosa. “Confessions II - The Film”, el proyecto visual que acompaña a las primeras canciones de su próximo disco, podría interpretarse fácilmente como una secuela tardía de “Confessions On A Dance Floor”, uno de los álbumes más celebrados de su carrera. Pero después de verlo queda claro que no estamos ante un ejercicio de nostalgia. O al menos no de la forma en que suele entenderse hoy.
La película, dirigida por el dúo TORSO, tiene la lógica extraña de los sueños. Madonna aparece perseguida por un grupo de mujeres armadas con cámaras, atraviesa apartamentos, bosques iluminados por láseres, coches, clubes nocturnos y baños abarrotados. No hay una narrativa tradicional que seguir. Más bien parece una sucesión de estados de ánimo, de imágenes que se encadenan unas a otras como los recuerdos fragmentados de una noche demasiado intensa para reconstruirla con precisión.
Y quizá ahí esté una de las claves del proyecto. A estas alturas de su carrera, Madonna ya no necesita contar historias convencionales. Le interesa más crear atmósferas, lanzar ideas y símbolos al espectador. Esa persecución constante por parte de cámaras tiene algo de comentario sobre la fama, pero también sobre el mundo actual, donde todos vivimos observados y registrando nuestras propias vidas. Es una imagen especialmente potente viniendo de alguien que lleva más de cuarenta años siendo observada prácticamente a tiempo completo.
También llama la atención la cantidad de rostros conocidos que atraviesan la pantalla. Sabrina Carpenter, Benedict Cumberbatch, Kate Moss, Julia Garner, Lourdes Leon y otros muchos aparecen y desaparecen en distintas secuencias. Pero sus cameos no parecen diseñados únicamente para generar conversación en redes sociales. Más bien transmiten la sensación de que Madonna ha construido, a lo largo de décadas, un ecosistema cultural propio en el que conviven generaciones distintas de músicos, actores, modelos y artistas.
La moda juega un papel importante en todo ello. Las prendas de Dolce & Gabbana, muchas recuperadas de archivos históricos de la firma, funcionan casi como cápsulas temporales. Madonna siempre ha entendido que la ropa puede contar historias tan bien como una canción. Aquí utiliza referencias visuales de los noventa y principios de los 2000 no para recrear una época, sino para demostrar cómo esos códigos siguen presentes en el pop contemporáneo.
El resultado es imperfecto, excesivo y, por momentos, deliberadamente desconcertante. Pero esas características siempre han formado parte de la mejor Madonna. Lo realmente sorprendente no es que siga recurriendo a algunos de los elementos que definieron su carrera. Lo sorprendente es que todavía encuentre maneras de utilizarlos para plantear preguntas nuevas. Porque si “Confessions II” demuestra algo, es que Madonna sigue viendo la reinvención no como una estrategia de marketing, sino como una necesidad artística. Y en una industria obsesionada con repetir fórmulas ganadoras, esa actitud sigue siendo casi tan provocadora como lo era en los años ochenta.
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