KELELA

Kelela encuentra grandes intersecciones en “new avatar”

En su esperado tercer disco, la artista de R&B alternativo se aproxima a sus viejos intereses indie rock y shoegaze sin apartarse del estilo que la propulsó. Kelela consigue una mezcla de lo (supuestamente) blanco y lo negro que deberá ser tenida en cuenta cuando toque ponerse a preparar las listas con lo mejor de 2026.

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Con Kelela, el único camino es hacia arriba. Cuando creíamos que “Take Me Apart” (2017) era de esas óperas primas que, de puro brillantes, se convierten en preciosa losa para sus autores, llegaron los flirteos con la dance music de “Raven” (2023), cuyo corte titular era un perfecto himno de resiliencia con catarsis final techno. Y tras la excursión jazz en vivo de “In The Blue Light” (2025), consolida su discografía de estudio con un “new avatar” coherente con lo que vino antes, pero, a la vez, ya lo dice el título, renovador.

Horizonte indie rock

Ya en uno de sus primeros cortes, “point blank”, Kelela deja claro que no abandona el R&B ni la música de club, pero su nuevo álbum está enraizado en la escena indie rock habitada por la artista a principios de siglo en Washington D.C. En 2008 formó el grupo Dizzy Spells, autodescrito como “Rock/Americana/Neo-Soul”, e incluso llegó a flirtear con el metal progresivo tras entablar una relación con Tosin Abasi, guitarrista de Animals As Leaders. El habitual avant-R&B adquiere elementos de géneros guitarreros alternativos como shoegaze, grunge e indie rock.

El primer single, “idea 1”, dejaba ya claro cuál sería el horizonte: partituras R&B sometidas a la habitual experimentación electrónica, pero con nuevo protagonismo de la guitarra, sobre todo en un estribillo elevado por sonidos shoegaze (que, todo sea dicho, podrían haber sonado más abrumadores en lugar de quedarse en un suave murmullo) o, si quieren, de indie rock etéreo.



La(s) guitarra(s)

En una entrevista reciente con ‘New Musical Express’, Kelela avisaba que la guitarra es un instrumento flexible: “Cuando decimos ‘guitarra’, las implicaciones son bastante claras para mucha gente, pero para mí eso significa unos diez sonidos diferentes”. Puede ser el shoegaze light de “idea 1”, o puede ser ese fraseo de guitarra lo-fi (a lo Mk.gee, solo que en versión acelerada) dominante en un segundo single, “linknb”, también con toques nu metal ya desde un título con guiño a Linkin Park.

Para ponerse en situación, Kelela se hizo una playlist de antiguas influencias rock que llamó “White Bag”, aunque ella sabe que, en realidad, el rock no lo inventamos los blancos. En cierto modo, “new avatar” puede verse/escucharse como un disco primo hermano del “Cry Baby” de Vince Staples: ambos reclaman el rock como forma de expresión negra y explotan su potencial de maneras inesperadas.



Los featurings

La inmensa mayoría de temas del disco, once de doce, están producidos por Kelela con Oscar Scheller, conocido como uno de los primeros productores de PinkPantheress (sigue apoyándola y se encargó del remix de “Stateside” con Zara Larsson) y colaborador de Lily Allen en “West End Girl” (2025). Eso ayuda a que resulte más cohesivo que aquel “Raven” tan variado en cuanto a productores. Las colaboraciones vocales son escasas, pero todas dejan huella. A. K. Paul participa (también como productor) en “outta time”, con algo de cruce entre la Janet más taciturna y el Prince más visceral. Por otro lado, Foushée (colaboradora de Vince Staples en “Take Me Home”, así es) y la citada PinkPantheress añaden matices sensuales a, respectivamente, “new life forms” y el gran single “the bridge”.



El caos y el gozo

“No quiero que la música sea una distracción de lo que está pasando realmente en el mundo; quiero que tenga sentido en este momento delirante y que, a la vez, ayude a la gente a conectar con la belleza y el gozo que también está experimentando”, ha dicho Kelela en un comunicado.

Es decir, es un oasis sónico no enteramente idealizado, donde se cuelan señales del terrible mundo exterior en las formas y en el fondo. “idea 1” trata sobre ser testigo de un mundo en proceso de desintegración, o para ser precisos, una testigo negra. Kelela encontró inspiración en “La parábola del sembrador”, famosa novela de Octavia E. Butler con paisaje de cambio climático global y crisis económica. En otras ocasiones, le bastó con recuperar decepciones de su vida o la de gente cercana, sobre todo, al parecer, mujeres arrolladas por hombres sin capacidad para la autorregulación emocional. De toda esta confusión nace una visión artística clara e inspiradora.



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