Rojuu

Rojuu consolida su etapa de independencia creativa y su estética posinternet en #Tonyo4ever

Entre letras de desamor, culpa y desgaste emocional y una producción caótica y hedonista que mezcla reguetón, tecnorumba y cultura pop, el proyecto convierte la melancolía en un estado permanente más que en un relato de superación

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“#Tonyo4ever” es el nuevo EP de Rojuu, una de las figuras más singulares del pop alternativo, el hyperpop, el post-trap y el rap emocional surgido en España en la última década. Tras consolidar un universo propio marcado por la exposición emocional y el cruce constante de géneros, este proyecto se presenta como una pieza clave en su actual etapa de independencia creativa. Vinculado a Starina (el club y sello discográfico experimental dirigido y curado por el propio Rojuu, concebido como un espacio donde las etiquetas se diluyen y conviven nuevas atmósferas y artistas), el EP refuerza una estética posinternet que atraviesa tanto su música como su forma de producir, publicar y contextualizar su obra.

Así, el título del EP no es un gesto arbitrario. “#Tonyo4ever” remite de forma explícita a “Lilja 4-ever” (2002), la película de Lukas Moodysson que retrata la adolescencia desde la precariedad emocional, la soledad y la ausencia de protección. La referencia se extiende más allá del nombre: Rojuu ha utilizado la imagen de Lilja como foto de perfil en redes sociales e incluso ha incorporado fragmentos sonoros del film en la introducción de “LO K NO PUDE”, una canción inicialmente pensada para el EP: de nuevo, una estética posinternet donde el cine, la música y el archivo digital se mezclan como parte de un mismo flujo cultural. Asimismo, y aunque el concepto de “Tonyo” no ha sido explicado oficialmente por el artista, puede leerse como una deformación intencionada de “otoño”. La canción homónima refuerza esta interpretación al convertir la estación en una metáfora emocional explícita: hojas que caen, lluvia persistente y un clima de pérdida constante. En este sentido, “#Tonyo4ever” propone la idea de un otoño perpetuo, un estado emocional marcado por la melancolía, el duelo y la imposibilidad de cerrar ciclos, que atraviesa todo el EP de forma transversal.

Musicalmente, el EP opera desde una hibridación deliberadamente inestable. Reguetón minimalista, tecnorumba, sintetizadores 8-bit, baladas de piano de dramatismo eurovisivo y referencias constantes a la cultura meme conviven sin jerarquía. Esta mezcla no busca cohesión estilística tradicional, sino que refleja una sensibilidad formada en la sobreexposición digital, donde lo íntimo, lo irónico y lo excesivo coexisten sin fricción aparente. Sin embargo, en el plano lírico, el EP insiste en una primera persona muy expuesta. Canciones como “Tonyo”, “Dame Otro Motivo” o “KMO 1ENFERMO” giran alrededor de la dependencia emocional, la culpa y el desgaste mental. Frente a ese discurso, la producción opta por un enfoque mucho más caótico y hedonista, con sonidos digitales saturados o referencias populares como la versión de Camela (“K tiene k no tenga yo”), lo que genera un contraste claro entre lo que se dice y cómo suena. Por ello, ese cruce entre dramatismo extremo y códigos digitales es uno de los núcleos del proyecto. La melancolía de “#Tonyo4ever” no aspira a la solemnidad ni a la catarsis clásica, sino que se presenta desordenada, repetitiva y a veces incómoda, replicando la experiencia afectiva contemporánea mediada por pantallas. En este sentido, el EP refleja la exposición directa de estados mentales que suelen permanecer fuera del discurso pop normativo.

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