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Entrevista a Cazzu en el momento más dulce de su carrera

Camino a la cima

Cantaba James Brown que este es un mundo de hombres para rápidamente corregirse y concluir que, con todo, no seríamos nada sin una mujer. Un poco lo mismo podría decirse desde fuera sobre la escena trap argentina. Son muchos los gallos que pueblan su corral, pero su vertiginoso ascenso al panorama internacional no hubiese sido posible sin la enorme contribución de Cazzu. De nombre real Julieta Emilia Cazzuchelli, en pocos años –y con una pandemia por el medio– este torbellino se ha ganado el apelativo de “la jefa del trap”. Y eso que, todo hay que decirlo, sus orígenes andinos en la provincia de Jujuy, al noroeste argentino, la alimentaron de pequeña a base de cumbia, música andina y payada.

Sus primeros contactos reales con la música urbana no llegaron hasta que empezó a codearse con algunas de las grandes personalidades del freestyle bonaerense. Desde ahí su carrera no ha hecho más que ascender, adquiriendo importante velocidad de crucero. Cazzu lo tiene todo: una voz a punto de romperse, un apetito omnívoro en lo que a géneros se refiere (ya ha sentado cátedra en trap, reguetón, R&B y lo que se le pase por delante), una atmósfera oscura y un flow endiablado. Nos sentamos con ella a tomar el té en un céntrico hotel de Barcelona para comprobar su estado de forma mientras su single –“Maléfica”, junto a María Becerra– pulveriza récords en YouTube. Este sencillo está incluido en “Nena Trampa” (Rimas Entertainment, 2022), su segundo trabajo de larga duración, ampliado el abril pasado con una edición deluxe que incluye un remix con varios de los gallos del mencionado corral –De La Ghetto, Ñengo Flow y Justin Quiles–, dos temas nuevos con Young Miko y La Joaqui para reivindicar reinado femenino, más una versión en clave mariachi y otra con arreglos orquestales; nuevos derroteros con los que seguir afianzando su voz en el panorama urbano actual.

De tu último álbum has dicho que su gran objetivo es volver a poner a la palestra al trap después de unos años de dominio del reguetón. Eso es toda una declaración de intenciones.

El trap fue nuestra puerta, fue el género que nos brindó toda la atención cuando empezamos en un primer momento. Desde entonces todo se ha industrializado. Ahora se hace más pop, pop urbano y reguetón porque eso es lo que funciona. Pero al final del día, nosotros somos el trap. Yo particularmente lo extraño, me encanta hacerlo y recordarle a la gente que lo seguimos haciendo. Hay que seguir cultivándolo, no abandonarlo.

Te llaman “La jefa del trap”, pero lo que está claro es que nunca te cierras las puertas a ningún estilo. Como ejemplo, “Castigo”: puro reguetón clásico. Y en “Nena Trampa” también hay drill y malianteo.

A mí lo que me mueve es la música, pero está claro que mi favorita y con la que mejor me desenvuelvo es el trap. Me gusta que me llamen “La jefa del trap”, me parece interesante. Siento que es una responsabilidad y por eso siempre vuelvo al trap y trato de renovarlo, duplicar la apuesta. Hacer honor a ese título. A la vez, también me gusta tener la posibilidad de hacer algo nuevo y cuando se me brinda la oportunidad me lanzo a la piscina. De hecho este último disco no es solo trap, también hay pop urbano, reguetón y demás. Hace un tiempo hice un mixtape entero de R&B. Quiero probar toda la música, voy creciendo como artista, aprendo diferentes formas de cantar y componer.

De ese trabajo quería hablar. Tu confinamiento fue especialmente creativo y entre otras cosas lanzaste esa mixtape, “Una niña inútil”, que homenajeaba a la escritora suizo-argentina Alfonsina Storni.

Fue un disco de pandemia. Tenía muchas ganas de hacer música, pero sobre todo me apetecía hacer un disco. A mí me encanta este tipo de proyectos, me encantan los conjuntos de canciones. Me gustan los singles, pero estos son los trabajos que me mueven. Quería darle a la gente algo diferente a lo que estaba saliendo en la pandemia. Quería hacer algo más chill, me imaginaba la noche, encerrada en tu casa con un vinito. Y luego vinieron todas las vinculaciones extrañas que trajo consigo la pandemia. Mientras estaba trabajando en estas canciones empecé a leer poesía. Obviamente, sabía quién era Alfonsina, pero nunca me detuve a hacer un estudio en profundidad de su trabajo. Cuando finalmente lo hice quedé fascinada con su obra, traté de aprender mucho más que su poesía: sobre su vida, lo que intentó hacer desde el periodismo y los espacios que no le dejaron tener, cómo empezó a usar seudónimos para infiltrarse en otros lados. Todo en ella me representó. Me pareció muy bonito y significativo hacer un homenaje a alguien que para las mujeres en el arte y la revolución dejó tanta información. Nombré a cada canción como una poesía de Alfonsina para invitar a la gente a conocerla más.

Eres una artista que se siente francamente cómoda en las colaboraciones, y eso se nota en las canciones. ¿Qué buscas en una colaboración, ya sea con otros artistas o productores?

Las colaboraciones, para mí, son experiencias. No es un lugar tan egocéntrico dentro de la música. Estás colaborando, aprendes a adaptarte, a compartir, a ver cómo hace el otro la música. Es algo muy rico. Me encanta colaborar, hacerlo sobre todo con mis amigos, con gente que me cae bien y cuya música aprecio. Creo que la colaboración tiene que surgir de la honestidad, porque pasa mucho que las colaboraciones tienen que ver con la expansión comercial de cada uno. Así no funciono yo.

Te lo pregunto justo ahora porque en “Una niña inútil” te juntaste con dos auténticas eminencias españolas como son Choclock y Dano. Realmente ese disco podría haberse hecho en Tenerife.

Fue hermoso. Desde que decidí hacer un disco de R&B la primera persona en la que pensé fue Dano, y luego ya Choclock y Lex Luthorz. Lo que tú decías, son eminencias, y buscaba todos sus conocimientos del sonido. Quería algo sublime. Dano tiene un talento increíble con la armonización y fue muy importante para conseguir el mood que te comentaba. Con Choclock escribí muchas canciones, intercambiaba coros e íbamos construyendo. Lex produjo todo… Fue una experiencia que guardo en mi corazón.

Aunque empiezas a ser una artista bastante conocida en España siempre has gozado de una enorme popularidad en tu país, cosa que no es algo común en artistas urbanos, que adquieran más fama fuera de sus fronteras.

No estoy tan segura porque el público en Argentina es fiel. Tenemos un fenómeno bastante importante en nuestro país en el que, por mucho que la música internacional tenga un gran éxito, lo que más sobresale es la música hecha en Argentina. Está en expansión y eso me ha ayudado a conseguir popularidad en España y otros países, lo que para mí es importantísimo. Lo que sí que es cierto es que después de dos años de pandemia en los que no he podido prestar atención a estas cuestiones, no hicimos promo y demás, las cosas se han parado. Yo solo me limito a hacer mi música y se hacen muchas cosas para sonar en otros lugares y que otras personas de otros países entiendan lo que hago, como esta entrevista. Desde que empecé mi carrera he tenido dos años de pausa y eso, está claro, no me ha permitido hacer todo lo que hubiese querido.

Antes hacías featurings y ahora te los hacen, es un poco un reflejo también de la escena argentina, primero como un mercado secundario y ahora como protagonista del mercado global. ¿Cómo diríais que ha cambiado tu vida este tiempo?

Lo que nos está pasando como país musicalmente siento que es supermerecido. Todos mis colegas, con los que me llevo bien y con los que me llevo mal, los que hacen música con la que me siento más afín y con la que soy menos afín. En Argentina la forma de hacer música es muy amplia, hay mucho, hay de todo, hay cierta seriedad para tratar la música y me gusta que afuera se reconozca. Otro de los grandes triunfos de la música argentina es que la escena es muy colaborativa, está muy abierta a tender puentes. Hay canciones en las que hay hasta diez featurings. Le prestamos mucha atención a eso. Trabajo mucho para que me ocurran las cosas buenas que me están pasando, pero no veo que sea un bum inesperado, que haya pasado por casualidad. Empecé a cantar a los 15, llevo trece años intentándolo.

Me encanta tu voz, parece que esté siempre a punto de romperse. ¿Cómo fuiste consciente por primera vez de tu voz como artefacto con potencial musical?

Es algo por lo que siempre luché mucho porque siempre conocí buenos cantantes, desde muy chica. Todo me lo enseñó en casa mi hermana, que era muy buena cantante y en realidad era ella la cantante en casa, yo vine después (risas). Sentía más dificultades para entender la afinación, pero lo ensayé y me tiré a probarlo. Quizá al principio no era tan buena y me costaba, pero desde muy chica sabía que podía hacerlo. Luego trabajé con un amigo del barrio en un proyecto de cumbia que me dijo que mi voz tiene algo, que es muy dulce y que a la gente le gustaba mucho. Hasta entonces nunca me pasó por la cabeza pensar que mi voz podía provocar algo en el público. Poco a poco la gente fue hablando de ella, me daba un poco de vergüencita porque en verdad a mí me encanta cantar, me encantan las voces, le prestó mucha atención, me provocan muchas cosas. Escucho a Luis Miguel y pienso “¡cómo se puede tener una voz tan linda!”. Que pase esto con mi voz es algo genial, porque conozco el sentimiento. Me lo tomo muy en serio, práctico, entreno, me la cuido mucho.

Mientras preparaba la entrevista me topé con un vídeo para Amazon Music en el que hablas de trap argentino. Repasas la rica historia musical de tu país y los primeros freestylers de la escena rap.

El fenómeno del freestyle fue muy épico porque atrajo a mucha gente y mucha atención. Los que hacíamos música y grabábamos entonces no conseguíamos atraerla, mientras ellos lo hacían casi como un deporte y la tenían. Pero entonces colisionaron ambos mundos: ellos ponían el público y nosotros las herramientas para que tuviesen canciones. Duki era freestyler, Paulo Londra también lo era… Mi primera canción popular fue con freestylers. Yo les podía hacer sonar bien y ellos nos daban la plataforma.

De Argentina se habla mucho de su folclore musical. ¿Qué queda de todo eso en tu ADN musical?

El cien por cien. Todo el tiempo escucho folclore, mi casa es muy musical. En las Navidades y en los asados de fin de semana se canta folclore. Mi papá coge la guitarra, mi hermana se echa a cantar, otros cogen el bombo, y por supuesto yo me sumo. Lo hacemos todo, es algo familiar. De donde vengo, el norte de Argentina, ahí nadie es músico y todos lo son al mismo tiempo. Todos saben tocar la guitarra o el bombo, bailar una samba; el folclore se me nota en la música.

En todo tu trabajo, desde los vídeos hasta tu propia imagen, hay referencias gamer muy explícitas. ¿Qué hay detrás de ello?

No tengo referencias gamer en sí, es más a la estética fantástica. Yo siempre he sido una fanática de la fantasía. Cuando hago vídeos trabajo en ese sentido. Abordamos toda la idea de convertirme en un personaje como si de un videojuego se tratara. Para mí es super importante estar metida en todos los aspectos de mi música; ni te imaginarías la cantidad de detalles en los que estoy metida. Creo que me compete. El productor no produce si no estoy yo, creo que esa es la comunicación que necesito: que él entienda lo que estoy buscando. Los vídeos los pienso, las portadas… Acudo a gente genial y me refugio en ellos, pero el proceso creativo es mi parte creativa, me salva la vida.


Entrevista por Álvaro García Montoliu || Foto: Vibras

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