Beat Hotel

Beat Hotel: Cinco días de espíritu balearic

Crónica del ciclo musical 

Hay muchas Ibizas dentro de Ibiza. Puede sonar a tópico, pero es tal cual. Y se percibe rápido, además. De entrada, es muy diferente el norte del sur: arriba no hay apenas clubes, el paisaje es rural y agreste, el sonido que manda es el house chamánico y el mood es más hippy y espiritual; en la zona austral en cambio reinan los grandes hoteles, las macrodiscotecas, el techno y la ostentación estética. Por las carreteras del norte se ven campos y pequeños pueblos de casas blancas; por las del sur, carteles anunciando los cierres de temporada (los famosos “closings”: Nina Kraviz en Amnesia; Amelie Lens, Carl Craig y Dixon en Circoloco; Seth Troxler, Peggy Gou y muchos más en Hï).

La música se cuela por todas partes, hay más promotores que panaderos y en cualquier momento uno puede encontrarse en medio de una acalorada discusión sobre el sentido del concepto balearic en 2023. No olvidemos que en Ibiza se inventó el chill out, tener DJs en los chiringuitos de playa –Sa Trinxa– y la idea de poner banda sonora a las puestas de sol, que aquí todo el mundo llama “sunsets” (este fue un invento directo de José Padilla, más que de la isla). Musicalmente, cómo no, también hay muchas Ibizas; aunque, eso sí, todas electrónicas. Distingamos tres, para simplificar. La que sigue la tradición del trance y los sonidos tribales; la del clubbing masivo, concentrado en cinco grandes imperios (Ushuaïa, Hï, Amnesia, Pacha y DC10), y una tercera vía, la más interesante y mutante, que toma la apertura conceptual del balearic para proyectarse en varias direcciones: el ambient, la música disco, el funk, el house psicodélico o la conexión con el kraut y las corrientes más o menos vanguardistas de los sesenta y los setenta.

En este último contexto es en el que aparecen figuras como DJ Pippi, Andy Wilson o Willie Graf; la mítica residencia de DJ Harvey de los lunes en el Hotel Pikes; sellos como International Feel y eventos como Homies, con los DJs locales Christian Len, Luca Averna y Camilo Miranda al frente. Y, por supuesto, Beat Hotel, algo así como un festival expansivo de cinco jornadas en el que tienen cabida charlas, cenas, sesiones de tarde alrededor de una piscina, música en directo y tres fiestas nocturnas en tres lugares emblemáticos de la isla. El origen, el idioma y la concepción del proyecto son 100% británicos, pero el entorno, el clima y la mística los pone la isla. Y la idea es clara: sumarse y difundir esa tercera vía baleárica atendiendo a la idiosincrasia de los sonidos ibicencos más reposados y subiendo el pitch en las sesiones nocturnas, aunque manteniendo un espíritu aperturista muy alejado del mainstream y la dictadura del subidón y el bombo a negras de las grandes discotecas. Este año cumple su tercera edición y todo indica que va a haber muchas más.

El comienzo

El recorrido empezó el miércoles 27 de septiembre con una jornada de bienvenida alrededor del concepto “sunset” en el Hostal La Torre, uno de los templos consagrados a tal tradición. Pero el primer momento importante llegó el jueves 28 de septiembre con un doble acto francamente estimulante: por un lado, la charla con el escritor británico Irvine Welsh y, por otro, el concierto de Gigi Masin, maestro del ambient melancólico y marítimo. El autor de “Trainspotting” (1993) contó su larga relación con la isla y algunos de sus personajes clave –Tony Pikes, por ejemplo– y también de cómo inmediatamente se dio cuenta del potencial narrativo que había escondido en ese intercambio de escenas y la explosión del acid house. Su manera de hablar directa y sin filtros contrastó con la actuación atmosférica y liviana del músico italiano, que tuvo que lidiar con las conversaciones y el tintineo de platos que se sucedían en el momento de la cena.

Luna llena

La elección de los espacios, lo hemos mencionado antes, es esencial para entender el concepto Beat Hotel, llamado así, por cierto, por el pequeño hotel parisino donde se alojaron, entre otros, William Burroughs, Allen Ginsberg o Gregory Corso a finales de los cincuenta. Uno de esos espacios es Cova Santa, ideal para poder desarrollar las noches propuestas por la organización el viernes 29 de septiembre: una primera parte de música al aire libre, en formato directo, y una segunda en el contexto de un club. Si además puedes gozar de la gastronomía de su restaurante y resulta que es noche de luna llena, pues ya tienes el set montado para la noche ibicenca perfecta. Al final, sin embargo, la fiesta estuvo un poco por debajo de las expectativas. La peruana Sofia Kourtesis tuvo problemas de sonido que impidieron que su show pudiera llegar a buen puerto, aunque ella puso todas las ganas del mundo y los beats que salían de su MPC venían cargados de groove latino y cautivador. Ya en el club, Gabrielle Kwarteng dejó la pista a punto de caramelo para que Perel pudiera desplegar las virtudes de su synthwave bailable, pero pronto quedó claro que la alemana prefería caminar sobre seguro y ganarse al público a base de de tech-house efectivo con puntuales concesiones a la cultura popular (remixes del “Gypsy Woman” de Crystal Waters y del “Venus” de Shocking Blue incluidos). Se esperaba con ganas el momento Talaboman, el excelente dúo que forman Axel Boman y John Talabot, pero ellos también prefirieron aparcar para otra ocasión su house ensoñador y cósmico a 100 BPMs y atacar la pista con breakbeat noventero (Layo & Bushwacka!), apuntes trance y house inglés pretérito (Bizarre Inc!). Bien, OK, pero no al nivel que ellos pueden y saben. Cerró la noche un Daniel Avery algo más comedido de lo habitual, adaptándose bien a una pista que iba perdiendo efectivos a medida que se acercaban las cinco de la mañana.

El espíritu del norte

El Hotel Las Mimosas, al otro lado de la bahía de Sant Antoni, fue el lugar escogido como cuartel general del festival, con un plan redondo: barbacoas a mediodía, cócteles a cualquier hora y sesiones de tarde en la piscina. El sábado 30 de septiembre fue especialmente memorable la de Axel Boman, jefe del sello sueco Studio Barnhus, repitiendo al día siguiente de su set con Talabot, pero en un formato muy diferente. Relajado, con su sempiterno pañuelo al cuello, pinchó a Todd Terje y Adesse Versions antes de terminar de forma sorprendente con una aria cantada por Andrea Bocelli y la aparición espontánea y espectacular de una camarera que se marcó una performance con baile y chapuzón final incluido que dejó boquiabierto a los presentes. Aplausos unánimes para él, pero sobre todo para ella. Ya caído el sol, carretera hacia Las Dalias, el mercadillo hippy del norte y emplazamiento perfecto para la segunda de las fiestas del fin de semana. Empezó Camilo Miranda, mezclando con muchísima clase disco, boogie y balearic house con el pitch un poco por encima de cero. Acto seguido, momento para el live especial de Spirit Of Sundaze Ensemble, banda de seis músicos y dos cantantes creada por uno de los jefes de las fiestas londinenses Secret Sundaze, con el teórico objetivo de dar nueva vida acústica a algunos de los hits más importantes que han sonado en sus noches (servidor solo reconoció tres temas: “Can’t Get You Out Of My Head”, de Kylie Minogue; “I’m A Woman”, de Koko Taylor, y “Come Into My Life”, de Joyce Sims). Mejor sobre el papel que sobre el escenario. Una vez terminado el doblete al aire libre, momento para entrar en el nuevo club Akasha, diseñado y construido a base de cemento y madera, de tamaño ideal (600-700 personas) y sonido excelso. Una joya para el norte de la isla, falto de un espacio de estas características, aunque no todos los amigos de Las Dalias estén contentos con su apertura. Correcta pero un poco plana la sesión de Suze Ijó, que tuvo sus momentos interesantes cuando se acercó a los beats de ascendencia africana. Más afilado estuvo Elias Mazian, también holandés, con un house muy versátil que sonaba al mismo tiempo a 1985 y a 2028. Cerró la noche Alex Kassian, pero para entonces ya estábamos de vuelta hacia el sur. Mención especial para el público, variopinto, extravagante y muy entregado a la causa, aportando esa atmósfera tan particular de la isla que costó un poco ver la noche anterior.

Hotel en el hotel

El domingo 1 de octubre se concentró todo en Pikes, el mítico hotel donde Freddie Mercury montaba sus fiestas interminables cada vez que se dejaba caer por la isla. Desde el mediodía y hasta la noche se programaron varias sesiones de slow disco y balearic con conocimiento de causa. Como el que tienen The Brothers Grim, autoridades del género (si es que el balearic se puede considerar como tal), mezclando con total naturalidad The Beta Band con Badmarsh & Shri, hip hop, Luke Vibert en clave downtempo y beats trip-hop como estos. Más tarde, ya cayendo el sol y como parte de la fiesta final, nueva ración de new disco con saxos (una constante de todo el fin de semana, por cierto) en la Sunset Terrace con Louise Chen y canciones de todas las épocas y estilos en la zona de la piscina con Dicky Trisco. Y desde las diez de la noche hasta las cuatro de la madrugada, traca final con el back to back de Shanti Celeste (nombre destacado de la escena UK actual) y Roi Perez (residente del Panorama Bar de Berlín): bass house, techno con groove y ritmo sin fin para bailar en la maravillosa pista-habitación del hotel (llamada, precisamente, Freddie’s), como si el mundo ahí afuera no hubiera existido jamás.

El año que viene, más y mejor.


Crónica por Carles Novellas || Foto: Dan Medhurst

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