Taylor Swift (Republic Records)

Taylor Swift y el culebrón de las entradas para 'The Eras Tour'

Una odisea contemporánea para los amantes de la música en directo

Las luchas de Taylor Swift son múltiples. Hay que reconocer que pocas artistas agracian los tabloides de noticias con historias tan variadas y, no se puede negar, tan adictivas. Al fin y al cabo, la autora de “Midnights” (Republic, 2022) sabe el peso que tiene dentro de la industria musical (según Forbes, es la novena persona mejor pagada del mundo y la mujer más poderosa del planeta) y, en los últimos años, no se le caen los anillos a la hora de utilizar ese poderío para que las cosas se hagan en sus propios términos.

Esto implica, como ya he dicho más arriba, múltiples luchas como cuando le toca pagar varias multas por acumular basura en la acera frente a su casa o cuando da 55 millones de dólares en bonus a los empleados de su tour (camioneros, bailarines, técnicos de sonido, aparejadores, responsables del catering…) para señalar que una gira no es esfuerzo tan solo del artista, sino también de muchos otros profesionales anónimos que comúnmente están infrapagados. También cuando le pide a los fans que por favor dejen de odiar a su ex John Mayer y, de paso, proporciona una silenciosa colleja a la cultura del hate internetil.

Pero hay un culebrón en particular que últimamente trae de cabeza a los swifties, y no es otro que la venta de entradas para su última gira. Puede que muchos españoles se enteraran de este tinglado cuando, a principios de julio, medio país se puso en pie de guerra para intentar conseguir entradas para el “The Eras Tour” de Taylor Swift. Pero lo cierto es que este culebrón viene de lejos y tiene absolutamente de todo: fans enfervorecidos, bots rusos e incluso juicios. Así que merece la pena echarle un vistazo en perspectiva. Porque es fuertecito.

El culebrón de las entradas

Capítulo 1: El (mal) comienzo de una Era. Las entradas para el primer tramo yanki de “The Eras Tour” se ponían a la venta a principios del mes de noviembre del pasado 2022… Pero Ticketmaster tuvo que detener la maquinaria porque la cosa se fue de madre. La empresa de ticketing preveía que las ventas se iban a disparar por dos motivos evidentes: 1. Los fans de Taylor Swift son legión y 2. Hacía cinco años que la artista no giraba y, con una pandemia por medio, era de prever que la gente mataría por ver a su cantante favorita.

Lo que no podían saber en Ticketmaster era que lo de “matar” se iba a convertir en algo casi literal. Ante la previsión de desbordamiento, la empresa tomó una medida de prevención: un sistema de verificación en el que se pedía a los fans que se registraran para acceder a la preventa de las entradas y así evitar que los bots entorpecieran el proceso y colapsaran los sistemas. 3.5 millones de personas se registraron en este programa de fans, y en torno a 1 millón y medio de usuarios recibieron un código que les invitaba a la preventa. El resto fueron puestos en una lista de espera. El resultado final es que los sistemas de Ticketmaster recibieron un total de 3.5 billones de peticiones el día de la preventa y se vendieron un total de dos millones de entradas. Es decir: no pudieron evitar el ataque de los bots, rusos o quién sabe de dónde.

Pero los fans no estaban contentos, obviamente. Para empezar, porque la lista de espera no sirvió para nada cuando se anunció que ya estaba todo el pescado vendido y que no habría más ventas. Y, para más inri, porque instantes después de la preventa ya se podían adquirir entradas en plataformas de reventa como StubHub. A precios desorbitados. ¿Existe algo peor que un fan descontento?

Capítulo 2: Taylor al habla. Probablemente, peor que un fan descontento sea un artista descontento. Y Taylor no tardó en usar los stories de Instagram para dejar clara su posición al respecto: “No hace falta decir que soy extremadamente protectora con mis fans. Es realmente difícil para mí confiar estas relaciones y lealtades a una entidad externa, y me resulta insoportable ver cómo se suceden los errores sin que se haga nada al respecto. Hay multitud de razones por las que a la gente le resultó tan difícil conseguir entradas y estoy tratando de descubrir cómo se puede mejorar esta situación en el futuro. No voy a excusar a nadie porque les preguntamos (a Ticketmaster), varias veces, si podían manejar este tipo de demanda y nos aseguraron que podían”. Traducción de lo que dice Swift: que lo siente mucho, pero eso no va a hacer que a los fans les caigan del cielo entradas que no existen.

Capítulo 3: Despechá. Entonces llega el momento de sentirse estafado y ninguneado. Y, en el caso de Julie Barfuss, una señora de 52 años de Salt Lake City que se dedica al diseño de interiores, además de estafada y ninguneada, parece que se sintió como la Rosalía: despechá. Así que decidió mover cielo y tierra para plantar una demanda legal contra Ticketmaster y llevarles a juicio. La demanda alegaba conducta desleal por parte de la tiquetera, incluyendo faltas de fraude, tergiversación y prácticas monopolistas en el proceso de venta de entradas. Los representantes legales de Julie piden 2.500 dólares por cada falta legal… Y, de repente, Barfuss no está sola.

De hecho, el proceso legal sigue en marcha y muchas otras denuncias se han sumado a la de Barfuss. Según John Genga, representante de la acusación, hay un total de 340 swifties que se han sumado a la causa de Barfuss y que piden las mismas cantidades para reparar los daños (¿morales? ¿psicológicos?) causados por el desaguisado de la venta de entradas. Los demandantes, sin embargo, han dejado claro una y otra vez que no es una cuestión de dinero, sino de denunciar las prácticas irregulares de Ticketmaster en lo que muchas otras voces, desde artistas a medios de comunicación e incluso políticos, han denunciado reiteradamente como un monopolio por parte de la tiquetera perteneciente a la promotora de conciertos Live Nation.

Capítulo 4: Internationally. Sin embargo, y pese a todo lo dicho, “The Eras Tour” dio su chupinazo y Taylor Swift ya lleva a sus espaldas un buen número de fechas en las que ha ocurrido absolutamente de todo: el diluvio universal, multitudes que se quedan a las puertas, trenes atestados de vuelta a casa, invitadas de lujo como Phoebe Bridgers… Ah, claro, y el alimento perfecto para el futuro disco de la artista: su ruptura con Joe Alwyn, con quien mantuvo una relación de seis años, y su nuevo noviazgo con Matty Healy (de The 1975), que resulta que tan solo duró un mes antes de romperse en pedacitos también.

Con la gira en marcha, solo quedaba una cosa: que se pusieran a la venta las entradas para las fechas en todo el mundo. Y eso solo podía significar que el dramón de las entradas iba a extenderse más “Internationally” que la canción de Bad Gyal. Pero lo que aquí nos interesa es el momento en el que este culebrón por fin tiene acento latino. Bueno, latino tampoco, sino español. Y, para explicar la “Era Latina” de Taylor, nada mejor que dar la palabra a los principales damnificados.

Dos casos prácticos

Al fin y al cabo, la mejor forma de entender qué ha ocurrido este verano con la venta de las entradas españolas de “The Eras Tour” es precisamente recurriendo a los casos directos de dos personas. La primera de ellas, Estela V., me confiesa que “el proceso para conseguir entradas fue una pesadilla, básicamente. El día que se anunció la gira, dijeron que te tenías que preinscribir para acceder a la venta. Entonces llegó el día en el que empezó a tocar la lotería: era cuando te llegaban los mails y te decían si habías sido seleccionado para poder acceder a la venta o si te quedabas en una lista de espera, que también te digo que esa lista de espera eran los padres y nunca más fue”.

Y aquí llega una interesante explicación al porqué del colapso de este sistema de venta: “Yo me registré en once ciudades europeas, y tampoco es que esté muy muy loca. Las fans locas se debieron suscribir a todas las ciudades de Europa. Creo que por eso se hizo tan difícil. De las once ciudades, me llegó código para cuatro. En Madrid me comí un mojón. En Lisboa también. Estuve esperando como una hora o más y, cuando llegaba mi turno, solo quedaban entradas VIP. Y yo, a ver, soy fan, pero tenía un máximo de pasta para gastar y no me iba a dejar 500 euros en una entrada”.

La historia, sin embargo, tiene un final feliz: “Un día me llegó un mail de Ticketmaster que ponía que había salido de la lista de espera de Lyon y podía acceder a la venta. El mail decía que habían añadido entradas generales nuevas. Me metí, me tocó la 600 en la cola y, de repente, había entradas y las compré. Eso sí, a 195 euros cada una. Creo que es un asiento bueno, pero no tengo ni idea de dónde voy a estar sentada”. Bueno, final más o menos feliz.

La experiencia de Estela fue muy similar a la de Sergio d.A.: “Probablemente, haya sido el concierto más complicado para conseguir la entrada en la historia de la humanidad. Primero tenías que rellenar un formulario de cada ciudad en la que pretendías conseguir la entrada. En mi caso, lo hice para Madrid, París y Lyon, porque no tenía ganas de viajar a la otra punta de Europa. De París y de Lyon me enviaron los códigos, pero de Madrid al principio no y al final sí. De hecho, no conozco a nadie más de Madrid al que le enviaran los códigos. Porque esa es otra: el código no aseguraba la entrada, solo te daba una posibilidad de optar a algo en esa lotería llamada cola virtual”.

Sergio explica de primera mano una de las ventas, la francesa, más polémicas: “Para París tenía como 250.000 personas delante en la lista de espera. Obviamente, inviable. Ticketmaster tuvo que cancelar las ventas el primer día porque petó el sistema y no pudieron vender ni una entrada. A mitad de aquella semana era Madrid y yo tenía el número 50.000 en la cola. Sabía que sería complicado conseguir algo y, efectivamente, solo había paquetes VIP. Y soy fan de Taylor, pero no como para gastarme tanto. Eso solo lo hago con Madonna”.

Pero, de nuevo, las cosas se resolvieron al final: “Este caos se alargó durante una semana. A la semana siguiente, Ticketmaster Francia puso a la venta los conciertos que no pudo vender en su momento. París fue imposible, pero al mediodía salía Lyon y probé con dos códigos: uno por el Mac de la oficina y otro por el móvil. Por el Mac me salía un número elevado en la cola, pero en el móvil me salía que era el 500 en espera. Y, sí, compré tres entradas de las que quería: la pista delantera lado derecho, en concreto. Cada entrada me costó 157 euros, y la verdad es que la misma entrada para Madrid era más cara. Con lo que me he ahorrado, he cogido el hotel de Lyon”.

¿Significa esto que hemos llegado al final de este culebrón y que, además, ha sido un final (más o menos) feliz? Puede que sí, puede que no. Pero, viendo el carrerón de Taylor Swift al respecto, da igual que esta narrativa se cierre… Porque ya hay en marcha muchas otras historias con potencial suficiente para mantenernos más enganchados en los próximos meses que una telenovela turca.


Escrito por Raül de Tena || Fotos: Republic Records

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