yung beef

Yung Beef, “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4 1/2”

¿Qué ha cambiado en medio punto? Analizamos la evolución del granadino a través de su famosa saga discográfica

Por Diego Rubio

Diez años hace ya de la primera entrega de la serie “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S.” –“All Dis Ratchets On Me, I Can’t Feel My Soul”–, con la que Yung Beef ha ido asentando poco a poco su condición de estrella, mito y leyenda del rap en español. Era 2013, un año de colisiones y búsquedas, y muchas cosas estaban entonces en plena efervescencia. El propio Yung Beef espoleaba el underground desde la sombra inundando los rincones en aquel momento oscuros de internet con innumerables proyectos, alias, colaboraciones. Pero con “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S.” convertido en saga tras la publicación de su segunda parte en 2015 –en pleno apogeo del trap como nueva vía y elevado a disco de culto en la trayectoria de Fernandito; yo mismo y Al Sobrino repasamos esta y otras transformaciones en un monográfico en seis partes para Rockdelux que SMUSIC está publicando en abierto–, quedaba claro que detrás de ellos había una intención estructuradora. Una forma de marcar las eras de su carrera.

“A.D.R.O.M.I.C.F.M.S.” es sinónimo de cánon en la narrativa de Fernando. Un compromiso creativo que le permite experimentar en el resto de sus –muchísimos– proyectos, desmarcarse de la idea de relevancia, de las modas, de los momentums. Son sus discos con mayúsculas, de alguna manera. Los más personales, confesionales y melancólicos. Y también los que aspiran a abrirse camino entre un público más mayoritario, como demuestra la conversión del tercer volumen –oficialmente el cuarto, ya que el 3 nunca llegó a ver la luz salvo espiritualmente en forma de “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 3.33”, un EP lanzado por El Mini en 2018– en su referencia más conocida y transversal.

Ahora, cinco años después de aquel “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4” y una década después de cambiar el trap, ¿qué ha cambiado en la vida de Yung Beef?

Drugstory: la edad, una pandemia y un “divorcio”

“Ahora, en mi situación de vida, que tengo 31 años, soy padre… es la primera vez que me estoy parando a intentar ponerme objetivos, porque mi vida ha sido un poco loca siempre, yo he ido haciendo lo que me ha ido viniendo, ¿sabes? Yo esto de la música no lo he preparado. […] Pero de verdad que estoy cansado, hermano, quiero centrarme un poco en la realidad, hermano. Yo siempre he estado muy drogado, he estado en mi mundo, volando”. Son palabras del propio Fernando hablando con Genís Pena entre bambalinas de las Gallery Sessions. Es evidente que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero la más importante seguramente sea la edad. Los 30 dan una perspectiva diferente, empiezas a ser más consciente de tus responsabilidades, y dejarlas de lado tiene unas consecuencias mucho más sensibles tanto en nuestras vidas como en nuestro entorno. Más cuando eres padre y mantienes con tu ex –La Zowi, en el caso de Fernando– una relación de respeto mutuo que afecta no solo al cuidado de tu hijo, sino al ámbito profesional. La nueva narrativa de Yung Beef es la de la madurez, asociada a un brillo casi inédito en su trayectoria sonora al que también alude en la misma entrevista.


La nueva situación de La Vendicion

La historia de La Vendicion es también la del aprendizaje de Yung Beef. Y en cierto modo corre en paralelo de la redefinición de la industria en torno a la explosión de las músicas urbanas. Del underground a dejarse seducir por una multinacional como Sony en términos contractuales diabólicos y de ahí a terminar asumiendo, años después –y ya bien “olvidada” aquella histórica rueda de prensa a tres bandas entre Fernando, C. Tangana y Bad Gyal en el marco del Primavera Sound de 2018–, que la mejor forma de mantener la solvencia económica del sello era llegar a un acuerdo de distribución con Empire.

En este nuevo estadio de renovada independencia creativa se ha permitido Fernando asentar una base de operaciones en Granada con estudios en propiedad y más posibilidades para el desarrollo de artistas propios. Pero, además, en su trayectoria se ha traducido en sus primeras acciones de marketing y en una mayor posibilidad de acceder a productores extranjeros. Tras haber trabajado recientemente con Lex Luger o Brodinski, por ejemplo, en “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4 1/2” podemos encontrar, entre otros, a Woesum –del entorno de Year0001–, The FaNaTix (Pa Salieu, Giggs, Skepta, Popcaan, Chip), Hoops (Travis Scott, Ayra Star), Kelvin Krash (A$AP Rocky, Slowthai), LondnBlue (YoungBoy Never Broke Again), Josh Coleman (Lil Baby) o Ele Beatz (Young Thug, Eladio Carrión, Lil Baby).

Todas las periferias

El hecho de que Yung Beef esté centrando esta etapa de su carrera en Granada debería darnos una pista: no le interesan ya las capitales, ni Madrid ni Barcelona, y por lo tanto no le interesa esa relevancia a toda costa, esa pulsión ególatra por mantenerse en el ojo del huracán. Le interesa hacer música y poco más, y por eso sus últimos discos, incluido este “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4 1/2”, parecen rehuir ese debate sobre si son necesarios, oportunos, etc. Seguramente no lo sean, pero tampoco juegan a pretenderlo. Son discos sin más, formados por canciones sin más, bien producidos, bien escritos y ajenos al ruido de ahí fuera. Pobres, dirán algunos. Valientes, dirán otros. Yo prefiero quedarme con que son honestos no solo con el momento vital de su creador sino con sus convicciones demostradas a lo largo de estos años. Un tipo que ya empieza a tener presente la muerte –“CUANDO YA NO ESTÉ”– y al que no le importa seguir sumando figuras a su panteón de iconodulias. La última: Taylor Swift –sample de “Maroon” en “MENTAL BREAKDOWN” mediante–. Un tipo que empieza a ser consciente de que estamos siempre “a medias”, en construcción, y que en ese espacio decimal ha encontrado la manera de realizarse.



Escrito por Diego Rubio

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