20 años de “Back To Black”, el disco revolución de Amy Winehouse
Fue el último álbum de la icónica artista británica
| Por Juan Manuel Freire
Hoy, martes, 27 de octubre, se cumplen 20 años de la publicación del disco que encumbró a la cantante y compositora de Enfield (Reino Unido) como icono del soul y R&B retroactuales. Fue solo el segundo, pero también el último: una carrera estelar quedaba a medias por culpa de una combinación de excesos, depresión, malos consejeros y medios acosadores. Pero, al menos hoy, tratemos de olvidar todo lo malo y celebremos los ingredientes e influencia posterior de un clásico.
1. Lo clásico y lo actual
A lo largo de sus once temas, ni uno más, el influjo del pop y el soul de los ‘girl groups’ de los 50 y 60 se daba la mano con el R&B contemporáneo y el hip hop. Lo más vintage lo suministraban los Dap-Kings, el grupo de vocación retro de la añorada Sharon Jones, banda de apoyo en el estudio, después también en giras. Mark Ronson grabó a esta formación soñada en el estudio Daptone de Nueva York antes de, en otro estudio, añadir sintetizadores y teclados al paisaje sonoro. Otro grupo de canciones se grabó de forma más íntima con el productor Salaam Remi, conocido por su labor con Fugees.
El hip hop está ahí, solo por ejemplo, en el uso de buenos samples: la progresión de acordes principal de “Ain’t No Mountain High Enough” (Marvin Gaye y Tammi Terrell) para “Tears Dry On Their Own”; esa interpolación de “She’s a Fox” (The Icemen, con Jimi Hendrix a la guitarra) en “He Can Only Hold Her”. Pero, a la vez, esta era música que pedía ser sampleada, como hicieron Gucci Mane con “Rehab” o nuestros Chikos del Maíz con “Back To Black”.
2. Honestidad brutal
Para las letras, Winehouse no miró demasiado lejos y se inspiró enormemente en su compleja relación con Blake Fielder-Civil, el que fuera su marido entre 2007 y 2009 y quien, según el documental “Amy” (Asif Kapadia, 2015), la introdujo en las drogas duras. Antes de su boda, Fielder-Civil la había dejado por un tiempo para rehacer su relación con una ex. Winehouse escribe canciones en las que parece repartir la culpa del desastre. En “You Know I’m No Good” pone los cuernos “a un buen hombre que la quiere” y se siente “indefensa” antes sus propios impulsos autodestructivos. Diversos temas abordan la difícil situación posruptura, como el que da título al disco, “Tears Dry On Her Own” o esa reivindicable “Wake Up Alone” sobre la necesidad de mantenerse ocupado mientras se gestiona la nueva ausencia.
Por otro lado, también había un tema (“Me and Mr. Jones”) sobre su amistad con Nas y perderse por ella un concierto de Slick Rick. O aquella crónica musical del momento en que, tras sobrevivir a una primera hospitalización a causa del alcohol, no fue a rehabilitación porque a su padre no le pareció que hiciera falta. “No tengo tiempo y si mi papá cree que estoy bien…”. Hablamos, claro, de “Rehab”.
3. Disco de consenso
Las ventas de “Back To Black” superan los 20 millones de copias; es el segundo disco británico más vendido del siglo XXI, solo por detrás del “21” de Adele (2011). Totalmente merecido, aunque parte de la crítica no lo tuviera claro en su día. Dorian Lynskey ya habló en 2006 en ‘The Guardian’ de “clásico del soul del siglo XXI”, pero otras publicaciones importantes, como ‘Pitchfork’ y ‘Rolling Stone’, han tenido que retractarse de sus palabras; en la primera, la reseña original tenía un 6.4, pero curiosamente, la de la reedición tiene ya un 9,2.
En el apartado premios destaca el premio a Mejor Álbum de Pop Vocal y su nominación a Álbum del Año (“Rehab” fue, además, Grabación del Año) en los Grammy de 2008. Un año antes, Winehouse había sido elevada a Mejor Solista Femenina por los BRIT. Pero el Mercury Prize se lo acabó llevando el mucho menos recordado debut largo de Klaxons.
4. La influencia
La emoción y el carisma vocales de Winehouse han marcado a multitud de artistas, entre ellas algunas con no poca resonancia. Las más importantes son Jorja Smith y Kali Uchis. La primera habló de “You Sent Me Flying” como su canción favorita de todos los tiempos. La segunda citó a Winehouse entre sus grandes referentes, aunque estaba más que claro nada más oírla cantar. Hoy por hoy, ambas han trascendido esa influencia, la primera abrazando con fiereza (no exenta de vulnerabilidad) los ritmos de club y la segunda indagando en sus raíces colombianas. Pero también está la sueca Snoh Aalegra, con un parecido estilo vocal blues y el mismo afán confesional en las letras; Alessia Cara, reivindicable artista pop-R&B que la definió como su heroína (se nota en el tema “Four Pink Walls”) y que vio el documental “Amy” como un recordatorio de la necesidad de tener buena gente a su alrededor, o la ahora mismo más que establecida Andra Day, que grabó un mash-up de “He Can Only Hold Her” y “Doo-Wop (That Thing)” de Ms. Lauryn Hill.
5. El inevitable ‘biopic'
Y “Back To Black” era el único título posible para el filme sobre la artista que Sam Taylor-Johnson dirigió hace ahora dos años, parte del renacimiento del biopic musical tras el éxito de “Bohemian Rhapsody” en 2018. Lo protagonizaba Marisa Abela, de “Industry”, que se tomó su trabajo a pecho: aprendió a cantar y tocar la guitarra y bajó de peso para acercarse a la imagen del personaje central. En él se recorrían desde sus inicios en la escena jazz del norte de Londres a la grabación del álbum que nos ocupa y todo lo que le sobrevino tras su publicación. Pero no, no se hablaba lo suficiente de su talento ni de su música, como ya sucedía, de hecho, en el emotivo pero incompleto documental “Amy”.
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