Bad Bunny hace historia en Madrid (y en América Latina) con diez conciertos en el Metropolitano
Benito tiene aún por delante ocho fechas más en nuestro país: una verdadera residencia con la que el artista salda una deuda de siete años y seis discos, pero sobre todo una celebración transversal de un legado único, irrepetible, inmortal
| Por Diego Rubio
Cuando Bad Bunny hizo su primera gira de arenas por EEUU, en 2022, justo después de la pandemia, todo se había ya sobredimensionado. Fue la primera vez que el puertorriqueño batiría el récord de asistencia para un artista latino en la historia –con 35 conciertos en EEUU, Latinoamérica y Canadá, todos con todo vendido–, y después no ha hecho más que derrocarse a sí mismo hasta llegar a niveles inimaginables. En meses, lo que iba a ser “el último tour del mundo” se convirtió en “el tour más caliente del mundo”: Benito recibió la vuelta a la normalidad como quien recibe el saludo del sol, montando la fiesta global de “Un verano sin ti” y poniéndole banda sonora al momento en el que pudimos volver a bailar pegados, a perrear pegados. Y de repente, antes de acabar aquel año, ya era un artista de estadios.
“World’s Hottest Tour” casi cuadruplicó el volumen de tickets vendidos de su anterior gira, con llenos, de nuevo, en EEUU y toda América Latina. Fue un nuevo hito, algo absolutamente histórico que se tradujo en colas virtuales millonarias, en un aumento exponencial de su popularidad en territorio comanche, en un salto de ambición escénica… Pero antes de marchar para Norteamérica, Benito quiso despedirse de su casa con una residencia también histórica en Puerto Rico: tres conciertos en el Coliseo de San Juan con los que le arrebataba a Metallica el oro del recinto, y que se amplificaron con pantallas dispuestas por toda la isla a través de una retransmisión popular.
Visto hoy, ya con la resaca de los dos conciertos en el Estadio Olímpico de Barcelona y de los dos primeros de los diez que dará en el Metropolitano de Madrid, todos los récords vapuleados por Benito se quedan pequeños. Aquella “residencia” en Puerto Rico derivó en una verdadera residencia de 31 conciertos tres años después, entre julio y septiembre de 2025, y el fenómeno ya había desbordado no solo los estadios, sino la frontera de posibilidades de cualquier artista latino en la historia: su desembarco en el levante del mundo, regresando a España tras siete años de ausencia (sus últimos conciertos fueron en los festivales Río Babel en Madrid y Sónar de Barcelona en 2019) y asaltando por la puerta grande plazas históricamente imposibles para los géneros caribeños como Australia, Japón, Alemania, Suecia, Países Bajos o Bélgica, también se ha traducido en un nivel de ventas comparable al de los grandes artistas de directo de la historia, más allá del mundo latino. Michael Jackson –a quien evoca, respirando profundo, aguantándole la mirada al público impertérrito, antes de arrancar el show con “La mudanza”–, Taylor Swift, Coldplay, los Rolling Stones. A todos ellos mira de tú a tú en “Debí tirar más fotos”.
Más allá de eso, la histórica serie de dos conciertos en Barcelona y diez en Madrid (más de 600.000 entradas vendidas; otro récord más a la larga lista) emociona por su cualidad unificadora: al menos en la capital, familias enteras, grupos de amigos, parejas, compañeros de trabajo van a ir a uno u otro show; si los conciertos de Rosalía se convirtieron un poco en reuniones de invitados y amigos ricos, los de Benito están mucho más pensados para que vaya todo el mundo. Una fiesta democrática para celebrar la identidad latina, las pequeñas cosas –los tuyos, amar, bailar, reír, llorar– y un repertorio legendario e inolvidable. El rey del pop, hoy, se llama Benito. I’m here for that.
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