La nueva era de BTS: volver siendo otros
Tras casi cuatro años de silencio, “Arirang” y una gira mastodóntica con doble parada en Madrid redefinen la identidad del grupo, entre raíces coreanas, ambición global y un directo llamado a marcar época
| Por Álvaro García Montoliu
Hay regresos que funcionan como una simple reactivación industrial y otros que se perciben como un reajuste simbólico del mapa cultural. El de BTS pertenece claramente a la segunda categoría. Tras más de cinco años sin un álbum grupal, marcados por proyectos en solitario y el paréntesis obligatorio del servicio militar en Corea del Sur, su retorno no es solo el de una banda: es el de un modelo de globalización pop que parecía haber entrado en fase de latencia.
El disco que articula esta nueva etapa, “Arirang”, juega precisamente con esa tensión entre lo global y lo local. El título no es un gesto superficial: remite a la canción tradicional coreana que funciona como una suerte de himno emocional del país. Pero más que una cita nostálgica, el álbum convierte ese referente en materia prima. Hay fragmentos, ecos, texturas que dialogan con lo ancestral mientras la superficie sonora se desplaza entre el hip hop más musculoso, desviaciones hacia el jersey club, el rock e incluso grunge estilizado. Es, probablemente, su trabajo más fragmentado y a la vez más consciente de su condición de artefacto cultural.
En ese sentido, “Arirang” también responde, sin confrontarlas directamente, a las viejas acusaciones de “occidentalización” que han perseguido al K-pop –y ya no digamos a ellos– desde su expansión global. BTS no niega su vocación internacional; la reconfigura. Si en trabajos anteriores la estrategia parecía orientada a conquistar el mercado anglosajón, aquí el movimiento es casi inverso: llevar al centro del mainstream global una identidad coreana más explícita.
La implicación creativa de los siete miembros refuerza esa idea de autoría compartida que siempre ha distinguido al grupo dentro de un sistema (el idol) a menudo percibido como hiperindustrializado. RM, Suga o J-Hope continúan expandiendo su papel como arquitectos sonoros, mientras que vocalistas como Jimin, V y Jungkook consolidan una presencia cada vez más versátil.
Pero si el álbum establece el marco conceptual, es la gira mundial la que convierte ese discurso en experiencia colectiva. El Arirang World Tour, con sus 85 fechas en 34 ciudades, se presenta como el mayor despliegue logístico de su carrera con una mezcla de repertorio nuevo y relecturas de clásicos, remezclas y bloques visuales que rozan lo cinematográfico. Los primeros shows en Estados Unidos han dejado entrever una estructura casi teatral, dividida en actos donde conviven la intensidad coreográfica de temas recientes como “SWIM” con la reactivación de himnos como “Dynamite” o “Butter”.
En este contexto, su parada en España (26 y 27 de junio en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid) adquiere un peso específico. No solo por la fidelidad de su base de fans –el omnipresente ARMY– sino porque supone la inserción definitiva del grupo en el circuito europeo de macroeventos pop, un territorio donde el K-pop aún se mueve entre lo excepcional y lo emergente. La doble cita española viene a confirmar que BTS no “visita” Europa, sino que la incorpora a su mapa estructural.
¿Qué se espera de esta gira? La producción –con estándares cercanos a los del halftime de la Super Bowl– apunta a una ambición casi totalizante: integrar música, narrativa visual y escenografía en una experiencia inmersiva. Pero lo verdaderamente interesante es cómo ese despliegue dialoga con el concepto de Arirang: tradición y modernidad, identidad local y circulación global, espectáculo masivo y conexión íntima. Su regreso no es un simple comeback: es una renegociación de su propio mito. Y, como todo mito en expansión, aún está lejos de estabilizarse.
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