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Baiuca y los embrujos de la folktrónica galaica

Música de raíz que te atrapará

Si hay una revolución inesperada en estos últimos años, esta ha sido la reforestación folclórica llevada a cabo en la zona norte peninsular, con Galicia como mayor exponente de una corriente en la que Baiuca se ha convertido en abanderado y "Embruxo" (raso.,2021), su último LP, en piedra de Rosetta de un concepto a seguir. 

Para entender las causas de este renacimiento, eminentemente electrónico, hay que escuchar a Xandre Outeiro, líder de Projecto [‘Trepia], grupo precursor, entre 2008 y 2012, de una mentalidad a contracorriente, cuyo manifiesto se ha extendido a otros proyectos tan interesantes como Ulobit, crnds, Néboa, MounQup, Koroiev, Teresa Ferreiro, Laura LaMontagne & PicoAmperio o el propio Baiuca: “Cuando comenzó Projecto [‘Trepia], la intención era clara: proponer un nuevo lenguaje, totalmente libre de los estereotipos folclóricos y neoceltas que lo impregnaban todo: contra compases compuestos y ritmos amalgamados, fórmulas rítmicas sencillas y tranquilas extraídas directamente de la tradición; ante armonías complejas, soluciones más orgánicas y heterofónicas; frente al celtismo, la recuperación de líneas melódicas inspiradas en el repertorio medieval; delante de la gaita, zanfona; frente a voces blancas, panderetas desgarradas...”.

Pero ¿qué hay de esta perspectiva en Baiuca? Tal como explica el músico que se esconde tras este alias, Álex Guillán: “Un objetivo que tenía antes de empezar con Baiuca era romper con la interpretación de la tradición y de la cultura que se estaba haciendo por la vía folk del mundo celta, de esta interpretación que se hace con Bretaña, con Escocia, porque, realmente, el primer proyecto que sale de ahí, Milladoiro, empieza a publicar discos en los años 70. Carlos Núñez aparece en los 90, haciendo una evolución de Milladoiro, y llegamos casi a la actualidad con un estilo de música que sigue casi igual. Entonces, yo parto de reinterpretar la tradición desde un punto diferente. Lógicamente, hay referencias que aparecen, pero nada que ver. De hecho, lo del celtismo me interesa más desde un plano cultural que musical

A partir de esta base de acción, se extienden diferentes vías y conexiones con otras formas de música tradicional, como la recogida en álbumes como “Embruxo”: “En este disco hay un concepto de ‘embruxo’ y misticismo que va en dirección al mundo celta y europeo, y hay una parte de sonido, sobre todo con la participación de Lilaina y las percusiones, que se centra más en el mundo africano; sobre todo del norte, en el Magreb, que siento que tiene conexiones con la música gallega. En este caso, cada día me siento más lejos de Latinoamérica. Considero que el norte de África es el referente y que el concepto proviene de Europa”, explica Álex.

Electrónica y trance. A través de esta línea de acción, “Embruxo” invoca un hechizo repleto de aristas oscuras, como las leyendas negras de la Galicia de A Santa Compaña. Pero ¿por qué una Galicia más enigmática? “En este álbum, lo primero que planteo es la utilización de percusiones tradicionales, sobre todo de pandeiros, de tamboriles y todas estas cosas, que me llevan un poco adonde quiero ir. Está claro que el disco anterior –“Solpor” (raso., 2018)– era un manifiesto: mezclar electrónica con música tradicional y popular sin pretensiones de encontrar un sonido determinado. En este último disco, ya me centro en un tipo de sonido concreto. Nos metemos en el estudio a grabar percusiones, voces. Hay mucha más homogeneidad. También cuando empiezo a ver esos ritmos y a tener en la cabeza el concepto del misticismo gallego, me suena con ese sonido más oscuro, debido al timbre que generaban las percusiones y por el tipo de letras. Al final, todo se centra casi en crear un ‘embrujo’ a la hora de escucharlo. Eso era lo que sentía cuando lo estaba componiendo: entrar en el trance que me proponía”.

Separados apenas por unos kilómetros, Rodrigo Cuevas se ha convertido en el equivalente asturiano de Baiuca: otro azotador de la tradición, donde respeto y cuestionar la evolución folclórica en la era pop van de la mano. Precisamente, el guaje es uno de los invitados de “Embruxo”; participa en “Veleno”, uno de los singles de presentación del álbum. Como reconoce Álex: “Me gusta trabajar con gente cercana, con la que me siento conectado también a nivel personal. No me gusta buscar el ‘hype’. Con Lilaina, se trata de ayudar a dar a conocer proyectos que aún no están en el radar de mucha gente; y en el caso de Rodrigo, me motiva trabajar con alguien que está cultivando algo paralelo a lo que yo hago. Sobre todo, creo que es un buen momento para las músicas del norte. Porque, al final, hablar de flamenco, a día de hoy, no sorprende a nadie y creo que durante décadas fue una música que estuvo presente en muchos estilos diferentes, con una evolución que no tienen las músicas del norte, que son las que ahora precisamente más están evolucionando. Creo que en el sur no hay tanto por descubrir como en el norte; en este caso, Rodrigo es un ejemplo claro: cómo desde Asturias consigue tejer relaciones con Galicia o León, y la manera en que tiene de desarrollar ese vínculo”.


En este sentido, esta corriente, conceptualizada por Projecto [‘Trepia], también surge como reacción a la mayor atención que siempre ha tenido la música de raíz proveniente del sur de España, que ahora ha encontrado en la figura de Baiuca el símbolo de una metodología que, desde precursores del ambient folclórico como Alexandre Villalba al actual crnds, cuenta con una progresiva línea evolutiva en crecimiento.

Me resulta enriquecedor considerar que lo que estoy haciendo ayuda a que mucha gente se aferre a su tradición, a su cultura, sin los prejuicios que había anteriormente, como esto que leí en algún lado de que, ahora, la muiñeira mola”, me comenta Álex Guillán. “Músicas que antes no estaban valoradas, también porque no había proyectos ni conexiones con las que las nuevas generaciones se sintieran identificadas. Estamos en un momento muy bueno. Veo conexiones en Valencia, en Aragón. Hay un sello, Samain Records, que me mola mucho, porque recopila la música de productores de la Península, centrándose en la electrónica y la música popular de una manera similar a como lo estoy haciendo yo. Pero también me gusta ver que hay proyectos más cercanos al pop, a otras músicas que se adentran en este estilo. Creo que es lo que al final te ayuda a diferenciarte de los demás. Si haces determinados estilos, eres uno más en el mundo, pero si eres de un lugar concreto y estás inspirado por la música más cercana, vas a hacer algo diferente a los demás”.


De Koroiev a crnds, Gallaecia, siglo XXI

Nacido en 1982, el músico y educador Roberto Casteleiro responde a la figura inquieta por abrirse camino continuamente. Solo así es posible llevar a cabo proyectos tan personales como Federico Fiesta, Korokati o Fagot & Popota. Sin embargo, ha sido con Koroiev donde ha cosechado sus logros más interesantes. Bajo esta personalidad, nos transporta por los rincones y explosiones físicas de la agreste naturaleza gallega de bosques y montañas bajo el amanecer, inspirada en la kosmische alemana patentada por gurús preambient como Klaus Schulze y Popol Vuh. Su “Valverde” (Ferror, 2019) recuerda a las aventuras espaciales de las novelas de Stanislaw Lem; personajes perdidos en un planeta llamado Galicia, que no entraba en sus coordenadas, donde la mutación de los patrones habituales se remonta a 2014. “Recuerdo haberme comprado un laúd de segunda mano, tenía pasión por la música modal y pensé que necesitaba incorporar nuevos sonidos”, recuerda Roberto. “De hecho, fue fundamental: muchas líneas melódicas del sintetizador llegaron tocando el laúd. En 2016, comencé a ir a clases de pandereta y eso me dio los conocimientos para terminar las partes de ‘Valverde’ que me pedían acercarme a nuestra percusión. El proceso fue largo, en el camino fui aprendiendo los elementos que conforman gran parte del eje de la obra”.

Si Koroiev representa la verbalización de un what if? en torno a imaginar una suerte de “Galicia berlinesa” de los años 70, crnds formaliza la constitución de un puente directo con los grandes agitadores de los preceptos matemáticos de la música electrónica actual, de Arca a Oneohtrix Point Never, que el productor coruñés Alberto Cernadas ha construido en una de las demostraciones más intuitivas que se recuerdan del lema “raíces y cables”, patentado por el periodista Luis Lles en su festival Periferias. Su primer LP, “Cernadas” (Autoeditado, 2021), no solo lo ha erigido en una de las propuestas con más potencial de cara al futuro, sino también en uno de sus exportadores más sorprendentes, como quedó demostrado en su actuación de la reciente edición de MUTEK.

De sintetizadores medievales y nuevos códigos binarios

Una de las características más representativas de esta corriente es la voluntad por investigar con instrumentos ancestrales como el carnyx, que Abraham Cupeiro utiliza para inventar el ambient celta, como demuestra su brillante score del filme “María Solinha” (Ignacio Vilar, 2020) o de futurizar instrumentos clásicos como la zanfoña, al que el grupo Ulobit dio nueva vida en sus indagaciones sonoras. Así es como Ariel Ninas (zanfona electroacústica), Horacio González (vídeo) y Xoán-Xil López (electrónica) dieron forma a Vikingland(Audioatalaia, 2016), obra en la que Ariel explica sus ambiciones a través de la misma conformación del grupo: El trabajo de Ulobit se basa en la confluencia de dos ámbitos dentro de la creación musical: electrónica y experimentación sonora con instrumentos tradicionales, en particular la zanfona, que por su carácter acústico está orgánicamente muy relacionada con algunas prácticas de la música contemporánea como el drone y la síntesis auditiva. Este eje se completa con el procesamiento de vídeo en tiempo real, cerrando un triángulo que busca experiencias inmersivas en diálogo con el imaginario audiovisual gallego”.

De Mercedes Peón a MounQup, ampliando el espectro

Más allá de la recreación astral de la mística gallega, en la segunda década de los 2000 también florece una senda tribal representada con toda su fuerza en los experimentos industriales de Mercedes Peón en “Deixaas” (Altafonte, 2018), su disco más contundente, a todos los niveles. El temblor salvaje de la tierra en constante movimiento es el sentimiento que también emana de las canciones de MounQup, de nombre Camille Hedouin, música francesa que lleva desde 2011 instalada en Galicia por la reconstrucción del pueblo de Saumede, en Ourense. Su fama la ha llevado a ser considerada a menudo como la Björk de la Galicia rural, pero MounQup tiene sus propios códigos creativos, ejemplificados en la investigación dentro de las conexiones que surgen entre la morfología impredecible de la matemática rítmica africana y la libertad invocada desde el alma verde norteña, que remite a la Galicia de la montaña, las fraguas salvajes y las olas del mar rompiendo contra las rocas. La fuerza de la naturaleza emite códigos binarios sin patrón, más cercanos al impulso libre y salvaje de los exploradores cibernéticos del sonido como representación de los elementos de la tierra, tal que Chancha Via Circuito o Kaytlin Aurelia Smith, que como un reciclaje nativo de fuentes electrónicas masivas.

Más allá de estos artistas, el radio de acción también cubre nuevos valores que, seguro, darán mucho de qué hablar en el futuro. Los más sorprendentes son Laura LaMontagne & PicoAmperio, alquimistas de la hibridación intertextual de bases hip hop, cantigas medievales y un rango ultracromático de texturas y voces mercuriales en loop. Su redimensión tecnológica de la tradición ya ha alunizado en lugares como BAM (Barcelona) y el MUBEA (Granada), donde compartieron cartel con Califato ¾ y Soleá Morente, voces centrales de la multidiversidad estilística canalizada en torno al flamenco. Norte y Sur, dos formas de entender los orígenes que, por primera vez, confluyen en un mismo grado de evolución y reconocimiento.

Cinco visiones folktrónicas

PROJECTO [‘TREPIA] 

“Projecto [‘Trepia]” 

(A Regueifa, 2008)

El único álbum de Projecto [‘Trepia] incide en su percepción tridimensional del folclore, como un cruce entre Philip K. Dick y Emilio Cao. De esta fusión imposible se abren las puertas de una arcadia gallega, en la que el retrofuturismo es el sanctasanctórum de una comunión entre tiempos pasados ​​y otros futuros aún por venir. Dicho sentimiento queda plasmado desde “Roseira” hasta “A máquina de meter medo”, que dan forma a su metodología instrumental, donde el pulso indígena casa con zanfonas y la troula apegada a la tierra brota de panderetas, sachos, bajos eléctricos, cajas de pimienta y gaitas modificadas. Desde el aire indio de “PontePedra” las ventanas se abren a todo tipo de vientos transoceánicos. Anatomía de lo local como máxima expresión de universalidad.

ULOBIT 

“Vikingland”

(Audioatalaia, 2016)

Este álbum está basado en material grabado en formato Hi8 casero en los años 90 por O Haia (La Haya), un marinero gallego que trabajaba a bordo del Vikingland, un barco que hacía la ruta habitual en el Mar del Norte entre la isla de Rømø (Dinamarca) y la isla de Sylt (Alemania). “Sylt” es precisamente la primera parada de este LP, que muestra las enseñanzas de alquimistas ambient como Brian Eno y el austríaco Fennesz mediante grabaciones de campo y ruido que buscan toda clase de loops hipnóticos. En otros momentos, como “O Haia”, realizan una representación microhouse de su discurso, sin precedentes, que establece un diálogo sónico con la escuela fílmica soviética que sirve como vínculo directo con el trabajo realizado por el arquitecto de pulsión industrial vigués Xoan Anleo.

MounQup  

“Castro Verdi”

(Molho, 2018)

De Björk a Lali Puna, el segundo LP de Camille Hedouin parte de la idea de formalizar una pangaea musical en la que la pulsión digital percusiva germina en estallidos tribales, y sus acercamientos al pop siempre parten de una condición sísmica de la percepción de su violento entorno climático y geográfico. Un trabajo cantado en inglés, francés y gallego que funde límites referenciales en torno a un pálpito donde trip-hop, electro-punk y acervo galaico se mezclan continuamente a través de un discurso forjado sobre lo que la propia Camille predica: “Me inspiré en lo que vivo, siento y pienso, que es criar a mi hija, estar aislada en el campo y no tener compañeros, querer seguir mi ética, mi estilo de vida, criticar mucho las consecuencias del neoliberalismo y el patriarcado”.

crnds 

“Cernadas”

(Autoeditado, 2021)

El primer álbum de crnds son 21 minutos encapsulados en nueve requiebros antárticos de la rítmica tradicional gallega y su mística oscura. De la reformulación 2.0 de la copla al latido industrial de Ben Frost, durante este trayecto brotan flores extrañas, cultivadas en un jardín cibernético donde todo suena ultraorgánico y cortante. Matemáticas de una visión donde lo tribal no tiene sentido sin la lógica cubista de Oneohtrix Point Never, ni el folclore sin el espectro ambient de los pioneros bávaros. Extremos de alta tensión donde caben ecos de Burial, en “Plor”, y un uso vibrante del Auto-Tune como detonante tecnológico del canto popular. Sin duda, una sorpresa inesperada y reveladora del alto grado de investigación abierto en torno a la materia prima folclórica.

BAIUCA 

“Embruxo”

(raso., 2021)

Tras haber roto la baraja con “Solpor” (raso., 2018) y el EP “Misturas” (raso., 2019), abonando el camino cultivado por un conjunto de artistas que perdieron el miedo a expresarse con la música de sus ancestros, llega “Embruxo”, donde la conexión africano-galaica se hace más evidente que nunca. Desde la sutileza de un esqueleto instrumental de poderosa condición mística al visceral tono agudo del grupo de cantantes Lilaina, Baiuca ha recreado su universo musical desde las sombras de las leyendas gallegas: de las meigas a la Santa Compaña, de Milladoiro a Golpes Bajos. Todo se cuece desde los fogones de un tratado fundamental, donde incluso es capaz de recrear, en “Luar”, cómo sonaría Aphex Twin de haber nacido en Catoira. Este es, sin duda, el disco esperado para expandir la senda labrada por el propio Baiuca hace tres años.


Informe por Marcos Gendre | Foto Baiuca: Elisabet Encina | Foto crnds: Aida Cuevas | Foto Ulobit: Horacio G.D.


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