Slowdive

Entrevista a Slowdive

“No sabemos por qué gustamos a los jóvenes; quizá sea algo de TikTok”

Por Juan Manuel Freire

Algunos grupos míticos resucitan, muchos años después de decir adiós, convertidos en forzados o esforzados facsímiles de sí mismos, casi en sus propias bandas de tributo. Y luego está el caso (más raro) de Slowdive, que casi dos décadas después de su disolución resurgieron como si hubieran pasado unos días. Primero estuvieron los directos, una sesión de autohomenajes propiciada por una oferta irrechazable del Primavera Sound. Imborrable aquella actuación del viernes 30 de mayo de 2014, para la que se abrió el cielo tras una tromba más doom metal que shoegazing.

Y después, en un giro aún más sorprendente, estuvo “Slowdive” (Dead Oceans, 2017), su primer disco desde los días de “Pygmalion” (Creation, 1995), en el que no se rendían en la búsqueda de nuevos clásicos a la altura de “Alison” o “When The Sun Hits” y los encontraban a la altura de “Don’t Know Why”, “Sugar For The Pill” y “No Longer Making Time”, entre otros. Así se hacen las cosas: haciéndolas no por hacer, sino porque necesitas hacerlas; con esmero y la determinación de ser una fuerza positiva en el mundo.


Sin prisa, podríamos añadir. Porque seis años se ha tomado Slowdive en ratificar su lozanía creativa con “everything is alive” (Dead Oceans-Popstock!, 2023), algo así como el “Pygmalion” de su nueva época: más electrónico y experimental que el anterior. Neil Halstead (cantante, guitarrista y letrista principal de Slowdive) lo había concebido como un giro todavía más radical hacia los sintetizadores, pero las opiniones y contribuciones del resto de la banda acabaron llevándolo a terrenos más abiertos, a una geografía musical en la que caben desde instrumentales con aire de banda sonora a la, quizá, canción más pop de Slowdive hasta hoy.

A nivel de humor, “everything is alive” tiene, a pesar de su título, aromas de funeral: está dedicado a la madre de Rachel Goswell (vocalista y guitarrista) y al padre de Simon Scott (batería), ambos fallecidos en 2020. Según nos explica el guitarrista Christian Savill –Nick Chaplin completa la formación al bajo– en esta extensa entrevista, hubo también rupturas sentimentales mientras se preparaba el disco. Pero no querían hacer una música solo triste, sino también esperanzada, de aquella que te reconcilia con el mundo en lugar de aislarte más y más en una burbuja de (bella, como la de Slowdive, o nada bella) amargura.

Hay muchas bandas que se reúnen y sacan discos que casi parecen un mero trámite para justificar una nueva gira basada, en realidad, en los éxitos de siempre. Me parece que este no es el caso de Slowdive en absoluto. Vuestro disco de 2017 sublimaba las virtudes del grupo y “everything is alive” es claramente una obra de búsqueda. Se nota que seguís buscando escalofríos.

Sí, desde luego. Si no nos entusiasmara realmente la idea de hacer un disco, nunca nos pondríamos a hacerlo. Y tampoco lo haríamos si no creyéramos que vamos a poder encontrar algo nuevo en nuestro sonido. Siempre seremos Slowdive, pero se trata de explorar algún lugar inesperado. Por eso en este álbum hay más sintetizadores, algo que siempre ha interesado a Simon, pero en lo que últimamente se ha metido mucho Neil también. Yo mismo, de hecho, fui fan de la electrónica antes que de las guitarras, allá por los primeros ochenta. Escuchaba obsesivamente a Kraftwerk. Pero por aquel entonces era más fácil hacerse con una guitarra que con un sintetizador.

Según habéis contado, esto empezó como “un disco electrónico minimalista” y algo de eso ha quedado; el repertorio está recorrido por sintetizadores pulsátiles muy propios de los ochenta e incluye alguna que otra escapada kosmische. ¿Puedes contarnos un poco más de esa idea inicial promovida por Neil?

Neil siempre está haciendo cosas, componiendo temas, probando sonidos. Y después de tomarnos un respiro, tras girar con el anterior disco, empezamos a hablar de lo bien que estaría hacer el siguiente. Neil jugaba con la idea de no componer necesariamente con la guitarra. Quería divertirse con sintetizadores. Nos envió un puñado de canciones, alrededor de cuarenta, y nosotros debíamos decidir cuáles nos venían bien; cuáles nos gustaban y podían ser verdaderas canciones de Slowdive. Ahí empezó a transformarse todo, pero si Neil no se hubiera parado a pedirnos la opinión, habría sido realmente un disco electrónico minimalista.

¿Dirías que el salto entre “Slowdive” y “everything is alive” es similar al que efectuasteis entre “Souvlaki”, de 1992, y el más experimental-ambient “Pygmalion”?

Es una comparación bastante acertada. Desde luego, “everything is alive” es un poco más experimental. Y eso es algo que nos atrae. Toda esa parte sintética forma parte de nosotros, de nuestros gustos. Para mí es una faceta más de la banda. No queremos hacer todo el tiempo la misma clase de temas ni seguir una fórmula.


Halstead explica en la nota de prensa que cada miembro del grupo viene “de una dirección ligeramente diferente, y que las mejores partes surgen cuando todos coincidís en un punto medio”. ¿De qué dirección vienes tú? ¿Cómo describirías tu aportación a la banda?

Es una buena pregunta (ríe). A veces, algo pasa cuando los cinco nos unimos. A veces, no siempre, algo pasa. Y eso es lo más emocionante de estar un grupo, ese instante en que todo hace clic. Neil puede estar tocando una línea de bajo particular; o, no sé, quizá Simon ha traído alguna idea propia brillante, puede que de sintetizador, o Rachel toca algo en el teclado… Y en ese instante todo encaja. Diría que, sobre todo, aporto cosas en el apartado melódico.

El álbum está dedicado a la madre de Rachel y al padre de Simon, ambos fallecidos en 2020. ¿Cómo dirías que impactó esta pérdida en vuestras dinámicas internas o el sonido de la banda?

Bueno, es algo que estaba siempre ahí cuando nos reuníamos. Sabías que estaban de luto. Creo que a Rachel y Simon les vino bien poder pasar por ello juntos. Aunque no todos estuviéramos en la misma situación, es algo que, obviamente, afectó bastante al humor general del grupo. No sabría decir cómo afectó al sonido o el estilo. Por entonces estaban pasando muchas otras cosas tristes en nuestras vidas, como el COVID o algunas rupturas, pero también cosas felices. Y creo que todo se refleja en el resultado final.

En contraste con “Slowdive”, el álbum se caracteriza por una importante contención en muchos de sus tramos, sobre todo al principio, curiosamente. Me parece un álbum mucho más introspectivo, menos fácil de imaginar como repertorio de festivales. No sé si opinas igual.

Creo que sí, estoy de acuerdo. Para mí tiene más aires de banda sonora, en cierto modo. Quizá sea un disco más emotivo también. No sé muy bien el motivo; simplemente salió así.

En cuanto a ese aspecto de banda sonora imaginaria, es curioso que incluyáis un largo instrumental, “prayer remembered”, como segundo corte, en lugar de como intro u outro. Suena a declaración de intenciones. ¿Puedes explicarlo? Es bastante atrevido.

Ese tema debe ser mi favorito del disco. Como decía antes, hay momentos en que, como banda, todo funciona. Y no sé si son cosas que el resto de la gente perciba, pero desde luego a nivel personal es algo que se siente. Y te dices a ti mismo: “Oh, Dios mío, ha sido tan bonito tocar esto”. Pues esto pasó con esa canción, grabada muy rápidamente. Y al contrario que con otras, en cuanto la grabamos nos dijimos que ya estaba, que no había nada más que hacer con ella. Otras han tenido varias vidas y han llevado mucho trabajo. No es que esta no llevara ningún esfuerzo, pero salió casi sin él. Era un buen reflejo del conjunto del álbum; por eso quisimos que sonara tan pronto en el tracklist. De algún modo, servía para avisar a la gente de que este disco no iba a ser todo como “When The Sun Hits” elevado a la décima potencia (risas).

Algunas canciones tienen un aire casi litúrgico, como la maravillosa “andalucia plays”.

Ese tema está directamente influido por John Cale y su clásico “Andalucia” (de “Paris 1919”, de 1973). Es el reflejo de un momento íntimo en la vida de Neil. Tan íntimo que Rachel no sabía si debía cantar en ella, pero Neil quiso que lo hiciera. No es habitual que podamos señalar una canción o un disco como referencia. Somos cinco en el grupo y, aunque tenemos lazos comunes, todos tenemos nuestras filias puramente personales. En realidad, ya no hablamos de otros músicos cuando hacemos música. Lo podíamos hacer en los primeros días, pero ahora no es así. Nunca decimos “ojalá esto pudiera sonar como esto otro”. Simplemente nos ponemos a tocar e intentamos sonar bien y no estropear la idea original de Neil.


“kisses” es uno de los temas más pop que hayáis grabado nunca; quizá el más pop, de hecho. A mí me suena un poco a los New Order de la época “Republic”, de 1993, quizá con un sonido aún más ensoñador, pero sí. ¿Qué puedes contarnos de él?

Algo puede haber de New Order, sí. Esa es una de las canciones que ha tenido muchas, muchas vidas. Probablemente la grabamos… no sé, muchas veces. Neil trajo la canción y nos encantó, era pegadiza. Nos gustan las canciones puramente pop. Era divertido tocarla. Por un momento casi nos decantamos por una versión que no tenía ninguna guitarra. Era como si la tocaran Kraftwerk y era muy, muy guay. Al final decidimos ir por algo que pudiéramos tocar en directo de algún modo. Porque no sabíamos cómo íbamos a trasladar la versión Kraftwerk al directo. Pero ojalá la acabemos publicando en algún momento.

Curiosamente, el disco va de menos a más agresivo y acaba en plan musculoso con “the slab”. ¿Es esta canción una especie de llamada final a la esperanza, a la resiliencia, a la determinación ante la adversidad?

¡No lo sé! Desde luego, tiene un sonido más duro. Puede que sí quisiéramos acabar con un espíritu de esperanza y de decir “no dejes que los bastardos te hagan polvo”; esa clase de mensaje. Estoy tratando de encontrar las palabras… Esperanza… Un poco resiliencia… Sí, creo que es eso.


Ahora toca una pregunta un poco nerd, pero creo que está bien conocer las herramientas con las que trabajan los músicos. Demasiado poco preguntamos sobre ellas.

Oh, Dios mío.

¿Cómo ha evolucionado tu equipo a lo largo de los años? ¿Has sumado algo nuevo a tu arsenal en los últimos tiempos?

Tenemos una mezcla extraña de cosas que hemos usado siempre y cosas más nuevas. Por ejemplo, Neil sigue usando los mismos amplificadores Roland JC-120 que compró allá por 1990. Yo sigo usando la misma guitarra que compré en 1987, una Fender Strat japonesa. Mi padre me prestó el dinero y después tuve que trabajar en McDonald’s todo un verano para pagarle de vuelta. En cuanto a pedales, tenemos muchísimos, viejos y nuevos. A veces se me acercan chavales después de los conciertos para preguntarme sobre ellos y se quedan chafados porque no sé explicarles nada. Simplemente los pillamos, trasteamos con ellos… No leemos los manuales. Probablemente los estemos desaprovechando por completo.

¿Os sorprende que vayan chavales a vuestros conciertos, no solo maduritos nostálgicos?

La verdad es que sí. Cuando nos reunimos por primera vez, en 2014, no sabíamos quién vendría a vernos. ¿Iba a ser solo gente de nuestra edad, que nos recuerda? Ahora vemos el panorama en nuestros conciertos y es gente realmente joven. Mi hija tiene casi 17 y un día vino y me dijo: “Papá, a la gente de la escuela le gusta tu grupo. Es embarazoso”. No sabemos por qué sucede. Nos gusta. Quizá tenga algo que ver con TikTok, no tengo ni idea.

¿Algún corte de Slowdive se ha viralizado en TikTok?

No lo sé, pero mis hijos me han dicho que hay bastante Slowdive en TikTok. No tenemos TikTok como grupo. Creíamos que sería un poco absurdo meternos ahí. Es mejor hacer nuestra historia, sin más. Y si la gente se acerca, pues estupendo, pero si no, tampoco pasa nada.

Es fácil dar con vuestra influencia en nuevos grupos. Por ejemplo Soccer Mommy versiona “Dagger” en el nuevo EP “Karaoke Night” (2023). ¿Tú también percibes esa influencia en las jóvenes generaciones?

Sí, creo que sí. No diría que voy buscándola, pero de vez en cuando oigo algo que me hace pensar que tal o cual grupo ha estado escuchándonos. Intento que no se me suba a la cabeza. Hace poco hemos estado tocando en Australia y teníamos a grupos locales como teloneros. Se acercaban a nosotros entusiasmados. Es algo que me vuela la cabeza; al fin y al cabo, esta gente ni siquiera había nacido cuando sacamos nuestros primeros discos. Y nos encontró a pesar de todo. Pero tiene todo el sentido del mundo: nosotros mismos, cuando empezamos, también teníamos pasión por bandas antiguas. Es bonito que los chavales sigan escuchando cosas de los sesenta, los setenta o los noventa.

En los noventa, el shoegazing llegó a ser ridiculizado por la prensa musical británica. Ahora es un subgénero vigente y adorado y cultivado por nuevas generaciones. ¿Quien ríe el último, ríe mejor?

En un principio nos beneficiamos de la prensa musical británica. Su trabajo era encontrar nuevos grupos, hacerlos interesantes y que la gente tuviera ganas de seguir comprando los semanarios. Pero creaban escenas para después destruirlas y crear otras nuevas. En su momento no fue algo especialmente agradable. Si esa prensa echara ahora la vista atrás se daría cuenta de lo machista que era, de su forma chulesca de atacar a las bandas. Lo que era guay de las bandas alrededor del shoegazing era su inclusividad. Había muchas chicas en los grupos. No había poses de macho ni nada así. Y, en cierto modo, se atacaba a esos grupos precisamente por eso.

¿Tratas de estar al día en cuanto a nuevas bandas shoegazing?

No las busco deliberadamente. Simon está mucho más metido en ello porque masteriza a muchas de ellas (por ejemplo Sun Shines Cold, Under The Sun, Deary, Slow Salvation, Lost Echoes). Suele enviarme cosas para que escuche. Parece haber una escena vibrante. Y lo que más me gusta es cuando estos grupos cogen las influencias clásicas del shoegazing, pero hacen algo nuevo con ellas. Eso me gusta. Prefiero eso al mero pastiche. Aunque esto último tampoco es nada malo; a los grupos les lleva un tiempo encontrar su verdadera identidad. No es algo que pase de la noche a la mañana. A nosotros mismos nos pasó: hasta que no empezamos a dar con nuestro propio sonido éramos básicamente una copia de My Bloody Valentine.

¿Qué opinas de Beach House?

Me encantan, son increíbles. Mi hija es una gran fan de Beach House. También estoy metido en College ahora mismo, aunque son más synth que shoegazing. Creo que llego un poco tarde al asunto, pero estoy bastante enganchado a todos esos artistas que suenan un poco a banda sonora de “Drive” (se refiere a la película de Nicolas Winding Refn).

¿Cuándo pensáis volver a España para dar conciertos?

Con suerte, el próximo febrero. Estamos tratando de arreglarlo ahora mismo. Siempre nos gusta tocar en España. Hemos tenido la suerte de tocar varias veces en el Primavera Sound y siempre ha sido una experiencia increíble. Si hacemos una gira europea no podemos dejar fuera a España, porque es un gran lugar donde tocar y donde pasar un poco de tiempo. ¡Ah!, y felicidades por esa victoria en el Mundial de fútbol femenino. A la vez que estábamos tristes por la selección inglesa, nos alegramos por la española. Hicieron un gran, gran trabajo.


Entrevista por Juan Manuel Freire || Foto: Ingrid Pop

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